El desafío de Los Gigantes
Aunque sabíamos del encanto de las sierras cordobesas, nunca imaginamos sus paisajes tan mágicos. En lugar de ir por los típicos destinos para llegar a la capital, elegimos la soledad y las grandes alturas.
Suple VOY
Jimena Sánchez lavidadeviaje@gmail.com
Cruzamos un puente y arribamos a San Marcos Sierras luego de pedalear por los caminos de Ongamira. Optamos por frenar dos días: nuestras piernas nos piden un respiro. Al instante nos conectamos con la energía envolvente y el pulso lento del pueblo: San Marcos es la cuna de muchos artistas (escritores, músicos, poetas), artesanos, ecologistas y terapistas alternativos. La mezcla de todos ellos, sumado a que el lugar está anclado en el medio de las sierras cordobesas, lo hacen especial. El descanso es profundo y a las 48 horas ya estamos como nuevos para lo que se viene.
Definir coordenadas En lugar de ir por los caminos típicos de Córdoba (La Falda, Cosquín, Villa Carlos Paz) elegimos pedalear por rutas solitarias que crucen montañas. Esto forma parte de la planificación de cualquier viaje en bicicleta: estudiar el mapa, evaluar cuáles caminos son los más transitados para evitarlos y por sobre todo, preguntarse qué es lo que uno disfruta más.
Nuestra respuesta fue obvia: alejarnos de la civilización por un rato y adentrarnos en lo desconocido aunque sea más difícil. Por eso el camino de Los Gigantes al oeste de Córdoba era la mejor opción. La entrada en calor es por los caminos de asfalto y ripio que desembocan en Villa de Soto y que continúan hasta Taninga por la Ruta Provincial 15. A partir de ese punto, doblamos a la izquierda para cruzar la provincia de oeste a este.
Todo un reto La Ruta 28 nos desafía desde el momento cero: los primeros 25 km son de tierra y subida progresiva. Las curvas y contra curvas nos invitan a pedalear en el cambio más liviano, pero de a poco y con cada metro de altura que vamos ganando, el paisaje se vuelve espectacular. Es un duelo para las piernas, los pulmones y la cabeza. El velocímetro marca 7 km/h y avanzamos al mismo ritmo que las nubes. Si no fuese por las elevaciones de los cerros podríamos cerrar los ojos e imaginarnos en la Patagonia. El viento frío que sopla, los helechos típicos que abundan en Santa Cruz, Chubut, y Río Negro; sentir que alcanzamos a tocar el cielo con cada pendiente. Llegamos a un mirador y anoto en mi cuaderno: “desde acá arriba se pueden ver todos los caminos que recorrimos. Escucho un silencio íntimo, penetrante. Observo los volcanes que están enfrente, las rocas ásperas, los cerros cordobeses y pienso: Argentina, no dejás de sorprendernos”.
De otro planeta Luego del mirador, una curva. Y ahí mismo, cuando pensábamos que ya habíamos visto todo, aparecieron ellos: Los Gigantes. Son un cordón montañoso que tiene algunas de las cimas más altas de las Sierras Grandes, ubicados dentro del departamento del Valle de Punilla. Sobre el macizo hay una nube con una forma tan extraña que frenamos para sacar algunas fotos y ponernos las camperas: el viento de verdad hiela. Desde arriba vemos que un río cruza el valle y que hay árboles verdes que esconden dos estancias. ¿Les pedimos permiso para acampar o buscamos un lugar por nuestra cuenta? Nos tienta más la segunda opción para continuar con nuestro plan de estar lo más conectados con la naturaleza posible. Encontramos el lugar perfecto para acampar: al lado del río San Guillermo y sobre un colchón de arena. Los peces saltan mientras nosotros tendemos la carpa para descansar. Las nubes continúan alocadas, yendo y viniendo hacia todas las direcciones y algunas están grises de humedad. La cena son tallarines con salsa sin ningún otro condimento, pero en este contexto paradisíaco, son los fideos más sabrosos del mundo.
Tobogán Al día siguiente nos quedan 10 km para llegar a los 2.000 metros de altura. El camino se hace tedioso porque las rodillas ya están cansadas, pero pedaleamos con una sonrisa a pesar de que el viento sigue soplando sin piedad. Sabíamos que después de tanto esfuerzo se venía la recompensa: la certeza de que para llegar a Tanti no íbamos a tener que pedalear porque todo el recorrido sería en bajada.
Después de dos días de merecido descanso continuamos hacia Córdoba Capital. Allí nos están esperando los especialistas de Venzo Argentina para hacerles unos mimos a nuestras bicicletas luego de los 5.000 km que ya cargan a cuestas. Las cadenas están estiradas, las cubiertas gastadas y los patines de freno gritan pido. Para llegar a la capital vamos por la Ruta 38 de asfalto que pasa por Bialet Massé y que bordea el lago San Roque. El camino, a pesar del tráfico, es maravilloso y en descenso… pero no cantamos victoria. Córdoba nos quiere seguir desafiando: la próxima gran aventura serán las Altas Cumbres.