Messi y una gran lección de liderazgo: de hacer todos los goles a hacer jugar al equipo

Esta semana el Balón de Oro fue para otro. Pero la evolución del ex capitán argentino enseña algo que muchas pymes tienen pendiente: el mejor líder no es el que resuelve todo, sino el que forma un equipo capaz de ganar aunque él no esté.

Por Redacción

Transformación. El Balón de Oro fue para Kane, pero hoy el mayor logro de Messi es su liderazgo.

Por Andrés Tejeda (NODO)

A los 39 años, Lionel Messi volvió a estar entre los nominados para el Balón de Oro tras una temporada en la que fue campeón de la MLS con Inter Miami, llevó a la Selección hasta la final del Mundial y se posicionó como el segundo máximo goleador de la historia de la Copa del Mundo. Pese a ello el pasado lunes, el premio fue para Harry Kane.


Los premios individuales miden goles y títulos. No miden algo que, para quienes dirigen empresas, resulta más interesante: cómo cambió su manera de liderar.


Durante años, Messi fue el jugador al que todos buscaban cuando el partido se complicaba. Si el equipo no encontraba el camino, él debía inventarlo. Hasta que algo cambió. No su talento, sino su manera de poner sus capacidades al servicio de los demás. Messi no nació siendo el líder que conocemos hoy: esa capacidad se fue construyendo.

Del talento individual al liderazgo colectivo


Durante buena parte de su carrera en la Selección compartió vestuario con futbolistas de enorme personalidad, como Javier Mascherano. Messi tenía la cinta de capitán, pero el liderazgo del grupo estaba repartido entre varios referentes. Después llegaron las finales perdidas, las críticas y la renuncia de 2016.

Volvió, y con el tiempo apareció otra versión: un jugador que seguía siendo decisivo, pero que disfrutaba cada vez más de hacer mejores a sus compañeros. Que no necesitaba resolver cada jugada para ser determinante.

El Messi que volvió a la Selección tras su renuncia en 2016, fue un jugador que seguía siendo decisivo, pero que disfrutaba cada vez más de hacer mejores a sus compañeros.


La renovación del plantel, el trabajo del cuerpo técnico y un clima de confianza fueron decisivos, pero el cambio de fondo fue claro. Messi pasó de ser la solución individual a ser el referente de un equipo capaz de encontrar soluciones colectivas.

El dueño que quiere jugar todos los partidos


Muchas pymes crecieron gracias a personas así. Empresarios que vendieron, compraron, administraron, negociaron y encontraron salidas donde no parecía haberlas. Pero hay una paradoja que observo con frecuencia: lo que hizo crecer a una empresa puede convertirse, con el tiempo, en su principal límite.

El síntoma es conocido. Todo pasa por el escritorio del dueño. El descuento a un cliente, la compra a un proveedor nuevo, el reclamo complicado. Cuando se toma unos días, la empresa se frena. Y cuando vuelve, se frustra porque “nadie resolvió nada”.


Ese empresario espera que sus colaboradores lean situaciones complejas y decidan con su misma naturalidad. Olvida que a él le llevó años. Su experiencia se volvió intuición: reconoce problemas y oportunidades casi automáticamente, pero le cuesta explicar cómo llega a sus conclusiones. Y el conocimiento no se transmite por ósmosis.

Aprender a hacer jugar al equipo


El modelo de liderazgo situacional de Paul Hersey y Ken Blanchard ayuda a ordenar ese proceso. El estilo del líder debe ajustarse al grado de desarrollo de cada colaborador frente a cada tarea. Con quien recién empieza, instrucciones claras y supervisión cercana. Después, explicar los criterios y acompañar. Más adelante, apoyar más que dirigir. Recién al final, delegar.

Aquello que hizo crecer la empresa puede ser su principal limitante. El desafío es saber dejar un legado que funcione como garantía cuando el que lideraba de forma natural, ya no esté para tomar las decisiones.


El error de muchos dueños es saltar del “lo hago yo” al “arreglate” sin pasar por las etapas intermedias. Cuando eso sale mal, la conclusión suele ser la equivocada: “nadie se compromete”.


Messi ya no está en la Selección, el 6 de octubre fue su último partido. Pero deja un equipo que sabe competir y ganar sin él. Ese debería ser uno de los grandes objetivos de cualquier empresario: una organización que funcione, decida y obtenga resultados aun cuando él no está.


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