El arte viste con esculturas otra zona del Canalito

Los escultores que participan en el cuarto encuentro tienen casi listas las obras. En diálogo con este medio, Oscar De Bueno, de Capital Federal, le da a la escultura el papel de cronista de la época y la historia.



ROCA- “Soy escultor y docente. Tengo la cátedra de escultura en la escuela de Bellas Artes de la escuela Prilidiano Pueyrredón de la Capital Federal y me interesan todas las actividades que tengan que ver con la escultura, con su desarrollo y su participación en la sociedad” fue la forma de presentarse de Oscar De Bueno, que vino al encuentro de escultores. “En el aspecto docente, he participado en charlas, encuentros y todo aquello que hace al mundo de la escultura”.

– La escultura está en este momento -digamos- en auge ¿tiene que ver conque a partir de estos encuentros se haya creado un público nuevo para este género artístico?

– “Sí, encuentros que generan una gran convocatoria, personas de todas las edades que tienen una participación activa en la charlas. La escultura hasta la década de los ochenta no estaba a la cabeza de la producción artística. Eso se fue revirtiendo de a poco porque en cuanto a la plástica la pintura siempre tuvo más convocatoria. En algo este tipo de encuentros influyó para ese cambio. La gran convocatoria se logra porque el arte contribuye a la construcción de la identidad individual y colectiva y a través del arte se hace una crónica de la época. Entonces queda graficado un momento cultural, histórico, en donde la escultura forma parte del todo. Puede ser figurativa, abstracta, con un perfil concreto o conceptual. Ese pensamiento de la época queda materializado en la escultura a través de cualquiera de los cuatro lineamientos básicos”, explicita.

“Y es fundamental que la escultura esté en espacios públicos. De esa manera la obra es parte de todos. Contribuye junto con la arquitectura a marcar el paso de una época, de una idiosincracia, un pueblo, un lugar, al emplazarlas al aire libre”.

“Hay carencia de esculturas de formas contemporáneas, y por eso para nosotros es un desafío no sólo trabajar contra el tiempo porque tenemos una semana para desarrollar una escultura de aproximadamente dos metros, sino que lo es también el generar una escultura que tenga un carácter humanístico”.

“Yo vine con una idea pero el entorno lo modificó”, explica este artista ganador de varios premios nacionales. “El alma de la escultura ya se ha ido modificando en función de la arquitectura que la rodea y de la formas geométricas del lugar donde está emplazada. La mía está emplazada sobre una base circular, y eso ya me está determinando un cambio formal. Yo mismo me voy modificando, en la charla con los colegas voy aprendiendo; en la charla con la gente que se acerca, también. Y en la medida en que uno es permeable a esas modificaciones, la obra se va a ir cambiando”.

– Tu obra se enmarca dentro de los lineamientos de la escultura abstracta y concreta. ¿ Esa es tu modalidad habitual o la tuviste que adaptar?

“El planteo formal y estético -con el cual yo vengo trabajando hace años- tuvo que ser modificado en su material y en su técnica. Lo que más trabajo yo es hierro, acero y las maderas duras, combinándolos. Pero en el aspecto formal, compositivo, no difiere de lo que siempre vengo haciendo”, aclara.

En cuanto a los encuentros -opinó- “son absolutamente provechosos porque no sólo nos dan la posibilidad de desarrollar una obra que queda emplazada, sino que nos permite vivenciar, y sobre todo intercambiar experiencia con gente de más experiencia”.

“Somos todos de diferentes lugares del país y si no venimos a estos encuentros, no nos conoceríamos o nos veríamos muy de vez en cuando”.

Por otra parte, admitió que “esto es muy importante sobre todo por la mecánica que tiene la escultura: somos muy bichos de taller en nuestro trabajo, y esto nos permite un intercambio muy provechoso”.


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