Donde O’Connor se cruza con O’Connor

Esta curiosidad forma parte de la cotidianeidad de la ciudad. Es casi imposible rastrear a quién se le ocurrió que las calles se cruzaran, pero sí se puede saber quién fue cada uno.



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No es un error. Son dos calles con un mismo apellido que han confundido a más de un visitante de la ciudad.

Uno era irlandés (había nacido en Carrickon-Shannon en 1863) y el otro, argentino (Mercedes, provincia de Buenos Aires, 1858). Los dos llegaron alguna vez hasta la costa del lago Nahuel Huapi y aunque hoy están muy cerca, es incierto que se hayan conocido. Comparten no sólo su amor por Bariloche, sino además una esquina, la de O’Connor y O’Connor.

Esta curiosidad forma parte de la cotidianeidad de la ciudad y las confusiones que pudiera despertar la coincidencia de la encrucijada, quedan resueltas, como en muchos otros casos, por el contexto, pero también porque uno de los dos O’Connor fue vicealmirante de la Armada argentina.

Una corre de manera paralela a la costa del lago y la otra nace en el Alto, desde donde baja entrecortada hasta enderezar, en la calle La Paz, su rumbo hacia la Costanera.

En esa esquina funciona el salón de cobranzas de la CEB, una panadería, un negocio de venta de autos y la hostería El Ñire, un emprendimiento familiar que lleva tres generaciones. Es casi imposible rastrear a quién se le ocurrió que las calles se cruzaran, pero sí se puede saber quién fue cada uno.

El médico

John era médico. Hizo su residencia en el Royal Free Hospital de Portsmouth pero hacia 1890 fue contratado por la Compañía Minera San Luis, cuya quiebra marcó el desembarco del joven cirujano en Buenos Aires. En Hospital Británico alcanzó enorme prestigio.

Lo que unió a John con Bariloche fue el magnético atractivo de las bellezas de la zona. Fue veraneante asiduo e ilustre y, cuando se abrió el Hospital Regional en Mitre y Onelli, colaboraba en la atención de pacientes mientras varaneaba.

Llegó incluso a comprar una parte de la península de Quetrihué, en la margen norte del lago, donde hoy existe Villa La Angostura.

El marino

Eduardo, el Vicealmirante O’Connor de la calle, era argentino pero hizo su paso por la Marina francesa. A su regreso a Buenos Aires, se sumó a la campaña hacia el sur.

La historia lo recuerda como el primer marino que navegó el río Limay en su ingreso al Nahuel Huapi, una misión que hizo a bordo de una embarcación a la que bautizó Modesta Victoria, como homenaje a su novia Modesta y por el éxito de la expedición fluvial.

Le atribuyen además el bautismo como tal de la isla Victoria. Su ímpetu expedicionario lo terminó llevando hasta Tierra del Fuego.


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