Vaca Muerta: grandes inversiones, grandes responsabilidades

El RIGI puede atraer miles de millones de dólares, pero el verdadero desafío es transformar esas inversiones en oportunidades de desarrollo económico. ¿Qué responsabilidad tienen los empresarios, las grandes operadoras y las instituciones en ese proceso?

Por Federico Kreplak

Dirijo una Pyme que cumplió 40 años en Neuquén y hace 3 que decidimos diversificarnos e ingresar a un mercado completamente diferente: la industria energética de Vaca Muerta. Alberta es un spin off que busca desarrollarse junto a los grandes proyectos energéticos.

Este nuevo desafío nos permitió conocer de primera mano las oportunidades, pero también las dificultades que enfrentan las empresas regionales para incorporarse a las cadenas de valor de los grandes proyectos: desarrollar capacidades, construir antecedentes, acceder a financiamiento y generar vínculos de confianza con operadoras y contratistas.

Esta experiencia me lleva a reflexionar sobre una cuestión que trasciende a nuestra propia empresa: ¿estamos preparados, como entramado empresarial regional, para aprovechar las grandes inversiones que están llegando a Vaca Muerta?

Y, fundamentalmente, ¿qué responsabilidad tenemos los empresarios, las grandes operadoras y las instituciones para transformar esta oportunidad histórica en un verdadero proceso de desarrollo empresarial y regional?

¿Es el RIGI suficiente?


Argentina se encuentra frente a una oportunidad histórica. El desarrollo de Vaca Muerta, la expansión de la minería, los proyectos energéticos y las grandes obras de infraestructura pueden movilizar inversiones capaces de transformar significativamente nuestra economía.

Las instalaciones de Blancoamor en Fernández oro.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) busca facilitar este proceso mediante beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios, junto con estabilidad jurídica de largo plazo.

En un país que ha atravesado décadas de inestabilidad económica, dificultades para atraer capital y escasez de financiamiento productivo, generar condiciones de previsibilidad representa un avance importante.

Sin inversión no hay crecimiento sostenible. Y sin crecimiento difícilmente podamos generar el empleo, los ingresos y los recursos que necesita nuestra sociedad.

Pero hay una pregunta que merece ocupar un lugar central en el debate económico:

¿El RIGI permitirá construir una economía más desarrollada o consolidará un modelo basado principalmente en la extracción y exportación de recursos naturales?

La respuesta no depende exclusivamente del régimen. Depende, fundamentalmente, de lo que seamos capaces de construir alrededor de esas inversiones.

Porque atraer capitales es una condición necesaria, pero no suficiente, para transformar la estructura productiva de un país.

El derrame económico no es automático


Nuestra experiencia con Alberta nos demuestra que el derrame económico no ocurre de manera automática. Desarrollar capacidades, profesionalizar procesos, formar equipos e incorporar tecnología requiere tiempo, inversión y, fundamentalmente, oportunidades concretas de trabajo. Las empresas necesitamos participar en proyectos acordes con nuestra escala, que nos permitan adquirir experiencia, demostrar cumplimiento, generar capital y asumir desafíos cada vez mayores. El verdadero desarrollo se construye progresivamente, combinando el esfuerzo empresarial con oportunidades reales de crecimiento.

Nuestra región cuenta con un entramado empresarial amplio y heterogéneo. Conviven compañías consolidadas, con experiencia y capacidad financiera, con numerosas pequeñas y medianas empresas que poseen conocimiento, espíritu emprendedor y voluntad de crecimiento, pero que enfrentan importantes dificultades para acceder a los grandes proyectos.

Participar en una licitación puede exigir antecedentes específicos, certificaciones, garantías financieras, capital de trabajo y una estructura operativa que muchas empresas todavía no poseen.

Es comprensible que las grandes operadoras y contratistas prioricen proveedores con trayectoria, solvencia y capacidad demostrada. Administran proyectos de gran magnitud, donde el cumplimiento de plazos, la calidad y la seguridad son fundamentales.

Pero aquí aparece una paradoja:

¿Cómo puede una empresa adquirir experiencia en grandes proyectos si para participar de ellos le exigen antecedentes que todavía no tiene?

La respuesta probablemente no esté en reducir las exigencias, sino en construir un camino que permita a más empresas alcanzar esos estándares.

La información: primer paso para generar oportunidades


Uno de los obstáculos que enfrentamos las empresas regionales es la falta de información anticipada sobre las necesidades de los grandes proyectos.

¿Cómo podemos decidir inversiones en maquinaria, infraestructura, tecnología o capacitación si desconocemos qué bienes y servicios se demandarán durante los próximos años?

Muchas veces conocemos una oportunidad cuando la licitación ya está en marcha. Entonces descubrimos que necesitamos certificaciones, equipamiento o una capacidad operativa que no podemos desarrollar en pocas semanas.

Australia ofrece una experiencia interesante. A través de su sistema Australian Industry Participation, determinados grandes proyectos deben presentar planes que permitan conocer anticipadamente oportunidades de contratación y facilitar la participación de proveedores nacionales.

¿Por qué no pensar en un modelo similar para Vaca Muerta?

La información anticipada no solamente facilita las contrataciones. Puede convertirse en una verdadera herramienta de desarrollo empresarial.

Propuesta: desarrollo de proveedores como responsabilidad estratégica de las grandes empresas


El desarrollo de proveedores regionales no debería ser una iniciativa aislada, sostenida únicamente por la buena voluntad de algunos profesionales dentro de las grandes compañías. Debe ser una política estratégica, transversal a toda la organización, respaldada por la alta dirección, con recursos, objetivos concretos y una planificación de largo plazo.

