San Martín de los Andes piensa en el 2040: cuál es el camino hacia una ciudad sostenible
Con una activa participación vecinal y el apoyo técnico de especialistas, buscan organizar el desarrollo urbano, fortalecer la infraestructura de servicios y proteger el entorno natural.
Vecinos, especialistas y organizaciones sociales debaten cómo quieren que sea San Martín de los Andes de acá a 2040. «Hay zonas bajo presión inmobiliaria que debemos proteger, como los mallines y las laderas con mucha pendiente, y hay que atender la capacidad de tratamiento cloacal para no contaminar nuestros espejos de agua”, aseguró el coordinador del Consejo de Planificación Estratégica, Martín Rodríguez.
El año pasado iniciaron las reuniones y talleres para desarrollar el Plan de Ordenamiento Territorial, el Plan de Movilidad Urbana y el primer Código de Planeamiento Urbano. Con una amplia participación y encuentros que a veces se tornan “bastante tensos”, buscan «armonizar la convivencia entre el crecimiento de la ciudad y el cuidado del ambiente”.
Rodríguez remarcó que San Martín de los Andes “crece mucho, muy rápido”, por encima del promedio provincial, sin un marco integral y con apenas 130 ordenanzas parciales. Las propuestas no conforman a todos los sectores, pero trabajan en un proyecto que mantenga «la identidad de San Martín de los Andes».
San Martín de los Andes: una ciudad que «desborda» en temporada alta
La ausencia de reglas claras tensionó la vida diaria, los servicios básicos y un entorno frágil. Esa tensión se ve con nitidez en la periferia. Laura Baroni, integrante de la Junta Vecinal de Chacra 32, describió a las Chacras Unidas de Cordones de Chapelco como “un conglomerado enorme de barrios” a 10 kilómetros del centro, donde calculó que viven unas 25.000 personas.
Algunos sectores accedieron a todos los servicios; otros siguen sin cloacas o sin gas y dependen de la leña o la electricidad para calefaccionarse. “Fue el lugar menos codiciado, con casas sociales y familias que levantaron su vivienda a pulmón. Hoy es donde queda tierra y la voracidad inmobiliaria empieza a arrasar con bosques y arroyos”, advirtió.
Desde el Colegio de Ingenieros, Jorge Levang aportó la mirada técnica. “El diagnóstico fue casi unánime: la ciudad creció muy rápido y la infraestructura quedó muy atrás”, enfatizó. Estimó que el ritmo de crecimiento duplicó la media nacional.
Recordó que en cada temporada alta, con la llegada de los turistas, la Cooperativa de Agua avisa que la capacidad de las plantas de tratamiento alcanza su límite. Señaló que algo similar ocurre con la circulación: el tránsito en la Ruta 40 se encuentra en un estado «crítico» para la cantidad de vehículos que tiene San Martín. Baroni agregó que, por otro lado, el transporte público no reduce la carga, ya que no se conecta entre los distintos barrios y recorre largas trayectorias en calles de ripio en mal estado.
Así, el plan apunta a resolver estas problemáticas. Para Rodríguez, las prioridades que surgieron en más de 100 reuniones y talleres son: servicios sólidos para no contaminar los lagos, acceso a vivienda y suelo frente a alquileres permanentes que compiten con los turísticos, y defensa de una identidad urbana de escala humana. “San Martín necesita una ciudad vivible, abarcable y transitable, con reglas que todos conozcan y respeten”, afirmó.
Compactar ciertas áreas de San Martín de los Andes, una de las alternativas
Durante el debate, apareció uno de los temas que más ruido generó: los edificios. Rodríguez aclaró que no se trata de “llenar de torres” la ciudad. Remarcó que la normativa ya permite hasta 9,50 metros (planta baja y dos pisos), pero el promedio construido no llega a los 4,5 metros. “No hace falta subir la altura para compactar”, sostuvo.
Levang precisó que la discusión se centra en cómo crece la “mancha urbana”. La localidad ocupa cada vez más territorio con baja densidad y eso encarece los servicios, por lo que buscan «densificar» zonas que ya cuentan con agua, cloacas, energía, gas y paso de transporte público.
“La idea fue crear subcentralidades en barrios históricos donde hoy ni siquiera se permiten comercios, aunque viven más personas que en el centro”, comentó. Indicó que una alternativa podría ser construir «edificios de planta baja y unos pocos pisos, con locales y oficinas abajo y viviendas arriba», en puntos específicos de San Martín.
Advirtió que, de no considerarse esta posibilidad, problemas como el tránsito podrían agravarse: “Si no tocamos la densidad y dejamos que la ciudad se siga explayando, el atasco que hoy se siente en la Ruta 40 va a empezar cinco kilómetros antes».

