El arte y su capacidad de sanar sube a escena con “Miedos internos”

El grupo Artepidol trabaja con la salud mental y usa el teatro, la música y la poesía como actividades terapéuticas desde hace 15 años. El domingo presentan su cuarta obra de teatro en Cipolletti.



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Las obras de teatro sirven también para generarles ingresos a sus participantes y lograr la necesaria autonomía e independencia.

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“Miedos internos” se presentó en Neuquén, en septiembre. (Foto: Fotos: Mayra Chapochnikoff )

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Uno de los mayores prejuicios sobre las personas que atraviesan algún proceso psiquiátrico o que están medicadas es que son peligrosos. Prestando atención a la realidad cotidiana no es difícil entender que hay más probabilidades de que el daño lo haga una persona “normal”. La reivindicación del “loco” cobra sentido cuando se toma consciencia sobre su necesidad de ser escuchado y sobre todo, de ser amado y de pertenecer a un grupo.

“La gente piensa que somos peligrosos, pero lo peor que puedo hacer es dejarte sin aire de un abrazo”, dijo entre risas Lorena, una de las participantes del taller Artepidol, que desde hace 15 años llevan adelante un grupo de psicólogos sociales y de artistas. Entre sus actividades, hacen teatro, cantan, bailan y escriben poesía. Con las herramientas de Pichon Riviere, conjugan el arte con lo terapéutico para “reandar los caminos de la salud”, dijeron.

Este domingo presentan su cuarta obra de teatro “Miedos internos”, en La Caja Mágica de Cipolletti, a las 21.

Las obras de teatro son parte de una cooperativa de trabajo que permite a los participantes generar un ingreso, en la búsqueda de autonomía e independencia.

Héctor se acercó por curiosidad y se sentó cerca. En sus ojos se veía la necesidad de participar y de contar su vivencia: “Yo estoy desde que empezó Artepidol”, recordó y contó que en los talleres hizo amigos y conoció a su compañera. “Tengo una segunda familia, la familia galáctica como dice Rulo”, relató. Él es un de los pocos participantes que trabaja, pero con la cooperativa de teatro recauda algo más de dinero que lo ayuda a subsistir.

“Las sociedades no se suicidan, antes de llegar a eso vemos cómo hacerle frente a la crisis, y es eso, agarrándose del otro, estando con otros”, resumió el alma mater de Artepidol, Gustavo “Rulo” Lupano. Así comenzó a desarrollarse este espacio en el que no se trabaja con diagnósticos, ni se habla de pacientes. “Trabajamos con la salud y por lo tanto con sujetos que tienen historias”, resumió.

“La enfermedad es como la ruptura de todas las uniones, primero la unión con la realidad, con los vínculos, con la belleza. Permitirnos estar con otros y redescubrir el potencial creador da un lugar de reconocimiento y de participación. Eso ya es terapéutico”, sostuvo.

Nacho es una de las estrellas de los Domingos de Terciopelo por sus conocidas interpretaciones de Sandro. Con sus movimiento de pelvis y el revoleo del micrófono, supo conquistar a la audiencia. “Me encanta estar en Artepidol”, expresó. “Me siento muy bien con mis amigos, canto y hago teatro. Es algo que me encanta y lo voy a hacer muchas veces todo lo que pueda”, dijo con efusividad.

Javier se sumó a Artepidol en el 2004 y reconoció sentirse “mas conectado”, y aseguró que “antes estaba más aislado. Mejoró la sociabilidad, ahora tengo amigos y hoy estoy cursando la carrera de Psicología Social”, enfatizó.

La idea que busca el camino de la curación

“La enfermedad es como la ruptura de las uniones con la realidad, con los vínculos, con la belleza. El potencial creador da un lugar de reconocimiento”.

Gustavo “Rulo” Lupano, alma máter de Artepidol.

Datos

Artepidol es un colectivo de psicólogos sociales que, con la ayuda de profesionales en teatro, literatura o música buscan generar autonomía, comunión y en definitiva, curación. De forma autogestiva y hace 15 años llevan adelante, todos los martes, un taller, y luego realizan una muestra mensual denominada “Domingo de Terciopelo”. Fue iniciado por el cipoleño (por elección) Gustavo “Rulo” Lupano durante una práctica de la carrera de Psicología Social, en el hospital Castro Rendón. El nombre surge de una comparación entre el Alopidol, la droga que muchos de los participantes toman y el arte. En el año 2002 definieron que era mejor consumir más Artepidol que Alopidol.
“La enfermedad es como la ruptura de las uniones con la realidad, con los vínculos, con la belleza. El potencial creador da un lugar de reconocimiento”.

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