“El ejemplo de don Manuel Belgrano”
Ante los malos procederes de nuestros gobernantes en el pasado y ahora, un ejemplo: Macri con dos cuentas en Panamá (sin plata) y una en Bahamas (con plata), amén de su historia y la de su padre en el caso de Sevel y los uruguayos, suficiente para que ningún argentino lo votara. Pero recordemos a don Manuel Belgrano, que nació en Buenos Aires, hijo de un acaudalado comerciante Italiano que lo envió a estudiar Derecho a España, recibiéndose de abogado en Valladolid. Al regresar el virrey Cisneros lo nombró secretario del Real Consulado de Buenos Aires, haciéndose cargo de la Aduana. Observando de inmediato
–1806– que la corrupción en la misma era tremenda, por cuanto criollos, españoles e ingleses manejaban el contrabando a discreción, escribió: “Desengañémonos, jamás han podido existir los estados luego de que la corrupción ha llegado, a pesar de las leyes y a todos los respetos” (el contrabando a gran escala). No obstante, ya la corona disponía en Bs. As. de la Prefectura para tales menesteres, la misma que heredamos y que opera en la actualidad, agrandada, institucionalizada, etc. Poco o nada ha mejorado el control aduanero, y vaya un ejemplo de primera mano: entre 1977-78, en mi calidad de fletero con camión propio, trasladaba cueros crudos de una firma importante, desde Avellaneda hasta la ciudad de Esperanza (Santa Fe), y entregaba la carga a la curtiembre Federico Meiner de excelente trayectoria –a pocas cuadras de la casa del Dr. Luder–, que en ese entonces había sido vendida a la firma para la cual yo trabajaba. Luego de algún tiempo, de regreso a Bs. As., cargaba cueros curtidos de primera calidad para Europa y Rusia hasta el puerto de Bs. As. Debía ir específicamente a la balanza Nº 7 del puerto nuevo donde me esperaba el despachante. Aclaro que desde Santa Fe traía, en aquel entonces, custodia en un Falcon por lo valioso de la carga. Pesaba y me entregaba el jefe de la balanza –con zapatos italianos y coupé Toyota 0 km– la constancia correspondiente por 13.000 kg, por lo que reclamé que yo traía 23.000 kg de cueros, a lo que me respondió el personaje: “Andá nomás que vas a cobrar por 23.000 kg”. No le contesté, esa gente según su religión dice que la vida de un cristiano no vale nada. Una vez en casa y con esta misma máquina denuncié ante el presidente de entonces, el general Videla, lo que me había acontecido.
A los 15 días me llaman de la empresa y dicen: “Malgesini, usted lamentablemente se ha quedado sin trabajo y sabe por qué”. Si, señor le dije. Cobré y seguí mi camino –la presidencia no contestó mi carta– de lucha y sinsabores. ¡Gloria y honor a Belgrano!
Ahora pasa lo mismo o peor: manzanas blancas por un lado, pescados con droga en la panza para Europa –hechos comprobados–, cereales que salen ya no por los silos de la junta nacional de granos, que Menem desguazó, manejados por dos o tres firmas internacionales, cargados en puertos habilitados en la costa de la provincia de Bs. As. Escribía don Manuel: “Me contento con cuanto dejo apuntado y con añadir que la nación exige de nosotros toda la atención imaginable para el respectivo cumplimiento de las obligaciones que nos están impuestas”. Luego lo enviaron de uniforme al Paraguay, de ahí hacia el norte, pretendiendo de que San Martín lo sancionara. Se hicieron grandes amigos, lo mismo con Güemes, otro incorruptible. Perdió batallas, ganó en Salta y Tucumán 40.000 pesos que donó para 4 escuelas (aún falta construir una) y nos legó la celeste y blanca.
Y no fue casual pues que al morir dijera: “¡Ay! patria mia”.
Juan Carlos Malgesini
DNI 4.673.429
“Ahora pasa lo mismo o peor: manzanas blancas por un lado, pescados con droga en la panza para Europa
–hechos comprobados–, cereales que salen manejados por dos o tres firmas”.
Datos
- “Ahora pasa lo mismo o peor: manzanas blancas por un lado, pescados con droga en la panza para Europa
–hechos comprobados–, cereales que salen manejados por dos o tres firmas”.
Ante los malos procederes de nuestros gobernantes en el pasado y ahora, un ejemplo: Macri con dos cuentas en Panamá (sin plata) y una en Bahamas (con plata), amén de su historia y la de su padre en el caso de Sevel y los uruguayos, suficiente para que ningún argentino lo votara. Pero recordemos a don Manuel Belgrano, que nació en Buenos Aires, hijo de un acaudalado comerciante Italiano que lo envió a estudiar Derecho a España, recibiéndose de abogado en Valladolid. Al regresar el virrey Cisneros lo nombró secretario del Real Consulado de Buenos Aires, haciéndose cargo de la Aduana. Observando de inmediato
–1806– que la corrupción en la misma era tremenda, por cuanto criollos, españoles e ingleses manejaban el contrabando a discreción, escribió: “Desengañémonos, jamás han podido existir los estados luego de que la corrupción ha llegado, a pesar de las leyes y a todos los respetos” (el contrabando a gran escala). No obstante, ya la corona disponía en Bs. As. de la Prefectura para tales menesteres, la misma que heredamos y que opera en la actualidad, agrandada, institucionalizada, etc. Poco o nada ha mejorado el control aduanero, y vaya un ejemplo de primera mano: entre 1977-78, en mi calidad de fletero con camión propio, trasladaba cueros crudos de una firma importante, desde Avellaneda hasta la ciudad de Esperanza (Santa Fe), y entregaba la carga a la curtiembre Federico Meiner de excelente trayectoria –a pocas cuadras de la casa del Dr. Luder–, que en ese entonces había sido vendida a la firma para la cual yo trabajaba. Luego de algún tiempo, de regreso a Bs. As., cargaba cueros curtidos de primera calidad para Europa y Rusia hasta el puerto de Bs. As. Debía ir específicamente a la balanza Nº 7 del puerto nuevo donde me esperaba el despachante. Aclaro que desde Santa Fe traía, en aquel entonces, custodia en un Falcon por lo valioso de la carga. Pesaba y me entregaba el jefe de la balanza –con zapatos italianos y coupé Toyota 0 km– la constancia correspondiente por 13.000 kg, por lo que reclamé que yo traía 23.000 kg de cueros, a lo que me respondió el personaje: “Andá nomás que vas a cobrar por 23.000 kg”. No le contesté, esa gente según su religión dice que la vida de un cristiano no vale nada. Una vez en casa y con esta misma máquina denuncié ante el presidente de entonces, el general Videla, lo que me había acontecido.
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