El fútbol callejero, una herramienta para integrar a los chicos

El proyecto comenzó en 2006 y se potenció en 2010 con el respaldo del gobierno. Reúne a chicos de 7 barrios de Bariloche con la premisa de jugar sin competir.



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En el barrio Arrayanes el viernes, en uno de los partidos.(Foto: Marcelo Martínez )

“Carita” corrió, entusiasmado, por todo el playón deportivo del barrio Arrayanes. Sostuvo con su mano izquierda su buzo, que le quedaba algo grande. No le importó. Tampoco se complicó porque no tenía zapatillas adecuadas. Pidió la pelota siempre y cuando una compañera o compañero estuvo asfixiado por la marca del otro equipo, se mostró para ayudarlo. Tiene 9 años, pero aparenta menos. En realidad se llama Adrián. Aunque para sus amigos y amigas es “Carita”.

El niño vive en el barrio 28 de Abril y se sumó al taller del proyecto de fútbol callejero, que desde 2010 impulsa en barrios de Bariloche, la organización educativa Crearte. El viernes por la tarde, el playón del barrio Arrayanes fue el punto de encuentro. En el fútbol callejero los chicos definen las reglas.

El viernes acordaron que no valía el gol si la pelota no pasaba por los pies de una de las chicas. Se formaron cuatro equipos y durante varios minutos en el lugar sólo se escucharon gritos, reclamos y carcajadas. El sol comenzaba a caer sobre las montañas y el frío intenso anunciaba una nueva helada. A pocos metros, un grupo de jóvenes miraba indiferente a los chicos que corrían de uno lado para el otro en el playón de cemento, agrietado.

La experiencia comenzó a germinar en 2006, recordó el director de Crearte, Luis Suero. Pero se expandió desde 2010 a algunos barrios.

El fútbol callejero hizo pie en los barrios El Pilar, 10 de Diciembre, El Frutillar, San Francisco IV, Villa Jamaica y en noviembre pasado llegó al Arrayanes y 28 de Abril, con el respaldo de la Subsecretaría de Participación Comunitaria del Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia.

Chicas y chicos juegan juntos en el playón del barrio Arrayanes.
Marcelo Martínez

Diego Colilaf, uno de los siete profesores, explicó que la modalidad del juego tiene tres tiempos. A diferencia del fútbol convencional, chicos y chicas juegan juntos. Tampoco están divididos por edades. Y no hay árbitro sino un mediador para dirimir los conflictos que surgen con frecuencia.

El primer momento consiste en definir las reglas del juego que salen por consenso entre los dos equipos. Después, se disputa el partido y el tercer tiempo es la instancia de reflexión sobre lo que ocurrió en el encuentro.

Cada equipo recibe puntos de acuerdo a cómo se comportó en la cancha. Se valora el respeto entre los compañeros y con los integrantes del equipo adversario, la solidaridad y la cooperación.

“Tiene más valor el cómo se jugó y no gana el equipo con más habilidad, sino el que representa mejor los valores del fútbol callejero”, explicó Diego.

Contó que para muchos chicos no es sencillo incorporar las pautas porque están acostumbrados al fútbol competitivo.

No es fácil integrar a chicos de distintos barrios.
Marcelo Martínez

El taller en el barrio Arrayanes tiene como objetivo tratar de integrar a largo plazo a los chicos de ese sector, donde la rivalidad entre barrios vecinos se refleja cotidianamente y brota ante cualquier diferencia. “El cambio más importante es que puedan jugar juntos”, reflexionó Suero. No es simple.

Los chicos y chicas del Arrayanes se dieron ánimo entre ellos antes de empezar el partido. “Aguante el 28”, gritó Micaela, que es una de las referentes del equipo. El partido fue intenso. Trabado. Y se definió por penales.

Los chicos del 28 cayeron. Pero Carita no se amargó. Ninguno de los chicos se reprochó nada.

Regina es trabajadora social y se desempeña en el CAAT del barrio Arrayanes. “Trabajar con los jóvenes desde el fútbol con valores, me gusta mucho”, sostuvo.

Durante los primeros cuatro meses que se dictó el taller en ese sector fueron muy pocos los chicos que se sumaron. “El año pasado no hacíamos ni un fútbol cinco”, reconoció Suero. Hubo que tener paciencia, perseverancia y, sobre todo, compromiso para seguir adelante. El viernes participaron casi 30 chicos. “Queremos que jueguen a jugar con respeto”, afirmó. Luis está convencido de que los conflictos se pueden dirimir mediante el diálogo. Dijo que el Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia aportó 400.000 pesos para cubrir los costos del primer semestre de este año. Con esos fondos se pagan las remuneraciones de los becarios, que trabajan en el proyecto, los gastos y la compra de insumos porque los chicos que asisten a los talleres no pagan.

“A los chicos los veo muy entusiasmados”, destacó Marcelo, que es alumno desde 2000 de Crearte y vive en el 28 de Abril. “Lo veo como algo positivo porque es una forma de rescatar los valores, porque los chicos están muy acostumbrados a otra cosa, a ser mejor que el otro a costa de lo que sea”, opinó Diego, que se integró en 2014. “Esto de buscar la victoria sin pisar al otro se puede trasladar a la vida cotidiana”, afirmó.

Diego señaló que no es fácil que los chicos de algunos barrios puedan integrarse. Sobre todo es un problema que ocurre entre los barrios Arrayanes y 28 de Abril que están casi juntos, en la zona del Alto. “Los chicos se ven todo el tiempo, se conocen, pero se tienen pica”, comentó.

Por eso, Suero admitió que el desafío es grande y se necesita desarrollar el proyecto a largo plazo.

Esperan que la provincia continúe con el financiamiento.
Marcelo Martínez

La Provincia aporta los recursos

“Tenemos listo el segundo proyecto para darle continuidad al proyecto de fútbol callejero”, afirmó ayer el subsecretario de Participación Comunitaria, Juan Pablo Benito, que depende del Ministerio de Seguridad de la provincia.

Dijo que desde el organismo están financiando el proyecto que se desarrolla “en siete u ocho barrios de la ciudad”. La Provincia asignó 400.000 pesos para financiar los costos del primer semestre. Falta resolver si hay recursos para la segunda mitad del año.

Benito comentó que hay jóvenes becados por el Programa Integrarnos de la provincia que tiene como objetivo la contención de jóvenes en alta vulnerabilidad social y en situación socio-penal, es decir, con algún conflicto con la ley.

Destacó que proyectos como el del fútbol callejero “nos permite hacer prevención y resolver cuestiones en los barrios que tienen que ver con los vínculos, el respeto. Eso para nosotros es muy valioso”.

Benito sostuvo que llevar adelante este tipo de proyectos “es difícil porque Bariloche tiene una complejidad social importante”.

Dijo que hay otras experiencias muy buenas en Luis Beltrán, Lamarque y el objetivo es seguir sumando proyectos.


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