Ejes para una Argentina competitiva



Miguel Kelly*


El gobierno y la oposición coinciden en que para generar riqueza y crear empleo es necesario un crecimiento de las exportaciones y una balanza comercial positiva. Lamentablemente, suele asociarse este objetivo a un tipo de cambio alto. Pero ese factor es demasiado volátil para crear un mercado exportador sustentable. De hecho, muchos países son competitivos sin esa condición.

En sus reportes, el World Economic Forum (WEF) y el Institute for Management Development (IMD) ubican a la competitividad argentina en el puesto 81 sobre 140 países, y 61 sobre 63, respectivamente.

El WEF tiene una metodología para la medición de la competitividad (International Competitiveness Index) que incluye 12 dimensiones con 98 criterios. Mientras que el IMD considera 4 dimensiones, con 20 factores y 342 criterios. Este dato, sumado a la continuidad de la medición que permite monitorear su evolución, brinda elementos valiosos para elaborar un diagnóstico y desarrollar políticas de Estado para mejorar la competitividad.

Desde el Estado deben evaluarse las ventajas comparativas y competitivas de diferentes actividades productivas y sectores de la economía.

De los 12 pilares del WEF, hay 5 donde Argentina se ha ubicado dentro del 10% de países menos competitivos durante la última década. Entre estos puntos se encuentran Calidad Institucional, Ambiente Macroeconómico, Eficiencia del Mercado de Bienes, Eficiencia en el Mercado Laboral y Desarrollo del Sistema Financiero.

Desde el Estado deben evaluarse las ventajas comparativas y competitivas de diferentes actividades productivas y sectores de la economía, como para fomentar su desarrollo a partir de políticas públicas. Dentro de este marco el sector privado, en base a su estrategia, gestión comercial, gestión operativa y gestión de personas, deberá ocuparse de generar los bienes y servicios para competir en el mundo.

Cabe destacar que en octubre de 2018 el Gobierno lanzó el plan Argentina Exporta basado en lograr 5 objetivos: acceso a los mercados, facilitación del comercio, financiamiento, calidad y acompañamiento de las empresas. Allí se hace mención especial a la “estabilidad para exportar” y la necesidad de normalizar las variables macroeconómicas, que sería uno de los pilares críticos según el WEF.

Pero no hay una mención específica (lo que no quiere decir que no esté considerado) a políticas que llevarían a remediar los criterios más desfavorables dentro de los pilares críticos ni a mejorar aquellos en declive.

Por ejemplo, una empresa de alimentos orgánicos para exportación debe encarar un largo y estricto proceso para buscar nuevos clientes. Para eso, tiene que desarrollar confianza y cumplir con las regulaciones imperantes, asegurar la calidad de los productos entregados, cumplir con sus compromisos y competir con otros países.

En este negocio podemos considerar algunos temas críticos que hacen a su competitividad y salud, que exceden la responsabilidad del empresario y que están en manos del Estado poder mejorarlos. Entre ellos, niveles arancelarios, impacto impositivo, tipo de cambio, valor de la moneda, logística terrestre y marítima ágil y previsible en costos y cumplimiento, contrataciones transparentes, financiación de capital de trabajo a tasas competitivas, personal calificado para la cosecha, libertad para contratar y productividad laboral.

Resolverlo lleva tiempo, pero es el camino que recorrieron varias economías para crecer y brindar mejores condiciones de vida a su población.

*Ingeniero y especialista en productividad y competitividad de pymes


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