El fútbol desata rebelión en Brasil

A un año del mundial, la clase media estalla de bronca por la falta de servicios públicos, la corrupción y el derroche del gasto público tomando las calles. El peor momento para Dilma, la presidenta.

Por Redacción

EL MUNDO

BRASILIA (AFP) – A un año de la celebración del Mundial en el país del fútbol, más de 250.000 brasileños expresaron en las calles la indignación de una clase media, que creció en la última década, con la falta de servicios públicos, la corrupción y el derroche del gasto público.

La protesta fue detonada en Sao Paulo contra el aumento del precio del transporte público, en víspera de la inauguración de la Copa Confederaciones, ensayo general del Mundial 2014, el sábado pasado en Brasilia.

Con ayuda de las ágiles redes sociales en un país con más de 90 millones de internautas (casi la mitad de la población), se extendieron a varias ciudades y adoptaron otros lemas, el principal, en repudio a los millonarios gastos públicos para la Copa de Confederaciones, que se juega actualmente en seis ciudades brasileñas, y el Mundial 2014, evaluados en más de 15.000 millones de dólares.

Los manifestantes reclaman que deberían haberse invertido en servicios básicos de salud y educación.

“Si tu hijo se enferma, llévalo al estadio”, reclamaba una manifestante sobre la precaria situación de los hospitales y los millones de dólares destinados a construir o reformar estadios para el Mundial del año próximo.

Las protestas brasileñas tienen algo en común con las de Turquía o Egipto: “un trasfondo de profundo cambio social, de ascensión de una nueva clase media”, expresa el economista André Perfeito, de la consultora Gradual Investimentos.

En los últimos diez años, Brasil vivió una ascensión de 40 millones de personas a una nueva clase media -que hoy supera la mitad de la población-, así como un avance explosivo del consumo impulsado por el crédito y una destacada ampliación de la escolarización, destaca.

Pero en los dos últimos años, desde la llegada de la presidenta Dilma Rousseff al poder, las optimistas expectativas brasileñas se toparon con un crecimiento económico en decadencia (2,7% en 2011 y 0,9% en 2012), y una inflación en alza, que en mayo alcanzó 6,5% en doce meses. Algo que afecta directamente al bolsillo.

“¿Dónde está la guerrillera?” cuestionaron muchos manifestantes ante el Congreso el lunes, refiriéndose a la presidenta que fue torturada y encarcelada por su lucha contra la dictadura, pero cuyo gobierno perdió ocho puntos de popularidad ante el impacto de la inflación, según el sondeo