Estanflación, la palabra de la que ya hablan los economistas

El cierre de fábrica de neumáticos Fate puso a la vista la crisis que desde hace meses atraviesa la economía real. Los datos revelan que mientras la inflación no cede, el producto no crece y se encuentra en los mismos niveles de 2015.

Por Diego Penizzotto

El cierre de la histórica Fábrica Argentina de Telas Engomadas (Fate), fue una de las noticias salientes de la semana. La quiebra una compañía de ocho décadas de antigüedad, trajo consigo el despido de 920 operarios, y se estima que otros 2.500 puestos de trabajo quedarían afectados por los encadenamientos productivos indirectos con la fábrica.


Siempre que un hecho de esta magnitud genera impacto político y económico, emerge la disputa conceptual. No fue la excepción.


La empresa atribuyó su propia crisis a la apertura y la invasión de neumáticos chinos, que ocupan más del 75% del mercado en el sector. Desde el gobierno respondieron que la empresa estaba acostumbrada a “cazar en el zoológico” y no fue capaz de adaptar su estructura de costos a “la nueva realidad económica”.


A priori, la secuencia final de Fate luce como la crónica de una muerte anunciada. La empresa había ingresado en concurso de acreedores en 2019 y reducido el uso de su capacidad instalada al 35% desde 2023. En ese marco, la reducción de aranceles a la importación de neumáticos del 35% al 16% en 2024 fue el golpe de gracia: la industria china híper tecnologizada y con un costo de mano de obra notablemente inferior, fue demasiado para la planta de San Fernando que utiliza máquinas de la década del ‘60.


Con ese marco, la primera tentación sería afirmar que sostener la ineficiencia y el atraso tecnológico de un sector que no es competitivo a costa de precios internos inflados con los esteroides de la protección arancelaria, es uno de los grandes males que arrastra la economía argentina.


Tal tentación se termina cuando se advierte que el caso Fate es apenas un botón de muestra más, de un sinnúmero de empresas que enfrentan la misma doble tormenta que acechó a la fábrica de neumáticos: apertura importadora y caída en el consumo interno.

“El cierre de Fate no puede analizarse como un episodio aislado, sino como parte de un fenómeno integral donde sectores industriales enteros enfrentan situaciones de competencia internacional fuertemente distorsionada”.

Comunicado de la Unión Industrial Argentina (UIA) a raíz del cierre de Fate.


Un reciente informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), afirma que la actividad metalúrgica cayó 6,2 por ciento interanual en enero y opera al 40,6% de su capacidad, en niveles similares a la pandemia.


Casi en simultáneo a la noticia de Fate, la empresa automotriz Stellantis que produce en el país Fiat, Peugeot, Citröen y RAM, suspendió a sus trabajadores de la planta de El Palomar hasta el mes de marzo atribuyendo la medida a “la dinámica de producción y a las condiciones del mercado automotor”.


Por su parte la Unión Industrial Argentina (UIA), afirmó que “El cierre de Fate no puede analizarse como un episodio aislado, sino como parte de un fenómeno integral donde sectores industriales enteros enfrentan situaciones de competencia internacional fuertemente distorsionada”, y agregó que “la industria lleva perdidos casi 65 mil trabajadores (-5,4%) en los últimos dos años”.


En efecto, el golpe que sufre la actividad económica desde hace meses, alcanza a sectores que sí son competitivos ante la apertura y que son históricamente fuertes en el mercado interno. El ejemplo más claro son los alimentos.

Dato

21.046
Las empresas que bajaron sus persianas entre enero de 2024 y octubre de 2025 según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).


La misma semana que Fate anunció su cierre definitivo, se conoció de la crisis que atraviesa Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico avícola del país, afectado por la apertura a la importación de pollo desde Brasil. Las versiones señalan que están en riesgo otros 420 puestos de trabajo desde el mes de marzo.


Son solo algunos ejemplos de un clima generalizado: según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) entre enero de 2024 y octubre de 2025 un total de 21.046 empresas cerraron sus puertas en Argentina.


El síntoma es inequívoco. Mientras el gobierno celebra desde enero la acumulación de reservas, el tipo de cambio en calma, la baja del riesgo país, o se regodea en su cercanía geopolítica e ideológica con Donald Trump y pone toda su libido política en la reforma laboral, la economía real vive su momento más crítico en años.