De todas maneras, el ingeniero entendió que se opusiera cierta resistencia, de hecho él también la sintió. “La primera vez que escuché la idea de densificar no me cayó nada bien, uno tiene la imagen de San Martín con los barrios de casitas”, reconoció. Sin embargo, el debate y las propuestas le abrieron otra perspectiva. Por eso invitó a los vecinos a participar e involucrarse, pero respetando los buenos tratos, ya que el último encuentro del miércoles se puso «algo tenso». «No hay nada grabado en piedra”, remarcó.
El trabajo técnico que encabezó el Consejo de Planificación Estratégica de San Martín de los Andes, con asistencia del COPADE y financiamiento del Consejo Federal de Inversiones, partió de una proyección contundente: la ciudad necesitará entre 13.000 y 19.000 viviendas nuevas para residentes permanentes de acá a 2040.
Si se mantuviera el patrón de expansión actual, debería sumar unas 2.300 hectáreas y aumentar en torno al 70 % su superficie urbana. Los equipos advirtieron que ese escenario encarecería servicios, saturaría rutas y provocaría un impacto ambiental difícil de revertir.
Los vecinos comenzaron a instalarse sobre el límite del ejido, pero del lado provincial. Levang advirtió que allí se construyen urbanizaciones con parámetros que no define el municipalidad, aunque sus habitantes usan a diario las calles, las escuelas y los servicios de San Martín de los Andes. Baroni lo ve desde Chacra 32: “Hay muchos barrios fuera del ejido municipal que dependen en un montón de cosas de este municipio y no pagan los impuestos acá”.
Por eso, el plan también contempla la ampliación del ejido hacia Junín de los Andes, hoy trabado en la Legislatura neuquina. Trabajan con dos escenarios: con y sin esa expansión. En ambos casos, Levang insiste en que, como mínimo, la Provincia debería exigir a los nuevos loteos que copien los indicadores urbanísticos de los barrios linderos que sí están dentro de la ciudad, para evitar “manchas” sin lógica y permitir que San Martín pueda planificar lo que, de todos modos, ya se está construyendo en sus bordes.
Para Rodríguez, el mayor riesgo consiste en dejar el plano urbano en manos del azar. “La peor situación es no tener códigos. En una ciudad que crece así, sin reglas, rige la ley del más fuerte y de la selva. Eso no construye una buena convivencia ni buenas ciudades”, recalcó.
El futuro Código de Planeamiento Urbano buscará reemplazar más de 130 ordenanzas dispersas por un único sistema de normas públicas y previsibles. Prevén que el proyecto llegue al Concejo Deliberante en septiembre.
Una ciudad que contemple a los jóvenes: otro punto del debate en San Martín de los Andes
El futuro de las nuevas generaciones también atraviesa las conversaciones. Baroni contó que su hija se fue a Buenos Aires para estudiar una carrera que San Martín de los Andes no ofrece, una postal que se repite en muchas familias. Valoró la presencia de la Universidad del Comahue, el Instituto de Formación Docente y las escuelas técnicas, pero consideró que la oferta «quedó corta» frente a la demanda.
Agregó que la falta de planeamiento hizo que algunos edificios nuevos nacieran chicos desde el primer día. «Ese nuevo código tiene que contener a esos jóvenes para que no se vayan. La ciudad tiene recursos y necesita su conocimiento”, enfatizó.
Por otra parte, observó que en materia sanitaria crece la demanda salud mental: la salud pública no da a basto y los especialistas escasean. De todas maneras destacó que el centro de salud de complejidad dos que la Provincia prometió para Cordones de Chapelco esté próximo a realizarse, para contribuir a tratar la problemática.
Para Laura, involucrarse en el debate por el nuevo Código Urbanístico es una forma de agradecer a San Martín de los Andes la oportunidad que le brindó hace 18 años. Oriunda del conurbano bonaerense, dejó atrás un trabajo formal de dos décadas y una «calidad de vida pésima» para buscar un nuevo comienzo junto a su hija en la cordillera.
“La calidad de vida me cambió al 100%. Hoy vivo en una casa social que conseguí a pulmón y mi trabajo en la Junta Vecinal es una forma de contribuir a este lugar”, expresó y resaltó: «A veces los que venimos de ciudades ‘rotas’ valoramos más el bosque, el mallín y la paz, y queremos que eso se cuide».
Confía en que, con un plan, San Martín de los Andes podrá seguir siendo ese refugio que ella eligió: una ciudad que crezca sin perder su esencia: «Queremos mantener la tranquilidad de caminar por las calles y que los espacios de encuentro funcionen. En eso estamos trabajando, para que el crecimiento sea, finalmente, un sinónimo de bienestar».
Vecinos, especialistas y organizaciones sociales debaten cómo quieren que sea San Martín de los Andes de acá a 2040. "Hay zonas bajo presión inmobiliaria que debemos proteger, como los mallines y las laderas con mucha pendiente, y hay que atender la capacidad de tratamiento cloacal para no contaminar nuestros espejos de agua”, aseguró el coordinador del Consejo de Planificación Estratégica, Martín Rodríguez.
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