Río Negro sufre los vaivenes de la coparticipación y busca aprovechar el boom de Vaca Muerta

En la provincia, el peso de los recursos de Nación todavía es vital y la recaudación interna complementa. El boom de Vaca Muerta derrama solo parcialmente, aunque hay buenas perspectivas con los proyectos RIGI. Hay presión de deuda y de salarios sobre el presupuesto total.

Río Negro quiere mejorar el impacto de vaca Muerta en sus finanzas. Archivo

El rápido desarrollo petrolero y gasífero no convencional de Vaca Muerta está modificando los esquemas fiscales de la región, aunque no de manera homogénea. En las últimas dos décadas los ingresos rionegrinos han mejorado por influencia indirecta de la mayor actividad petrolera, pero se mantiene más bien cerca de la trayectoria promedio de las provincias argentinas.

Los últimos datos disponibles del Ministerio de Economía de Nación y de los informes de recaudación indican que en 2025 Río Negro recaudó a US$ 1.657 millones, un tercio de Neuquén, su vecina de la Confluencia, donde están los principales yacimientos de la formación.

Tomando como base el 2005, los ingresos reales de Río Negro crecieron a un ritmo equivalente al del promedio de las 24 jurisdicciones subnacionales, alcanzando hacia 2026 una suba acumulada del +28% en términos reales, frente al +30% del consolidado provincial nacional.

En Río Negro, como en la mayoría de los distritos de menor escala extractiva, los envíos nacionales explicaron históricamente entre el 54% y el 60% de los recursos totales de la provincia. El 2025 fueron el 63% de sus ingresos totales, casi diez puntos sobre el promedio subnacional.

Los recursos propios de la provincia se deben esencialmente a tributos provinciales sobre áreas económicas tradicionales, como fruticultura, el consumo, comercio, ganadería y turismo.

La fruticultura y ganadería no abonan Ingresos Brutos en sus fases primarias de producción. Otros tributos están suspendidos o diferidos debido a las declaraciones de emergencia por distintos desastres climáticos (sequía, granizo, entre otros).

Para amortiguar los períodos de caída real en las transferencias federales (como las recesiones de 2018–2019, 2024 y el inicio de 2026), Río Negro incrementó gradualmente su presión tributaria provincial, que pasó del 3,8% del PIB en 2005 al 5,5% en 2017 y 5,8% del PBG hacia 2024.


Impactos visibles


De todos modos, la provincia está captando parte de la expansión de las explotaciones de petróleo y gas en Vaca Muerta, con impactos visibles en sectores como la construcción, la logística y los servicios asociados a los no convencionales que atraviesan o impactan sobre el territorio rionegrino. Pero como el grueso de la renta fiscal está derivada de la extracción, queda más asociada a las áreas donde encuentran las áreas productivas, en su gran mayoría en la provincia de Neuquén.

El “derrame económico” no se traduce necesariamente en una mayor autonomía de recursos para el Estado provincial. Ingresos Brutos se consolidó como la columna vertebral de los recursos locales, explicando entre el 75% y el 77% de la recaudación tributaria propia, registrando en 2025 un récord nominal de más de $545.000 millones (unos 353.896.103,90 de dólares), seguido de Sellos, Automotor e Inmobiliario.

Las regalías hidrocarburíferas e hidroeléctricas también aportaron, pero sin el peso suficiente para cambiar la ecuación en las cuentas provinciales. El año pasado representaron entre un 8% y un 13% de los ingresos totales, concentradas mayoritariamente en bloques convencionales y maduros.


Expectativa de cambio


El panorama puede cambiar si se concretan los proyectos de exploración no convencionales ya en marcha e iniciativas como el Vmos o LNG Argentina, entre otros, asociados al RIGI y si la provincia halla formas de captar parte de esos nuevos recursos. El desarrollo del Oleoducto Vaca Muerta Sur y la terminal portuaria en Sierra Grande / Punta Colorada ya atrajeron proyectos RIGI aprobados y en evaluación por más de US$ 70.000 millones, lo que proyecta un crecimiento sustancial en la recaudación provincial y generación de empleo privado.

En este escenario Río Negro enfrenta también riesgos y desafíos. Aunque no tiene la excesiva concentración de su vecino neuquino en un solo recurso, su desafío consiste en reducir la dependencia de los recursos de Nación, en especial los discrecionales, sensibles a los ciclos políticos. Para la provincia la coparticipación sigue siendo el núcleo fiscal dominante y los impuestos propios funcionan más como atenuador que como motor de un desarrollo sostenible.

De cara al futuro, el plan provincial es poder captar más recursos de la expansión de la actividad energética y logística de las operaciones en Vaca Muerta y que ésta derrame en su entramado de pymes y comercios, infraestructura logística, educación técnica y servicios.

Fuentes: Serie histórica homogénea de ejecución presupuestaria de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales para la Administración Pública no Financiera del Ministerio de Economía, además de informes privados y provinciales.


El balance fiscal


En el caso de Río Negro, necesita reducir su dependencia de la coparticipación y los aportes discrecionales de Nación. Para ello debería ampliar las bases de la recaudación propia sin ahogar a la actividad productiva-empresarial, ya que no cuenta con una renta natural capaz de corregir por sí sola el desequilibrio.

El trabajo de Fundación Pensar destaca que su desafío no es el ajuste estatal (lideró la baja de gasto en materia de empleo público entre 2023 y 2025 con 10%) pero debe consolidar su salud fiscal de fondo, que hoy es “intermedia-baja”, debido a un déficit primario de 0,2 del PGB en 2025, un nivel de deuda equivalente al 15% de sus ingresos totales y una baja calidad del gasto, destinando apenas un 8% al capital frente a lo erogado en personal.

Dado que el Impuesto sobre los Ingresos Brutos explica cerca del 75% de los recursos tributarios de origen provincial, la provincia se encuentra con un margen acotado para seguir incrementando alícuotas sin resentir la actividad económica privada ni la competitividad de sus sectores productivos locales.

Si bien el Gobierno provincial logró una reducción sustancial del stock de deuda en dólares del Bono Plan Castello (reduciendo el saldo de US$ 320 millones a US$ 177 millones), el pago de las cuotas semestrales de amortización e intereses (del orden de los US$ 43 millones por cuota) exige una constante reserva de divisas. Su principal desafío es mejorar la productividad del gasto público. Deberá recomponer salarios en un contexto inflacionario sin descuidar el plan de obras públicas proyectado para 2026 ni comprometer el resultado primario.


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