La nueva geografía global del petróleo y la oportunidad argentina

Detrás del conflicto bélico y la consecuente volatilidad en el precio del barril, hay una oportunidad estructural: el mercado necesita diversificar proveedores y riesgos. En ese marco, Argentina tiene una producción capaz de escalar, y el desafío de permanecer más allá de la coyuntura.

Por Redacción

Cambio estructural. La oportunidad pone a la Argentina ante la urgencia de mejorar la productividad.

Por Gustavo Perego (Abeveb)

Dos monoboyas llegaron a San Antonio Este en octubre desde Emiratos Árabes Unidos, tras cruzar el estrecho de Ormuz. Se instalarán frente a Punta Colorada para cargar petróleo de Vaca Muerta. La paradoja: las piezas que ampliarán las exportaciones argentinas atravesaron el epicentro de una crisis que expuso la fragilidad del abastecimiento energético mundial.


La guerra en Medio Oriente suele leerse en la cotización del Brent: sube ante un ataque y retrocede con cada negociación. Pero detrás de esa volatilidad hay una transformación más profunda.


Aun con un alto el fuego, el mercado difícilmente vuelva a su situación anterior. Según la agencia energética de EE.UU., en mayo quedaron fuera de producción casi 11 millones de barriles diarios; en septiembre todavía faltaban 4,8 millones y el Brent promedió 114 dólares.


Algunos analistas advierten que no estamos ante un shock pasajero, sino ante un posible cambio de régimen. Desviar un petrolero implica más días de viaje, mayores seguros y fletes, y capital inmovilizado. Multiplicados por miles de operaciones, esos costos recorren toda la economía. La tecnología mejora la eficiencia, pero no elimina la dependencia material del petróleo y el gas.


Por eso, el efecto duradero quizá no sea un barril permanentemente caro, sino una nueva valoración de la seguridad de suministro.
Los compradores buscarán diversificar proveedores, rutas y riesgos. La confiabilidad pasará a pesar tanto como el precio. Allí aparece una oportunidad para los productores alejados del conflicto.

Aun con un alto el fuego, el mercado difícilmente vuelva a su situación anterior. Los compradores buscarán diversificar proveedores, rutas y riesgos. Esa es la oportunidad para proveedores confiables y alejados de las zonas de conflicto.


Argentina llega en un momento singular. En agosto produjo un récord de casi 927.000 barriles diarios, con unos 672.000 provenientes de Vaca Muerta. Ya no es una promesa geológica: hay producción efectiva y una industria capaz de escalar.


El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, de Allen a Punta Colorada, sumará desde 2027 una salida atlántica de gran escala. Río Negro dejará de ser solo territorio de tránsito para convertirse en plataforma exportadora.


Sin embargo, estar lejos del conflicto no alcanza. Argentina no reemplazará al Golfo Pérsico: deberá ofrecer costos competitivos, entregas regulares y contratos confiables. Tampoco conviene confundir oportunidad estructural con precios altos para siempre: la agencia estadounidense prevé que el Brent podría caer hacia el terreno de los 74 dólares a fines de 2027.

No conviene confundir oportunidad estructural con precios altos para siempre. El desafío es convertir el escenario en obras, inversiones y reglas estables.

La competitividad debe sostenerse con un barril más barato. El desafío es convertir esta atención en obras, inversiones y exportaciones sostenidas, con reglas estables y previsibilidad económica.


La guerra no creó la oportunidad de Vaca Muerta: la geología y años de trabajo lo hicieron. Pero el conflicto bélico y su extensión en el tiempo, sí puede haber cambiado el valor de contar con proveedores confiables lejos de los estrechos amenazados.
En el mercado, esa confianza se construye barril a barril.


Comentarios