El futuro hipotecado

Por Redacción

Hace un par de meses parecía estar consolidándose el consenso, compartido por los economistas más prestigiosos y los políticos más influyentes, de que ya había quedado atrás lo peor de “la gran recesión” que están experimentando los países ricos, pero las esperanzas así reflejadas no tardarían en verse reemplazadas por el pesimismo, sobre todo en Estados Unidos, donde la recuperación vigorosa prevista sigue demorándose. Mientras que algunos economistas insisten en que es necesario aplicar paquetes de estímulo que sean aún más abultados que los ya ensayados, primero por el gobierno de George W. Bush y después, en escala llamativamente mayor, por su sucesor, Barack Obama, otros temen que sería contraproducente porque la mayoría de los norteamericanos ya se siente asustada por la magnitud de las deudas que están acumulándose. Otro motivo de temor consiste en la conciencia creciente de que la deuda pública que figura en los informes difundidos por el gobierno y los elaborados por los organismos internacionales es sólo una fracción de la real, puesto que no toma en cuenta las obligaciones previsionales, las supuestas por el sistema de salud y otros derechos adquiridos que, en principio por lo menos, se ven garantizadas por el Tesoro. Huelga decir que Estados Unidos no es el único país en que el endeudamiento excesivo plantea un problema muy grave. En otras partes del mundo desarrollado, como Europa y el Japón, en que los programas sociales generosos que se han institucionalizado en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial acarrean compromisos que podrían resultar insoportables, el panorama es igualmente preocupante. Para algunos escépticos, lo que se ha creado se asemeja a un “esquema Ponzi” –aquí diríamos “una bicicleta”–, que sólo puede funcionar si los responsables de manejarlo continúan consiguiendo cantidades cada vez mayores de dinero aportadas por los contribuyentes. Mientras se expandían a un buen ritmo no sólo las economías sino también las poblaciones de los países ricos, la pirámide económica así construida podía sostenerse sin demasiadas dificultades, pero al frenarse el crecimiento y comenzar a reducirse las reservas de mano de obra capacitada, el edificio empezaría a desmoronarse, como en efecto está ocurriendo en Europa donde los gobiernos están procurando reformar los sistemas previsionales públicos antes de que sea tarde. Aunque las medidas propuestas por gobiernos como el francés son decididamente modestas, la reacción popular ha sido tan fuerte que tienen que proceder con tanta cautela que es poco probable que les sea dado ahorrarse una serie de crisis como las que hicieron trizas nuestro sistema jubilatorio. En Estados Unidos, el temor al endeudamiento excesivo está detrás de la virtual rebelión contra el gobierno de Obama del movimiento conocido como el “Tea Party”, que está movilizando una parte muy significante de la clase media. Puede que sus líderes improvisados hayan exagerado el peligro planteado por un gasto público que ha alcanzado dimensiones astronómicas, pero en la superpotencia la sensación de que los relativamente jóvenes tendrán que resignarse a la pobreza para costear los derechos adquiridos de quienes disfrutaron de una prolongada orgía de consumismo se ha convertido en un factor social, político y económico clave. Al perder confianza en la capacidad de su economía para seguir generando empleo, millones de norteamericanos han adoptado sus propios programas de austeridad, de tal modo inutilizando los esfuerzos del gobierno demócrata por reavivar el consumo popular que, a juicio de sus integrantes, es fundamental. A diferencia de sus homólogos estadounidenses, los gobernantes europeos han apostado a que los intentos por controlar el gasto público que se han anunciado sirvan para tranquilizar a los preocupados por el tamaño de las deudas de todo tipo que se amontonaron antes de estallar la crisis financiera en la segunda mitad del 2008, pero aun cuando ayuden a restaurar la confianza no pueden sino afectar el consumo, de ahí el nerviosismo que se ha apoderado de quienes sospechan que todavía no ha terminado el primer acto del drama que se inició hace dos años con el colapso del banco de inversión Lehman Brothers y que los actos siguientes serán mucho más largos y mucho más agitados.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 18 de septiembre de 2010


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