El final del plan electoral

La cosecha de AW fue inmejorable y no se desvive por Scioli. Piensa que Macri también lo necesitará.

Redacción

Por Redacción

panorama de río negro

Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar

Weretilneck perdió su principal motivación. Ha concluido el tiempo de campaña y se quedó sin razón política. Deberá sumirse en la administración provincial, que bien requiere de cierta reanimación. En 40 días, el mandatario asumirá un nuevo período y, según su anuncio, este mes estarían los proyectos de las “grandes reformas públicas para los próximos años”. Así preveía su inicio de gestión, pero poco hay de esos escritos fundacionales. Los ministros siguen acorralados por la coyuntura. Además, se oficializaron dos cambios de gabinete, aunque ambos por razones extrañas a la promocionada transformación del Estado. Alejandro Palmieri deja Economía porque asume su banca y Gabriela Giachino abandona Turismo por oposición de los empresarios, y despropósitos en la función pública. El performance electoral de Weretilneck fue inmejorable. Retuvo el gobierno, logró 26 legisladores y obtuvo ocho o nueve municipios con Juntos. Esa cosecha se completa con otra media docena de intendentes miembros del proyecto, más allá de su inscripción partidaria. Posiblemente, se frustre su novena intendencia: Río Colorado cayó en un enredo judicial y el último escrutinio de la Justicia nacional arrojó el triunfo para el FpV. Juntos reaccionó tarde frente al “yerro” aludido de la carga de datos y la rectificación judicial será complicada. Nada servirá para atenuar la merma del PJ. Perdió la mitad de las intendencias. Tenía treinta hace dos años y hoy suma quince (dejando pendiente Río Colorado). La pérdida incluye Bariloche, Regina y Cipolletti. Casi nada. El gobernador jugó fuerte con Daniel Scioli, pero se movió el domingo de esa referencia cuando el bonaerense fracasó. Ambos firmaron el jueves un acuerdo programático, impreciso en las promesas de medidas para la fruticultura. El bonaerense aún no quería hablar de bajas de retenciones ni nada que irritara a la presidenta Cristina Fernández. El rionegrino después lo acompañó en el cierre de campaña en el Luna Park. Volvió el debate interno por ese alineamiento. En junio, tras el triunfo, el vicegobernador Pedro Pesatti repetía que no era conveniente. Advertía tiempos difíciles para el FpV. Esos días ya asoman. Weretilneck defiende su decisión. No quiere quedar afuera de la Casa Rosada, como ocurrió en el 2014 cuando rompió con el kirchnerismo. Suma otro componente: su alianza con Scioli reduce el movimiento del PJ en la Nación, esencialmente de Martín Soria. Una frustración definitiva de Scioli no sería tan mala noticia para el rionegrino, siempre tan dúctil. Macri –entiende– necesitará de los gobernadores, pues no tiene a nadie. Así, esperará si el porteño llega a la presidencia. En contrapartida, sus rivales del PJ habrán caído en desgracia. Surgiría otra ocasión de reclutamiento para Weretilneck. Hay municipios con serias dificultades financieras, los cuales requerirán de ayudas. Los jefes del FpV ya no tendrían canales efectivos en Nación. “Ahora hay que consolidar el eje Cipolletti- Roca”, argumentó el mandatario al imponer a Palmieri como presidente del bloque ante los diputados electos. Antes, con ese razonamiento y otros más persuasivos, convenció a Pesatti, que descreía de esa opción. Lo mismo ocurrió con la actual titular, Roxana Fernández, y la barilochense Arabella Carreras. Ambas tenían sus lógicas pretensiones. Macri necesitará de los gobernadores, pero difícilmente olvide los desplantes. Y Weretilneck no respondió su llamado cuando el jefe porteño intentó comunicarse para felicitarlo por el triunfo en Río Negro. Ya había hablado y estaba decidido por Scioli. Igualmente, llegado el momento, no le faltarían vínculos entre sus aliados rionegrinos para acercarse al ingeniero. Los socios de Cambiemos en Río Negro tienen sus problemas. El referente del Pro, Sergio Wisky, concurrió a Buenos Aires como único diputado electo patagónico, pero llevó múltiples excusas para justificar por qué Sergio Massa le arrebató el segundo lugar a Macri en la provincia. La UCR no puso todo, se sinceró públicamente Wisky. Parte de la dirigencia radical –entre ellos, el presidente de la bancada, Darío Berardi– lo llamó con reproches. El radicalismo tiene su defensa. Valora su aporte de base y lo contrapone con las “aventuras” municipales del Pro. Menciona El Bolsón, Allen, Río Colorado y Chimpay, donde candidatos amarillos disputaron espacios a listas de la UCR y aquellos lograron guarismos muy bajos, entre el 7 al 2% del electorado. El radicalismo cierra un año negro con un único crédito. Tiene siete gobiernos locales y sumará trece en diciembre. El regodeo es parcial. Gran parte de ellos –entre cinco o seis intendentes– llegaron con el apoyo de Weretilneck, o directamente comulgan con él. La política nutre al mandatario. Deberá buscar otra causa para sus ansias y actividades. Allí preveía colarse –rápidamente– un objetivo complicado: la reforma constitucional. Su círculo se lo proponía para noviembre, pero Weretilneck detenía esa avanzada. No está convencido. Teme que la sociedad interprete que sólo pretende perpetuarse en el poder. Seguramente el gobernador neutralizó –cuanto menos, por ahora– todo ese proceso después de que una mayoría nacional reafirmara el pasado domingo su rechazo a las viejas prácticas políticas.


Temas

Bariloche

panorama de río negro

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora