Ecología y economía
LUIS FELIPE SAPAG (*)
Las cuestiones relacionadas con las dos disciplinas de referencia son motivo de enconados debates sociopolíticos, en los que, generalmente, se reflejan intereses encontrados: mientras los principales agentes económicos pugnan por el crecimiento y el uso intensivo de los recursos naturales, los defensores del medioambiente alertan contra los excesos antropogénicos sobre la biósfera y su base geológica. Curiosamente, comparten la etimología de sus nombres y no pocas fuentes epistemológicas. Ambas derivan de la palabra griega oikos, que significa “casa”. Mientras la primera se ocupa del estudio (logos) de la salud de los organismos y sustancias que viven y fluyen dentro del hogar (la casa de la familia y el contexto ambiental de la sociedad), la segunda se ocupa de su regulación y administración (nomos). Parecería lógicamente incuestionable que todo lo prescripto por el nomos debiera apoyarse en lo que se conoce por el logos; sin embargo, merced a las artificiales especializaciones y fragmentaciones disciplinarias que ha impuesto la ortodoxia académica, ello no ocurre. Por una parte, los avances en los programas de investigaciones medioambientales muestran que la humanidad debe mejorar (en algunos casos, desechar) sus procedimientos para extraer y utilizar recursos de la biósfera, so pena de agotamiento o deterioro irreversible; no obstante, en sus hipótesis y conclusiones raramente se postulan soluciones económicas viables, pues el nomos no figura entre sus referencias. Inversamente, la mayoría de los economistas de todas las escuelas (no sólo el mainstream neoliberal, sino también las variantes del keynesianismo, el desarrollismo y el socialismo) toma a las variables contextuales (ya sean sociales o ecológicas) como “externalidades”, cual cuestiones de menor importancia, las que, en última instancia, se salvan al otorgárseles un lugar en el listados de los costos de cada proyecto. Afortunadamente, en las últimas décadas comenzaron a surgir otras voces académicas y políticas que pugnan por colocar al ser humano y sus redes y comunidades en el centro de las preocupaciones, consolidándose –inter y transdisciplinas que unen logos y nomos– como economía antropológica, sociología económica y economía ambiental. En su desarrollo y en la incorporación al lenguaje y a las culturas políticas reside la esperanza de superar las crisis humanitarias de desigualdades de ingresos y de emergencias ecológicas. En el éxito de la cada vez más extendida Economía Social (o colaborativa, escrita con mayúsculas para diferenciarla de la economía “egoísta”) reside el futuro de la humanidad, entendida aquélla como el conjunto de actividades productivas, sustentables e inclusivas, realizadas a través de redes sociales, cuyos intereses no se limitan a la ganancia empresaria, sino al desarrollo cultural, educativo y de salud de personas, familias y comunidades. Pero todavía (¿por cuánto tiempo?) los logos fragmentarios prevalecerán en las estrategias políticas y los debates. Los poderes concentrados dominan las posiciones ultraextractivistas y no dudan en destruir ecosistemas y avasallar pueblos preexistentes; apenas se detienen para evaluarlos como “amenazas” o “debilidades”. A la par, las minorías intensas más visibles rechazan toda actividad minera y la necesidad del desarrollo socioeconómico mismo. Los primeros ignoran el oikos, los segundos lo confunden con la naturaleza (el hogar nunca fue naturaleza, ni aun en las tribus originarias, sino naturaleza siempre transformada tecnológicamente); ambos atentan contra la sustentabilidad de las sociedades. Los ultraecologistas tienen la virtud de imponer los temas ambientales en los debates, pero su cerrada negativa al desarrollo y sus metodologías microsociales (elitismo, “foquismo” o minimalismo, reluctancia a las alianzas políticas) los convierten en funcionales a la conservación de las relaciones de poder económico. Corolario: sin nomos (tecnología y economía) no hay logos (coordinación y salud en la casa). La única alternativa es explorar y explotar las ciencias del oikos-nomo-logos. (*) Ingeniero y doctor en Ciencias Sociales
LUIS FELIPE SAPAG (*)
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