Educación y trabajo 01-11-03
Por Miguel A. Pichetto (*)
(*)
La formación de las futuras generaciones señala el proyecto político que tiene un pueblo en democracia. La responsabilidad política es pensar un proyecto de país que es necesario crear, planificar y ejecutar para lograr las transformaciones que la sociedad requiere.
formación de las futuras generaciones señala el proyecto político que tiene un pueblo en democracia. La responsabilidad política es pensar un proyecto de país que es necesario crear, planificar y ejecutar para lograr las transformaciones que la sociedad requiere.
Como política de Estado, la educación es la que torna posible la concreción de ese proyecto de país. Por ello existe una relación vinculante entre el diseño del modelo educativo y las realizaciones del proyecto político.
Desde esta concepción no es viable pensar la escuela sin su contexto, separada del trabajo y la producción o ausente en el proceso de innovación científica y tecnológica.
Para ello es necesario pensar en las competencias que deben adquirir los jóvenes en la escuela, en tanto las transferencias tecnológicas modifican la demanda que debe satisfacer el sistema educativo.
Como sostiene el ministro Daniel Filmus en diversas publicaciones, «las nuevas tecnologías de automatización, basadas principalmente en la introducción de la informática y la microelectrónica, con formas radicalmente distintas de organización del trabajo, comienzan a generar un nuevo paradigma productivo». «Este paradigma significa el ocaso de los modelos tayloristas y programas específicos del FMI, vigentes hasta el momento», sostiene Filmus. Modifican sustancialmente los desafíos que debe asumir el sistema educativo para formar a los trabajadores y profesionales necesarios para participar activamente en los nuevos sistemas productivos».
Las competencias que hoy surgen como demanda se basan en adquirir capacidades para el cambio permanente, para la formación continua y los nuevos procesos productivos asentados en las innovaciones científicas y tecnológicas. Ello remite a la concepción de técnica como «la idea que se lleva a la acción, a través del trabajo» (Max Sorre, 1970) como el eje del nuevo paradigma de la educación para dar respuestas al nuevo paradigma productivo que demanda el desarrollo de los pueblos.
Si bien las reformas educativas aplicadas en el Nivel Medio, tanto en las escuelas involucradas en la Ley Federal de Educación como en la provincia de Río Negro, intentaron transformaciones, no contemplaron la formación de una «base crítica» que sostenga el futuro técnico y profesional que exige el desarrollo científico y tecnológico del futuro en base a la «teoría de la acción, teoría del hacer».
Revitalizar las escuelas industriales, adecuar sus programas a los requerimientos de los nuevos procesos productivos, capacitar a los docentes en los nuevos paradigmas del trabajo y su organización es una de las necesidades que se deben atender desde las escuelas medias.
No cabe en este análisis crear modelos educativos antagónicos, de confrontación, sino de cooperación y complementación para que el efecto sea multiplicador en la transformación social. Se entiende como responsabilidad del poder político la de gestionar la formación de recursos humanos para el nuevo modelo de desarrollo económico y transformación de la economía nacional y regional.
En la provincia de Río Negro se requiere de un programa de innovación de las escuelas técnicas, desde sus planes de estudio y su actualización en equipamiento, para avanzar en la formación de mano de obra altamente capacitada para la tecnificación de las actividades económicas primarias, la industrialización del conjunto de materias primas que ellas proveen y su exportación, contemplando la especificidad de los circuitos económicos regionales.
Como sistema de acciones, es posible pensar los proyectos de educación y trabajo como modelos de gestión de las escuelas técnicas, con fuerte vinculación con el desarrollo local y con el circuito económico regional.
Ello refiere a la enseñanza básica, a la capacitación, al perfeccionamiento, como también a los procedimientos de investigación que permiten la adecuación sistemática y permanente a los cambios que el desarrollo científico y tecnológico impone. Es la comunidad educativa la que se inserta en la escuela y se beneficia con los avances que desde ella se difundan respecto del trabajo y la producción.
En el caso de las tecnologías nuevas, las industrias consideradas básicas para el futuro próximo (microelectrónica-biotecnología-telecomunicacio-nes-nuevos materiales-robots e informática) pueden instalarse en cualquier lugar de la tierra, pero lo cierto es que los lugares van a ser seleccionados de acuerdo con los recursos humanos existentes (Thurow, 1990). «Dónde se instale dependerá de quienes puedan organizar la capacidad cerebral para aprovecharlos». (Roberts, Reich. 1993).
Simples reflexiones acerca de los paradigmas educativos que el país y América Latina necesitan en consonancia con los avances científicos y tecnológicos. Es necesario reflexionar profundamente acerca de las definiciones políticas que se deben concretar para lograr anteponer la escuela a los modelos de desarrollo. Ello se entiende factible desde la formación de trabajadores que prioricen el conocimiento y las competencias de creatividad para sostener los procesos de desarrollo.
(*) Presidente bloque de senadores del PJ