El detrás de escena de los trabajadores de la nieve

En Bariloche, antes que la multitud invada cada día el Catedral, un complejo engranaje se pone en marcha para que el cerro presente su mejor versión con tareas que continúan toda la jornada. Aquí, un puñado de historias que simbolizan muchas otras.



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Identidad. “Es mi vocación, mi familia. Me crié en el cerro”, dice Ceferino. (Foto: Marcelo Martínez )

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Empalmar los cables, parte de la tarea de Omar. (Foto: Marcelo Martínez )

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Cerca de la jubilación, Orlando afirma: “Cuando eso pase, seguiré viniendo a pasear...”.(Foto: fotos marcelo martínez )

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Detrás de las 10.000 peatones y esquiadores que concurren al cerro Catedral día a día, toda una ingeniería de labores y un sinfín de historias se tejen en torno al centro invernal durante las 24 horas del día, cuatro meses al año.

La montaña abre al público entre las 9 y las 16.30 pero el engranaje para mantenerla en funcionamiento requiere esfuerzos durante todo el día. Los primeros en llegar a la montaña lo hacen minutos antes de las 7 para verificar el estado de las pistas y controlar los medios de elevación. El resto se va sumando en el transcurso de la mañana en torno a los cuatro sectores de la montaña.

Cuando baja el sol y poco a poco, el cerro vuelve a quedar desierto, otro grupo se dispone a pisar las pistas durante la noche y la madrugada; mientras otros se abocan a la fabricación de nieve.

Una buena parte de los 330 empleados del cerro Catedral cuentan con más de 25 años de experiencia en la montaña.

Hay historias de hasta tres generaciones que trabajan hoy en la montaña.

¿Qué significa el cerro para mi? Simple: toda mi vida”, señala Omar Mellin y de inmediato, los ojos se le llenan de lágrimas.

La frase también es compartida por Orlando Villanueva, Ceferino Rubilar y Julio Díaz, tres trabajadores de Catedral Alta Patagonia con más de 30 años de experiencia.

Manteniendo los medios

Hoy tiene 58 años pero Omar comenzó a trabajar en el cerro con solo 22. Arrancó en la boletería pero al tiempo, pidió el traspaso y consiguió su objetivo: integrar el equipo de mantenimiento de los medios de elevación. Actualmente, supervisa el área.

“El trabajo más fuerte es en verano cuando se desarman la mayoría de los medios de elevación para hacer un mantenimiento preventivo. Ahora solo mantenemos la cabina y tenemos una guardia en caso de emergencia. Hemos llegado a estar desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la mañana haciendo arreglos. Algo se rompe hoy a las 17 y mañana debe estar reparado”, asegura Mellin.

Apasionadamente, describe su rol: “Hago los empalmes de los cables. El cable viene en bovinas y en todos los medios, se hace una unión del largo del medio. Eso está homologado por las normas internacionales. Es un trabajo artesanal que tuve la suerte de aprender de un técnico. Hice un curso con un austríaco y cada vez que llegan cables nuevos, traen empalmadores -a modo de garantía- a los que yo trato de exprimir para aprender un poco más. Soy el único que hace este tipo de trabajo”.

La responsabilidad que pesa sobre él tampoco le es ajena. “Si el cerro mueve 13.000 personas por día soy consciente de que deben estar seguras”, plantea Mellin.

Guardia y guía turístico

Orlando estira su mano hacia una nena para ayudarla a ingresar al cable carril. Una vez que todos están adentro de la cabina, cierra las puertas y pregunta si “hay alguna embarazada”. “Creo que no”, dice una mujer y todos se ríen.

Cuando el cable carril empieza a moverse, Orlando acerca una banqueta a un hombre y le sugiere que “acomode a su peque”. El viaje continúa con bromas y una infinidad de preguntas durante todo el tramo.

“Casi soy parte del inventario y ya me estoy por jubilar pero cuando eso suceda, seguiré viniendo a pasear”, reconoce Orlando Villanueva que lleva 34 años trabajando en el cerro aunque prefiere no dar a conocer su edad. Su hijo, de 43, es técnico en el Catedral y su nieto, de 18, ingresó recientemente como sillero.

Orlando estaba a cargo de una confitería en el cerro pero cuando se generó una vacante en los medios de elevación, le ofrecieron el puesto y no dudó en aceptar. Explica que su función es “la seguridad del coche y hacer de guía” aunque por las noches también trabaja como sereno.

“Trato de que la gente esté cómoda y reciba toda la información que pide. Me preguntan sobre el cable carril, cuántos años tiene. Les cuento que es el medio más viejo que tenemos (de los 50) y el único en su tipo en el país”, expresa este hombre nacido en Osorno que se vino a Bariloche a muy corta edad y desde hace años, realiza 40 viajes en el cable carril por día.

Los socorristas

“Siempre sabés cómo empieza el día pero nunca cómo termina. Si se pierde alguien, nos tenemos que quedar a buscarlo”, relata Mario Ruiz, jefe de patrulla, mientras recibe mensajes a través de una radio. Sucede que en temporada de invierno, suelen registrarse un promedio de 30 accidentes por día.

“Llegamos a las 7.45 y subimos a la montaña de noche, continúa Ruiz, para hacer la apertura de las pistas y ver cómo está todo: el pisado, la calidad de la nieve, si hay obstáculos nuevos, si hubo viento o tormenta, si hay algún árbol caído o algún arroyo se salió del cauce”.

Los patrulleros son los primeros en salir a la montaña cuando empieza a amanecer y se definen como “multifacéticos” ya que están a cargo de evacuar a las personas accidentadas, se encargan de la apertura y cierre de las pistas, la prevención de avalanchas y la señalización.

