Diciembre, un mes crucial
Tal como sucede cada dos años, diciembre le va a sumar al calendario institucional a partir del día 10 una nueva composición de las cámaras de Diputados y de Senadores de la Nación, diseño que resultará ser algo bien distinto con respecto a las mayorías que existían en el período anterior. Se trata de un cambio bastante notorio de fuerzas que le aportará al Congreso una dinámica bien diferente a la que tuvo durante los dos primeros años de la presidencia de Javier Milei.
La puesta en marcha de una nueva composición legislativa suele ser siempre un momento cargado de expectativas porque pone en línea los intereses que expresó la ciudadanía en la última elección en relación al poder político.
La sociedad ahora aguarda que los nuevos cuerpos legislativos definan prioridades claras y que respondan a las urgencias del presente, más allá de que la continuidad democrática siempre reafirma la vigencia de las instituciones y la posibilidad del debate plural, mientras que el cambio de actores y de mayorías invita a todos a estar atentos, a exigir y a involucrarse en el seguimiento de las leyes que se discutan.
El espaldarazo numérico que le dieron las urnas en octubre al Presidente, le permitió conseguir el tercio necesario en Diputados para obviar eventuales rechazos de futuros DNU y además encaminar los condicionamientos, bajo la forma de leyes consensuadas, que le hizo Donald Trump.
El espaldarazo del presidente de los EEUU, que ayudó al gobierno nacional a zafar del crítico momento cambiario que hubo antes de las elecciones, puso al gobierno nacional a pensar estratégicamente cómo hacer para traducir la nueva composición del Congreso en manos levantadas a la hora de aprobar leyes prioritarias, ya sea el Presupuesto 2026 o las reformas estructurales tantas veces prometidas.
Lamentablemente, este último renglón ha sufrido una crítica baja en cuanto a la trilogía económica estructural de la que siempre se habló, ya que a las reformas laboral y tributaria, necesarias para generar el clima de inversión que podría impulsar la economía, hacerla crecer y darle sustentabilidad a la creación de empleo derivada de la mayor inversión, le faltará la pata previsional. Ésta es una apoyatura imprescindible para terminar de aceitar la situación desde el punto de vista de un mayor orden fiscal, algo que le podría permitir al Ejecutivo mayor comodidad para reasignar partidas, por ejemplo.
Probablemente, la Casa Rosada no se ha querido exponer a un tema tan delicado como el de los jubilados que podría tener mucho peso en la calle y desgajarle los apoyos legislativos que pueda conseguir para las otras cuestiones, incluida la reforma al Código Penal que también se plantea para 2026. En lo previsional hay varios y graves desajustes estructurales que solucionar, como los jubilados con exceso de moratorias u otros sin aportes que directamente bien podrían ser atendidos con fondos de Rentas Generales para darle mayor racionalidad y justicia al sistema.
Para salirse con la suya en materia de apoyos, al Gobierno no se le han caído los anillos, ya que avanzó con espíritu bien pragmático a la vieja usanza del toma y daca, aún a costa de que se lo critique por hacer cosas propias de la casta. Y lo generó en primer lugar auspiciando el vaciamiento del bloque de Unión por la Patria, para tratar de quedarse, cada vez con mayor probabilidad, con la primera minoría en Diputados. La jugada se completará por el lado de las concesiones dinerarias a las provincias, lo que le va a exigir al Ejecutivo modificar el proyecto del Presupuesto que se debería aprobar en diciembre, mientras que el resto quedaría también para Extraordinarias, aunque ya en el nuevo año.
Así, el escenario legislativo que se abre va a ser un estupendo campo de pruebas de la gobernabilidad porque le brindará al oficialismo un margen importante para discutir transformaciones que sostengan el crecimiento. Las mayorías que se van a estrenar en unos días son un capital político que el Presidente no debería desperdiciar, ya que cuando el viento sopla a favor es el momento ideal para ajustar las bases estructurales que ayuden a sostener el crecimiento. Solo así, la economía podrá dejar de sobrevivir apretada por la urgencia, para proyectarse hacia un desarrollo más duradero.
Tal como sucede cada dos años, diciembre le va a sumar al calendario institucional a partir del día 10 una nueva composición de las cámaras de Diputados y de Senadores de la Nación, diseño que resultará ser algo bien distinto con respecto a las mayorías que existían en el período anterior. Se trata de un cambio bastante notorio de fuerzas que le aportará al Congreso una dinámica bien diferente a la que tuvo durante los dos primeros años de la presidencia de Javier Milei.
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