El cambio es posible
OPINION
1910 fue un año en el que el modelo agroexportador de la generación del 80 se manifestó con claridad tanto en sus enormes logros económicos y de posicionamiento del país en el mundo como en sus deficiencias desde el punto de vista social.
A la par de ese país que crecía fuerte y acompañado por normas como la ley Sáenz Peña del voto universal y secreto (aunque solo para hombres), también existía la Argentina en la que la riqueza se acumulaba en pocas manos y el fraude electoral estaba a la orden del día. La exclusión del sector de los trabajadores y el hacinamiento en el que vivían muchos de ellos provocaron también en esos festejos del centenario la presencia de manifestaciones y protestas que expresaban la otra cara de un proceso que no tenía sólo ganadores.
En esa época se introdujeron técnicas modernas en la agricultura y la ganadería, se construyó una extensa red ferroviaria, se impulsó una gran ola inmigratoria y se recibieron inversiones destinadas a la infraestructura en puertos y transportes ferroviarios, como también en frigoríficos.
En Río Negro, particularmente, surgía el riego en el Alto Valle y los pueblos de la región se convertían en ciudades potentes con miles de inmigrantes que practicaban la cultura del esfuerzo, el trabajo y el progreso y así crecían tanto la agricultura como el comercio.
Hoy no podemos hablar de progreso, de desarrollo, de inversiones, de inserción positiva del país en el mundo. Hoy, la región de Río Negro, Neuquén y el sur de la provincia de Buenos Aires atraviesa una crisis que no merecen los ciudadanos comprometidos, como entonces, con el esfuerzo y el trabajo.
Pero se vienen nuevos tiempos, tiempos tan cambiantes que nos permitirán aprender de los errores del pasado, para no repetirlos y poder crecer realmente de forma equitativa por primera vez en 200 años. Hacia el 2015 tendremos la posibilidad de renovar nuestras autoridades locales, provinciales y nacionales. Hacia el 2015, si gran parte de la ciudadanía se hace cargo del poder que le es indefectiblemente propio y protagoniza un proceso de transformación asumiendo un nuevo compromiso con “lo público”, nuestro país puede experimentar ese salto cualitativo que tantos estamos deseosos de dar desde hace tiempo.
Por Gabriela Michetti