Ceferino Rubilar trabaja como patrullero desde 1984 pero a los 6, comenzó a esquiar “gracias a Catalina Reynal, que nos dio la posibilidad de conocer el cerro a muchos otros chicos que, de otra forma, no teníamos acceso”.

De más grande, durante cuatro temporadas, estuvo a cargo de llevar la mercadería esquiando hasta un restaurante. Tras sufrir un accidente en la montaña, decidió abocarse a los primeros auxilios y se sumó al equipo de patrulla.

“Esta es mi vocación y es mi familia. Yo me crié en el cerro. El trabajo ha ido evolucionando. Era una actividad muy primitiva, muy básica. Solo se socorría a alguien; ahora ampliamos los conocimientos según cada caso”, recalcó y agregó que muchas veces, deben “salir a buscar a gente perdida en la montaña que por una cuestión cultural, no lee la cartelería y se sale de la pista. Hemos llegado a estar hasta las 4 de la mañana buscando a gente”.

Sobrevivió a una avalancha

Durante 7 horas consecutivas por día, Julio Díaz es uno de los encargados de pisar las pistas. Lleva 36 temporadas realizando ese trabajo. “Es solitario y arriesgado porque tenés partes donde no hay base para hacer camino. Los caminos se hacen sobre la nieve. Se complica cuando hay tormenta y hay que conocer mucho la montaña para no perderse. Me relaja estar allá arriba”, sintetiza Díaz.

Entró a trabajar en el cerro Catedral con solo 18 años. En 1986, se sumó al equipo de pisado de nieve. “Es lo que quise desde un primer momento”, reconoció este hombre de 54 años que se define como “un sobreviviente de la montaña”.

El primero de julio del 2000 quedó sepultado durante 9 horas bajo la nieve tras una avalancha en la madrugada mientras trabajaba. Dos de sus compañeros murieron a causa del accidente.

“Estuve solo algunas horas consciente. Me salvó el aire que entraba por la ventana porque la máquina tenía un metro de nieve encima. Me costó cuatro años recuperarme, tuve que hacer un tratamiento en Buenos Aires. Fue doloroso, lo superé y volví a trabajar aunque muchos amigos no querían que vuelva”, señaló Díaz quien no dudó en recalcar: “Acá está mi vida”.

Durante muchos años, trabajó por la madrugada; esta temporada, comenzó a ingresar a las 17. “Hago el pisado del filo, Nubes hasta los 1600 metros para que las pistas queden perfectas al día siguiente. Ahora es más fácil porque las máquinas son más modernas. Cuando me sobra tiempo, les doy una mano a otros compañeros”, reconoció.

El dato

“Antes se estilaba hacer asados arriba en la montaña pero esto era mucho más familiar. Ahora no se puede. Es un mundo de gente”.

Omar Mellin, supervisor de mantenimiento de los medios de elevación

“Te das cuenta cuando la gente llega que recién empieza sus vacaciones porque están acelerados. Después se relajan”.

Orlando Villanueva, seguridad del cable carril y sereno

“Ser patrullero es una profesión que va en alza. En el 2019 habrá un Congreso Internacional de Patrulleros en Bariloche”.

Ceferino Rubilar, integra el equipo de patrulla del cerro Catedral

El instructor de la doble temporada

Claudio Aciar en plena clase.

Se llama Claudio Aciar pero responde al nombre de “Negro” y reconoce, orgulloso, que trabaja como instructor desde hace 35 años.

“Llevo una vida arriba de los esquíes y sigue siendo pura pasión”, asegura este hombre que, una vez que termina la temporada, regresa a Mar del Plata.

“Esquié en el Ski Club de los 5 años hasta los 18. Estuve en el equipo de competición y decidí hacerme instructor. En esa época, el Ministerio de Educación nos daba una especie de título terciario. Ya no”, plantea.

Aciar fue uno de los primeros instructores argentinos en desembarcar en los centros invernales de Andorra e Italia a fines de los 80. “Nada mejor que tener dos inviernos cuando sos joven; ahora, con uno me sobra”, dice risueño.

No lo duda. Asegura que cuando comienza cada temporada de invierno, “lo más lindo es el folclore del reencuentro con los amigos, con los colegas. Arrancás bien temprano con un cafecito y después, cada uno se vuelca a lo que tiene planificado en el día. Julio es más vacaciones en familia; en agosto y septiembre llegan más esquiadores”, indica.

“Los años te llevan a conocer la montaña. Ya sabés cuando si cae nieve húmeda y luego nieve seca hay riesgo de avalancha. La montaña es muy variable”.

Julio Díaz, integra el equipo de pisado de nieve

“Siempre sabés cómo empieza el día pero nunca cómo termina. Si se pierde alguien, nos tenemos que quedar a buscarlo”.

Mario Ruiz, jefe de patrulla

10.000

peatones y esquiadores se estima que suben al cerro Catedral por día en temporada alta.

60 pistas

34 medios de elevación y 1.200 hectáreas esquiables en el cerro Catedral.

Datos

330
Los empleados en temporada alta en el Catedral. De ellos, 120 integran la planta permanente todo el año.
“Antes se estilaba hacer asados arriba en la montaña pero esto era mucho más familiar. Ahora no se puede. Es un mundo de gente”.
“Te das cuenta cuando la gente llega que recién empieza sus vacaciones porque están acelerados. Después se relajan”.
“Ser patrullero es una profesión que va en alza. En el 2019 habrá un Congreso Internacional de Patrulleros en Bariloche”.
“Los años te llevan a conocer la montaña. Ya sabés cuando si cae nieve húmeda y luego nieve seca hay riesgo de avalancha. La montaña es muy variable”.
“Siempre sabés cómo empieza el día pero nunca cómo termina. Si se pierde alguien, nos tenemos que quedar a buscarlo”.

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