Eduardo Galeano: «Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos»
Se encontraron para conversar durante algunas horas antes de su partida de Bogotá, Colombia, donde participó en el "Encuentro Iberoamericano de Escritores: El Amor y la Palabra". Compartieron temas como la identidad cultural, el destino de América Latina, las mujeres, el amor y el "dolor agregado", entre otros. Lo que sigue son los pasajes más sobresalientes de esta entrevista exclusiva que realizó el roquense Gustavo Carbonell, ahora residente en Venezuela, con el poeta uruguayo Eduardo Galeano, uno de los más brillantes pensadores de Latinoamérica en la actualidad.
Cómo se entiende hoy en día la identidad cultural?
– Creo que se universalizó en los últimos años sobre todo una concepción de la identidad que me parece muy limitada. Te diría que casi reduce la identidad a un asunto de museo. Pero creo que «somos lo que hacemos para cambiar lo que somos» o sea creo en una identidad en movimiento, en una identidad viva y creo mucho más en las identidades elegidas que en las identidades heredadas. En una región del mundo como es América latina, que tiene una amplia experiencia en la materia, podemos citar sólo dos ejemplos de identidad elegida entre miles y miles: Un antropólogo Alemán llamado Kurtz Hunkel, que llega a Brasil a principios del siglo XX para estudiar a los guaraníes, es un hombre joven recién egresado de la Universidad. Al entrar en contacto con los tupí guaraníes descubre que el es guaraní. Asume esta revelación y pasa a llamarse Kurtz nimuendayú (el que elige su casa). Muchos años después muere siendo un indígena guaraní que además es un antropólogo que se estudia así mismo. Y el otro caso es el de Rafael Barret, uno de los escritores paraguayos más importantes de todos los tiempos y una figura emblemática de la cultura paraguaya, el paraguayo más paraguayo de todos. Y fijate: Barret era hijo de padre inglés y madre española, educado en Francia llega a Paraguay cuando es hombre hecho y derecho, anarquista fervoroso pasa en Paraguay sólo seis años de su vida, la mayor parte preso por actividades «subversivas», después lo mandan al exilio, nunca más puede volver y… «es el paraguayo más paraguayo de todos» porque el descubrió que era paraguayo. Pisó esa tierra y le dijo a través de las plantas de sus pies: «Tu me perteneces, tu eres mi hijo». Por eso digo.. la identidad no tiene que ver con las partidas de nacimiento tiene que ver sobre todo con los lugares, las personas, los valores.
– ¿La identidad se adopta, se internaliza?
– Depende de cada caso. Hay que tener una noción de identidad muy flexible que además en ningún momento nos impida olvidar que somos diversos y que somos universales, que la condición humana es una y muchas y que eso es lindísimo que ocurra. «Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene». Por suerte somos diferentes, por suerte somos diversos pero también hay valores comunes al género humano que se han ido transmitiendo de diferentes maneras, de generación en generación.
– Los chauvinistas te dicen la mía es la única tierra que existe…
– Eso hay que comprenderlo a veces como una reacción defensiva, en muchos casos fanática y ciega, a la globalización que impone una suerte de «uniformización» de la cultura a escala mundial. Entonces a veces ocurren esas reacciones que suelen ser de fanatismo religioso o de aislamiento cultural que a veces se explican, yo no digo que se justifiquen pero se explican como respuestas a esta especie de uniformización obligatoria en la época de la «gran hamburguesa planetaria».
– ¿Frente a la globalización la «glocalización»?
– El problema es que para recuperar la universalidad de la condición humana, que es lo mejor que tenemos, hay que celebrar al mismo tiempo la diversidad. Esta sería la síntesis de lo que yo creo es la identidad en un mundo que a mi me parece que anda muy mal porque o te condena a morir por hambre o te condena a morir por aburrimiento. Son dos muertes que no me interesan. (se ríe). La condición humana es muy divertida, muy diversa, muy celebradora de la vida, es un abanico de todos los colores… un arco iris infinito.
– ¿A pesar de ser nueva Latinoamérica ya tiene una identidad cultural?
– Hay muchas por suerte, que de algún modo definen un espacio cultural común. América latina es una región del mundo donde se encuentra todo lo que busques. Todos los colores, todos lo olores… y qué suerte que seamos así.
Siempre me acuerdo que una vez uno me discutía un disparate desde las altas cumbres de la ciencias. Me decía: ¿a ver qué tienen en común un negro de Haití con un gaucho de Las Pampas? ¡Pero hombre claro que tiene en común!, de repente no lo saben pero claro que tienen más cosas en común de la que saben que tienen. Porque unos y otros han sido condenados a la amnesia por una historia oficial enferma de racismo, de machismo, de elitismo y de militarismo. Pero en la medida que luchemos para abrir este conocimiento vamos a descubrir que hay muchísimos más puntos de contacto de los que suponemos que hay. Empezando por los más obvios: es un escándalo que los países latinoamericanos no hayan logrado unirse ni siquiera para hacer frente juntos a la deuda externa. Cosas que parecen de cajón. Entonces negocian por separado, por separado se ahorcan, claro.