Desarrollar una cadena de valor sólida y competitiva requiere tiempo, inversión y compromiso. No alcanza con organizar jornadas de capacitación, rondas de negocios o abrir registros de proveedores si esas iniciativas no están acompañadas por oportunidades reales de contratación y crecimiento.

Muchas veces, las áreas de desarrollo de proveedores realizan esfuerzos valiosos, pero trabajan desconectadas de quienes finalmente toman las decisiones: las áreas operativas, los usuarios de los servicios y los responsables de compras. Esta falta de articulación puede convertir programas bien intencionados en iniciativas con escaso impacto real.

También debemos reconocer que, frente a la presión por cumplir plazos y minimizar riesgos, las grandes contratistas suelen recurrir a proveedores ya consolidados, con antecedentes y respaldo financiero. Es una decisión comprensible desde el punto de vista operativo, pero cuando se convierte en una práctica sistemática, puede generar una concentración creciente de las contrataciones.

Y esa concentración, lejos de beneficiar necesariamente a las grandes compañías, puede terminar perjudicándolas: reduce la competencia, limita la aparición de nuevos proveedores, aumenta la dependencia de unos pocos actores y restringe las posibilidades de innovación.

La responsabilidad de las pymes


Las pymes, por nuestra parte, debemos asumir un rol protagónico en este proceso. Tenemos la responsabilidad de profesionalizarnos, cumplir nuestros compromisos, invertir, incorporar tecnología, capacitar a nuestros equipos y especializarnos para ser cada vez más competitivos. También necesitamos mirar al mundo, conocer otros modelos de negocios, aprender de experiencias internacionales y adoptar mejores prácticas.

Un aspecto fundamental es la asociatividad. Debemos superar la lógica de competir siempre de manera individual y promover la vinculación entre empresas locales y de otras regiones del país, complementando capacidades, compartiendo recursos y construyendo cadenas de valor integradas. Las alianzas estratégicas, las UTE y otras formas de cooperación pueden permitirnos abordar proyectos de mayor escala, ofrecer soluciones integrales y simplificar la gestión de las grandes operadoras y contratistas.

Las pymes no debemos limitarnos a esperar oportunidades: tenemos que salir a construirlas. Somos protagonistas del dinamismo económico y tenemos la posibilidad de aportar innovación, flexibilidad, eficiencia y competitividad a toda la cadena de valor. El desafío es transformar nuestro espíritu emprendedor en organizaciones cada vez más sólidas, profesionales y capaces de competir en mercados más exigentes.

El rol de las instituciones


Es importante reconocer el rol activo que vienen desempeñando los gobiernos de Neuquén y Río Negro, impulsando políticas de vanguardia para promover la participación y el desarrollo de proveedores locales. Son iniciativas valiosas que generan condiciones y oportunidades para el crecimiento de nuestras empresas. Pero el desarrollo de una cadena de valor sólida y competitiva es una responsabilidad compartida. Nos involucra a los empresarios regionales, que debemos invertir, profesionalizarnos y demostrar nuestras capacidades; y también a las grandes operadoras y contratistas, que tienen un papel fundamental en la generación de oportunidades y el fortalecimiento de sus proveedores. El verdadero desafío es transformar estos esfuerzos en una estrategia conjunta de desarrollo económico regional.

De contratar proveedores locales a desarrollar empresas competitivas

La discusión sobre la participación regional suele concentrarse en porcentajes de contratación o preferencias para proveedores locales.

Son herramientas que pueden contribuir a ampliar las oportunidades, pero el objetivo debería ser más ambicioso.

No deberíamos conformarnos con que las grandes inversiones contraten empresas regionales. Deberíamos aspirar a que esas contrataciones contribuyan a desarrollar empresas capaces de competir en cualquier mercado.

Canadá y Australia ofrecen experiencias valiosas. Ambos países aprovecharon sus industrias extractivas para desarrollar proveedores especializados, empresas de ingeniería, fabricantes de equipamiento y compañías tecnológicas que hoy participan en cadenas de valor internacionales.

Vaca Muerta podría representar una oportunidad similar para nuestra región.

Para lograrlo, necesitamos una mirada de largo plazo y una responsabilidad compartida.

  • Las grandes compañías pueden abrir oportunidades, compartir información y contribuir al desarrollo de proveedores.
  • Las empresas regionales debemos asumir el compromiso de invertir, profesionalizarnos, asociarnos y demostrar capacidad de cumplimiento.
  • Y las instituciones públicas, educativas y financieras pueden facilitar el encuentro entre esas oportunidades y las capacidades que necesitamos desarrollar.

El RIGI puede contribuir a atraer las inversiones. Pero convertirlas en desarrollo productivo requiere una construcción colectiva entre grandes compañías, empresarios regionales e instituciones.

No se trata de exigir oportunidades sin estar preparados, ni de esperar que las empresas más pequeñas alcancen por sí solas capacidades que demandan años de experiencia e inversión.

Se trata de construir un camino que combine oportunidades, acompañamiento, esfuerzo empresarial y exigencias de competitividad.

La gran pregunta no debería ser solamente cuánto se va a invertir en Vaca Muerta, sino cuántas empresas nuevas y competitivas vamos a ser capaces de desarrollar a partir de esas inversiones.

Ese podría ser uno de los legados más importantes de esta oportunidad histórica.


Dirijo una Pyme que cumplió 40 años en Neuquén y hace 3 que decidimos diversificarnos e ingresar a un mercado completamente diferente: la industria energética de Vaca Muerta. Alberta es un spin off que busca desarrollarse junto a los grandes proyectos energéticos.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios