el disparador termina mal
Juan ignacio pereyra
pereyrajuanignacio@gmail.com
Lucas sale de un evento en Recoleta, donde todo era sushi y champagne. Camina dos cuadras y se siente mejor. Hace un llamado, manda un mail desde su celular y da por concluida su jornada laboral.
Son las nueve de la noche. Da unos pasos más por la avenida Las Heras y consigue un taxi.
Está un poco apurado porque hace media hora que un amigo lo espera para cenar.
–Vas a encontrarte con una minita –lo saluda el taxista.
–(risas) No, no, estoy llegando tarde, voy a ver a un amigo.
–Recién dejé a un negrito. Me dijo que tenía tres novias, además de su mujer. Un hijo con la jermu y uno más con una de las novias. Bueno, obvio que las minas están con él por algo más.
Era el estereotipo de los taxistas porteños. Después de largas frases inconexas en las que desarrolló sus teorías, lanzó su veredicto: “Las minas están con él por la plata, obvio. Porque, ¿viste? Y bueno, es así. Yo le dije al pibe que era mucho gasto y ahí me contó. El pibe la pegó. Hay gente que la pega. Él me contó que tiene un delivery y que con todo esto de la prohibición de vender alcohol y las nuevas leyes ahora se quedó con los mejores clientes. Un Dom Pérignon de esos caros, que en los hoteles venden como a cuatro lucas, el negrito lo consigue a mil y se lo vende al hotel a dos quinientos. Ya saca una luca y media, imaginate”.
***
El taxista llegó a la conclusión de que el “negrito”, además de tener “minas” y “plata”, también era “un vivo bárbaro”.
Se puso un poco serio y empezó a hablar directamente de sí mismo.
“Cuando el pibe me hablaba yo decía ‘Ah, pero fui un boludo toda mi vida’”.
Lucas seguía sentado atrás, casi invisible, no quería interrumpir el monólogo.
Pero el taxista lo hizo cómplice del asunto: “Porque es así, las minas se copan con la guita, vos sabés cómo es, qué te voy a contar”, sugirió el taxista.
Habían pasado quince minutos desde que Lucas había escapado del evento.
Sin poder eludir la charla, le hizo la misma pregunta que siempre les hace a los taxistas.
–Ustedes arriba del taxi también ganan mucho, ¿no?
–No, las minas saben que somos unas ratas. Igual hay de todo, hubo minas que no se me querían bajar del auto. Pero también es un poco un mito.
–¿Ah sí?
–Ojo que yo no hice ninguna. Nunca, nunca hice ninguna. Pasa que estuve 32 años casado y si hacés alguna cagás el matrimonio, lo destruís. El matrimonio se caga.
–Bueno, bien, contento con tu matrimonio.
–Mirá, tengo 54 años, dos hijos, un laburo… La verdad, estaba tan bien que no me daba cuenta de que estaba casado.
–¿Qué? ¿Igual se cagó?
–No, ¿sabés que no? Me quedé viudo.
–Uh, perdón… ¿qué pasó? ¿Un accidente?
–No, una enfermedad.
–…
–Cáncer de colon. Hizo metástasis y en dos meses la fulminó.