– Las Venas Abiertas de América Latina fue escrito al final del año setenta. Treinta años después ¿América latina no está en un proceso de involución?
– En algunas cosas sí, en otras no. La realidad por suerte es más rica y más asombrosa de la que cualquier esquema puede presumir que es. Ella es una señora con mucha capacidad de sorpresa. Pero en líneas generales te diría que en algunas cosas si se ha retrocedido y en otras se avanzó. En las que se retrocedió podemos poner como ejemplo que yo recuerdo cuando escribí «Las Venas…», había una cierta unanimidad universal en torno de algunas cosas elementales. «la pobreza era un resultado de la injusticia», lo proclamaba la izquierda, el centro lo admitía y la derecha no lo discutía. Había pobreza porque había injusticia… un reparto injusto de los panes y de los peces. Treinta años después ya quedan muy poquitos que digan que la pobreza es el resultado de la injusticia. No digamos de la derecha o del centro, pero hasta en la izquierda ha prosperado esta suerte de certeza de fin de siglo, que la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece y por lo tanto no es un resultado de la injusticia, es un acto de justicia. Se jode el que no trabaja o el que no sabe defenderse y el que no sabe competir, el que no es eficiente ni rentable.
– El sistema es muy perverso…
– Sí, en ese sentido se ha involucionado, es un retroceso. Este mundo es mucho menos solidario de lo que era el mundo del año setenta, eso también hay que decirlo. Se han roto mucho los vínculos de solidaridad entre las personas, entre los pueblos y los países. Esta cosa casi unánime hoy por hoy de «arreglate como puedas».
– ¿Y las cosas positivas?
– Creo que las mujeres están mucho mas «despabiladas», o sea que hay un ascenso de los movimientos que han logrado conquistas importantes en el reconocimiento de los derechos de la mujer, no en las constituciones ni en las leyes, sino en los hechos. Se ha avanzado en esto, por lo menos en la toma de conciencia de que la humanidad no esta formada sólo por la mitad de la humanidad.
En otro plano en el que te diría que se evolucionó mucho es en el de la conciencia ecológica. Ahora está de moda y todo. Son todos verdes, hasta los asesinos del planeta son verdes. Pero eso indica que la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud.
– Hablemos de lo que lo trajo a Bogotá en esta oportunidad: el amor. ¿Por qué, como dice usted, cree que el amor es una enfermedad de las más jodidas?
– Es verdad, hay un textito mío que dice que el amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. Uno dice muchas bobadas cuando esta enamorado. Pero me parece que el tema del amor es muy resbaloso porque es como que al amor cada vez que lo nombras lo matas, el amor es misterioso y por lo tanto cuando se lo define por lo menos se lo lastima mucho, así que hay que ser muy cuidadoso con eso del amor. Lo único que yo diría del amor es que tiene razón Milton Nascimento que en una de sus canciones memorables dice: «toda manera de amor vale amar. Toda manera de amor vale cantar. Toda manera de amor vale la pena».
Los héroes anónimos
– En su libro El Fútbol a Sol y Sombra hay un relato sobre el fusilamiento de los jugadores del Dínamo de Kiev en 1942 que se atrevieron a ganarle a la selección de Hitler usted habla de un acto heroico. ¿En la actualidad cuál es su concepto de héroe?
– Para mi los grandes héroes no son los que están inmortalizados en el bronce o en el mármol sino que son la gente anónima, desconocida que practica el heroísmo de la vida cotidiana y que es capaz de no sacrificar sus ideas, sus convicciones, sus principios en función de sus conveniencias. Entonces, de repente, para mi un gran héroe es un hombre que se levanta a las seis de la mañana, que trabaja doce o catorce horas y que sin embargo sigue siendo leal a ciertos principios y valores, que sigue creyendo que esos valores valen la pena y que a pesar que todo está en contra no se ha dejado convencer por la idea de que se vive para trabajar e intenta trabajar para vivir. O sea que no ha perdido de vista que el fin de la vida humana no es convertirse en hormiga. ¡Es un héroe!, ¿cómo trabajando 14 horas por día algunos pueden tener todavía buen humor, la capacidad de amor? Para mi ésos son los héroes. En el caso del fútbol por hablar de un héroe desconocido, acá en Bogotá jugó un Argentino llamado Devanni, creo que en el club Santa Fe. Te leo el texto:
Aquella no era una tarde de un domingo cualquiera del año 67. Era una tarde de clásico. El club Santa Fe definía el campeonato contra el Millonarios y toda la Ciudad de Bogotá estaba en las tribunas del estadio. Fuera del estadio no había nadie que no fuera paralítico o ciego.