A ello se suma otro síntoma que poco a poco comienza a generar resquemor, incluso puertas adentro del gobierno: la desinflación se detuvo, y el registro mensual lleva tres trimestres de suba continua.

La coyuntura en una sola palabra


Fue a mediados de la década del 60 en el Reino Unido, cuando en un discurso a la Cámara de los Comunes, el portavoz de finanzas del Partido Conservador Ian Macleod, utilizó por primera vez un término hasta ese entonces desconocido: “stagflation”. La traducción al español es “estanflación”, y describe una combinación de dos fenómenos macroeconómicos complejos: estancamiento económico y un régimen de alta inflación.

“Estanflación” describe una combinación de dos fenómenos macro complejos: estancamiento económico y un régimen de alta inflación.


El término que luego se popularizó en la crisis global de los ‘70, contradice la histórica relación inversa entre inflación y desempleo que ya había descubierto años antes otro británico, el economista William Phillips. Estanflación es precisamente la palabra que varios economistas liberales vernáculos han comenzado a desempolvar esta semana para ilustrar el escenario de la macro.


El primero fue Roberto Cachanosky, que advirtió: “la pregunta que hay que hacerse es si la economía argentina está en recesión con inflación”. En sus redes sociales el economista agregó que “casi se duplicó la tasa (de inflación) en apenas seis meses” y que “según el EMAE, la economía está totalmente estancada, es plana por completo”.


Otro de los que levantó la voz fue Diego Giacomini, co autor de cuatro libros con el presidente Javier Milei. “Carry trade con anabólicos y tipos de interés activos x las “nubes” son contracara del gran error intelectual de Javier Milei: utilizar el ancla cambiaria para intentar bajar la inflación que no baja lo que tiene que bajar; pero destruye economía real”, sentenció Giacomini.


Carlos Melconian se sumó al coro de voces que advierte sobre el escenario actual. “El Gobierno a lo largo de dos años no ha logrado quebrar la estanflación, es decir una economía que está parada y con inflación”, aseguró en una entrevista radial esta semana. Agregó además que el nivel de actividad “cayó y después rebotó, pero ya está en niveles iguales a otros del 2011 para acá” y remató: “Si esto no termina en mejora de la calidad de vida de la gente, el sacrificio no tiene justificación”.


El diagnóstico de los especialistas liberales encuentra fundamentos elocuentes en los propios datos oficiales.


Según surge de las series históricas de Indec, el Producto Bruto Interno (PBI) medido en dólares cerró en 646.414 millones hasta el tercer trimestre de 2025. El dato es un 1,3% menor a los 654.919 millones del segundo trimestre de 2015. La foto confirma que pese a la sucesión de gobiernos de distinto color político y sesgo ideológico, la economía argentina hace al menos 10 años que no crece.


Cómo contracara, el flagelo inflacionario que el gobierno libertario parecía destinado a erradicar, sigue siendo signo distintivo de la economía nacional.
En base a los datos de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para el periodo 2015/16 y de Indec para 2017/2025, se puede estimar la inflación promedio de cada trimestre y establecer la comparación con la dinámica del PBI.

Estanflación
Estanflación


La imagen revela que quitando de la medición el periodo comprendido entre septiembre de 2023 y junio de 2024 en el que la inflación trimestral tocó máximos históricos para luego retroceder ostensiblemente, la inflación trimestral promedio de la última década llega al 3,3%. Pero si la estimación se acota a los últimos 12 meses de gestión libertaria, resulta que el promedio trimestral de inflación nunca logró perforar el 2,4%.


En otras palabras, pese a toda el agua que corrió bajo el puente de la discusión acerca de las causas del flagelo y las formas de erradicarla en los últimos dos años, la inflación sigue siendo alta en Argentina. Y ello comienza a contrastar con una economía real que se encuentra en serias dificultades, con ciertos sectores virtualmente paralizados y en crisis terminal, y otros que no logran despegar ante la caída del salario y el consumo.


La pregunta de cara al resto del año es ¿qué capacidad tiene la matriz productiva para sostener la situación? y ¿qué tanto puede aguantar el bolsillo medio ante precios que siguen subiendo y un nivel de actividad resentido?


El cierre de la histórica Fábrica Argentina de Telas Engomadas (Fate), fue una de las noticias salientes de la semana. La quiebra una compañía de ocho décadas de antigüedad, trajo consigo el despido de 920 operarios, y se estima que otros 2.500 puestos de trabajo quedarían afectados por los encadenamientos productivos indirectos con la fábrica.

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