El embrollo español

Por Redacción

Desgraciadamente para la mayoría de los españoles, a la gravísima crisis socioeconómica en que está debatiéndose su país desde hace cinco años acaba de agregarse otra que es política o, si se prefiere, moral, que amenaza con privarlo de un gobierno viable. Aunque el presidente Mariano Rajoy niega haber recibido la suma relativamente módica de 227.200 euros en sobresueldos a través de los once años últimos que le atribuyen sus adversarios, a juzgar por los sondeos, muy pocos le creen. Como resultado, el gobierno que encabeza ha perdido el apoyo de buena parte de los que, algunos meses atrás, lo habían respaldado en las elecciones regionales. Asimismo, si bien, como era de esperar, el líder del Partido Socialista Obrero Español, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha procurado aprovechar la oportunidad para reclamar la renuncia de Rajoy, llamándolo “un lastre”, son aún menos los que confían en los socialistas que, en opinión de la mayoría, fueron los responsables principales del desmoronamiento económico de resultas del estallido de una burbuja inmobiliaria enorme. Conforme con las encuestas, mientras que el 77% desaprueba la gestión de Rajoy, el 81% estima que el desempeño como jefe de la oposición socialista del sucesor de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido peor todavía. De caer Rajoy, y con él el gobierno del Partido Popular, pues, España se vería sin una alternativa confiable, ya que las demás agrupaciones políticas, la mayoría de las cuales son meramente contestatarias, no estarían en condiciones de formar un gobierno capaz de lidiar con la crisis que, tal y como están las cosas, parece destinada a seguir profundizándose por muchos años más. Rajoy siempre se ha visto beneficiado por su reputación de ser un hombre honesto, un tecnócrata que, a diferencia de tantos integrantes del PP, nunca ha manifestado demasiado interés en sus finanzas personales, pero aun cuando dicha imagen reflejara la realidad, sería razonable suponer que se habría acostumbrado a tolerar la corrupción de miembros menos escrupulosos del partido en que ha militado. En países como España en que la corrupción es endémica –a juicio de Transparencia Internacional es mucho menos virulenta que en la Argentina pero así y todo es motivo de preocupación–, los dirigentes ambiciosos tienen forzosamente que optar entre denunciar a correligionarios de ética flexible, lo que podría costarles caro en la interna partidaria, y resignarse a actuar como cómplices pasivos de los ladrones. Con muy escasas excepciones, deciden adaptarse, aunque fuera a regañadientes, a los “códigos de la política” local, aunque los hay quienes al conseguir el poder suficiente procuran depurar las filas de su propio movimiento, como en la actualidad está haciendo la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Las acusaciones en contra de Rajoy y otros integrantes del PP no sólo han puesto en duda la supervivencia del gobierno español sino que también han asestado otro golpe feroz a la tambaleante economía española y amenazan con provocar la reanudación de la crisis del euro, ya que han coincidido con otro capítulo del interminable melodrama político italiano. Para salir de la situación nada agradable en que se encuentra, España necesita contar con un gobierno que por lo menos merezca el respeto del grueso tanto de la ciudadanía como de sus socios europeos, de los que muchos, en especial los alemanes, ya propenden a atribuir los problemas de los países mediterráneos a la corrupción de su clase política. Aunque no exista vínculo alguno entre la política de austeridad que está impulsando el PP y la supuesta voluntad de ciertos dirigentes, incluyendo a Rajoy, de aceptar pagos ilícitos, los contrarios a la estrategia exigida por los países más poderosos de la Eurozona para sanear las cuentas españolas acaban de conseguir un arma que no vacilarán en usar. Por supuesto, el eventual derrumbe de gobierno centroderechista, que en tal caso se vería reemplazado por una coalición precaria, no significaría el fin de las penurias de los casi cinco millones de desocupados y sus familiares, además de los muchísimos que han visto caer sus ingresos. Antes bien, haría todavía más improbable la recuperación ardua que, según los voceros oficiales, debería comenzar a hacerse sentir en los meses próximos.


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