Ya el partido estaba terminando en empate cuando en el minuto ochenta y ocho un delantero del Santa Fe, Omar Lorenzo Devanni, cayó en el área y el arbitro pitó penal.
Devanni se levanto perplejo, aquello era un error. Nadie lo había tocado. El había caído porque había tropezado. Los jugadores del Santa Fe lo llevaron en andas hasta el tiro penal. Entre los tres palos (palos de horca) el arquero aguardaba la ejecución. El estadio rugía, se venia abajo.
Entonces Devanni coloco la pelota sobre el punto blanco, tomo impulso y con toda su fuerza disparó muy afuera, bien lejos del arco.
La «otra historia»
-¿La historia la escriben los que ganan por eso hay un cronista que se llama Eduardo Galeano que nos cuenta la «otra historia»?
-Hay mucha gente que trae la otra historia. Pasada y presente, porque fijate que la tarea es revelar la realidad que viene enmascarada. Yo sé que la realidad es neblinosa, contradictoria, difícil de descifrar, misteriosa… pero también es verdad que hay máscaras interesadas que nada tienen de inocentes impuestas por un sistema que oculta, tergiversa, disfraza, miente. Entonces el gran desafío para el que escribe es la revelación de esa realidad escondida. La que fue, la que es… pero también a partir de una necesidad de celebración. Yo creo en aquella definición tan linda de Carpentier de lo «real maravilloso» … América tiene lo real maravilloso y tiene lo real horroroso. Pero lo maravilloso y horroroso son hermanos siameses, tienen las espaldas pegadas… la vida viene así. Así se barajan los naipes de la vida.
– ¿Qué es el «dolor agregado» ?
– Es verdad, yo hablé el otro día del dolor agregado. Es una cosa que inventé estos días, una mosca que se me metió en la cabeza. Porque los economistas hablan mucho del valor agregado que es un criterio económico discutible. Valor agregado es el aumento de precio de una mercancía como resultado de su circulación en el mercado o su transformación industrial. Fijate parezco un profesor de Harvard. (nos reímos). ¿Pero «dolor agregado» cuál es? El dolor «evitable», porque la condición humana tiene luces y sombras, estamos condenados al dolor y al amor. Pero hay dolores que no provienen de la pasión humana ni de la muerte… son los «dolores agregados» por un sistema enemigo de la gente y la naturaleza. Todos los días tenés ejemplos mirando el diario. Ejemplos de dolores evitables. A los inevitables tendremos que acostumbrarnos.
La globalización multiplicó el dolor agregado. Contra la naturaleza y contra la gente. Este proceso de imposición de valores universales centrados en la mercancía y en la rentabilidad implica un envenenamiento del agua, de la tierra, del aire pero también del alma.
– Según su último libro La Escuela del Mundo al Revés ¿cuál es la responsabilidad de la educación en la prevención del «dolor agregado»?
– La vida no es tampoco un campo de rosas, ni en el mejor de los casos. Hay cosas que ni el capitalismo, ni el socialismo ni la anarquía ni nadie va a poder resolver. Pero el problema es el «dolor agregado», cuando el sistema incorpora dolor al dolor. Y claro que la educación cumple un papel importantísimo, el problema es que hoy por hoy la educación «deseduca» porque está en manos de los grandes medios que te transmiten el sistema de valores del sistema que genera el «dolor agregado». Valores de violencia, valores de la muerte, valores de consumo que te están repitiendo día a día tu eres lo que tienes, tú eres lo que compras. Todo en nombre de una presunta «objetividad». Ahora se publicó en EE.UU. un libro muy interesante sobre la guerra de Vietnam, que ocurrió hace ya tantos años. Y ahí ya estaba claro en qué consistía la objetividad de los grandes medios de comunicación. En este libro que es un estudio muy cuidadoso y minucioso de los espacios dedicados en la televisión, la radio y los diarios durante la guerra de Vietnam, la conclusión es que «el enemigo» que después resultó triunfante, ocupó el tres por ciento del espacio de la información y de la opinión. ¡O sea noventa y siete a tres!, ésa es la «objetividad». Yo no creo ni creí nunca en la objetividad en ningún caso, no sólo en los medios de comunicación. Cuando hablo con vos estoy siendo subjetivo, cuando evoco lo que me ocurrió, cuando interpreto algo que me ocurre en la vida privada o colectiva soy… ¡absolutamente subjetivo! La diferencia está en que yo lo digo y lo asumo. Digo.. ¡si, cómo no, yo soy un hombre de pasiones!
Gustavo Adolfo Carbonell
Cómo se entiende hoy en día la identidad cultural?
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora