Educación: es necesaria una tregua
ALEJANDRO VIDAL (*)
Desde hace tiempo la dirigencia se dedica a enunciar distintas propuestas para darle solución al problema educativo, derecho esencial que el Estado debe garantizar. Presentismo, tercerización, presupuesto, infraestructura, consulta popular y otros son los ejes sobre los cuales versa un sinnúmero de iniciativas que, aisladamente, no darán solución a una problemática compleja y que se ve agravada por el permanente estado de conflicto. Es verdad que resulta necesario contar con presupuesto e infraestructura adecuados, también que las unidades educacionales podrían ser mejor administradas si contaran con los insumos y recursos suficientes, y seguramente habría índices inferiores de ausentismo si se mejoraran las condiciones en que trabaja el docente, con el apoyo de gabinetes pedagógicos para la contención de los estudiantes. También se podrían generar incentivos para inducir a los jóvenes a seguir la carrera docente en sus más diversas áreas y fundamentalmente en materias de nivel medio y terciario. En fin, la solución no surgirá frotando una lámpara o condenando a la pena capital al docente que falte. La ausencia de políticas conducentes para encauzar y recuperar el sistema educativo provincial nos autoriza a sospechar que existe una intención deliberada en contrario que deriva en la dispersión de responsabilidades, creando así el terreno para que la culpa siempre sea ajena. Aunque es necesario reconocer que todos somos responsables en alguna medida, por acción u omisión. Hemos perdido la emoción de aprender y nuestro sistema educativo ya no contagia la motivación por conocer. Pareciera un desafío inalcanzable, pero reconstruir la educación pública no es otra cosa que recuperar en cada escuela argentina esas ganas de aprender. Es recuperar la confianza del que aprende en el que educa, entendiendo al maestro como el elemento del sistema que sabe cómo hacer, cómo acceder al conocimiento y cómo contagiar la mística del saber. Una mirada positiva al futuro sólo es posible con educación y la calidad del mañana está ligada, directamente, a la calidad educativa del presente. Cuando una sociedad deja de aprender pierde la capacidad de compartir y también de convivir con la adversidad, con la duda, con lo diferente y con los demás. La cuestión educativa requiere ser abarcada integralmente con la participación de todos los actores, sin exclusión, con amplitud y generosidad. Pero para iniciar el camino de la recuperación es necesaria, si no imprescindible, una gran tregua política que permita recuperar la legitimidad de los diferentes actores, sobre todo de la autoridad educativa, a quien le cabe la responsabilidad más grande. ¿Puede una consulta popular para acotar el derecho a huelga contribuir a este desafío? ¿El conflicto Estado-gremio es de tal magnitud para que sobre él caiga todo el peso de la crisis, o es el resultado de la incapacidad de ambos? El resultado de la consulta, en caso de realizarse, está cantado y, seguramente inducido por la misma, la mayoría se expresará por que el conflicto transcurra sin afectar el dictado de clases. Sin embargo, y a pesar de ello, el conflicto perdurará y la crisis del sistema educativo seguirá sin resolverse. Peor aún, en el medio se desencadenará un debate que, lejos de aportar algo, profundizará más aún el enfrentamiento entre la conducción gremial y la de gobierno, manteniendo en situación de rehenes estructurales a los demás actores y al resto de la sociedad. ¿Sólo por el conflicto docente es que no se dictan clases? En el 2012 los días de paro no fueron demasiados, sin embargo las jornadas de clase resultaron pocas debido a problemas de infraestructura y al conflicto recurrente de los auxiliares de servicio. ¿Seremos capaces los neuquinos de comprender que es necesaria una tregua que permita explorar otros mecanismos institucionales y políticos? En ese contexto debería convocarse a todo el arco político para profundizar el necesario debate del rumbo que debe tener la educación provincial en este siglo XXI. Se podría relanzar el Foro Educativo como prólogo de un gran congreso pedagógico que defina un nuevo marco normativo que establezca una verdadera política de Estado en la materia. El gran desafío consiste entonces en comenzar a pensar cuál será el aporte que generosamente realizarán los distintos sectores para hacer posible esta tregua y comenzar a construir, entre todos, una política educativa que nos contenga y comprometa individual y colectivamente. (*) Legislador neuquino por la UCR
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