El G20, al rescate de la OMC
Casi como un flashback, como una imagen recurrente que a pesar de los años no se borra de las arenas de Colleville-sur-Mer, en Normandía, las huellas de ese 6 de junio de 1944 se convierten en símbolo. El mundo salía a salvar al mundo. Y así como ese estremecedor desembarco en lo que la inteligencia militar llamó Omaha Beach, y que Steven Spielberg narra en aquel clásico del cine bélico “Rescatando al soldado Ryan” (Saving Private Ryan, 1998), temprano a la mañana del viernes 14 de septiembre, los ministros de Comercio del G-20 desembarcaron en las playas de Mar del Plata para rescatar a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Ese mítico día D de la Segunda Guerra Mundial comenzó a poner fin y desarticular una guerra que parecía incontenible. En Mar del Plata, esos ministros y estrategas de la economía mundial, en medio de un fuego cruzado de aranceles que amenazan erosionar la confianza y debilitar la recuperación económica global, llegaron dispuestos a salvar a la OMC. Y a poner fin a una escalada comercial que podría conducir a otra guerra, tan amenazante como la Segunda, en este siglo XXI que apenas empezamos a transitar.
Hace diez años, el G-20 trató de contener los efectos de la crisis económico-financiera que produjo la caída de Lehman Brothers, y fijó el escenario para encarar la reforma del sistema financiero internacional. Hoy es también el G-20, el encargado de salvar al agonizante sistema multilateral de comercio. La OMC es una organización demasiado importante para quebrar, una amenaza que puede hundir el orden económico mundial de las últimas décadas. Pero su futuro depende de este rescate.
En este momento crítico para el comercio internacional, atravesado por las fricciones de disputas comerciales que han puesto en jaque a las bases mismas del sistema multilateral de comercio, los Ministros de Comercio del G-20 asumieron el compromiso de impulsar una reforma urgente de la organización internacional, imprescindible para garantizar un comercio basado en normas.
La salud del comercio mundial ha empeorado desde marzo, cuando se realizó la primera cumbre del año de ministros de Economía y Finanzas del G-20. Y, de hecho, el pronóstico de crecimiento económico global proyectado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se ubica en un 3,7% para este año y el próximo, lo cual significa un recorte de 0,1 y 0,2 puntos, respectivamente, en relación con su estimación de junio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también advierte sobre una situación económica mundial menos estable.
Frente a esos pronósticos, los ministros de Comercio adhirieron a dos compromisos políticos que deberían materializarse para iniciar el proceso de reforma que necesita la OMC para seguir siendo una plataforma efectiva de cooperación en el comercio internacional.
El primero es el de trabajar en conjunto para mejorar el crecimiento económico sostenible, mantener los mercados abiertos, abordar el desarrollo económico y revitalizar el sistema internacional de comercio. El segundo, el de buscar –a través del diálogo–, las formas de modernizar la OMC y prepararla para enfrentar los desafíos actuales y futuros para que siga vigente en el siglo XXI.
Los problemas que enfrenta la OMC no son nuevos, pero han sido ignorados durante tanto tiempo que se han profundizado. A fines de los años 90, varias voces advertían que los acuerdos de la Ronda Uruguay no contemplaban de un modo adecuado los intereses de los países en desarrollo. Una cuestión que la Agenda de Doha (2001) no pudo atender.
Desde entonces hasta hoy se agregaron otros desafíos derivados de los cambios políticos y de la transformación estructural de la economía global. El surgimiento de los países emergentes, los cambios tecnológicos, la expansión de la economía digital, la aparición de las cadenas globales de valor y el compromiso universal con los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas (Agenda 2030) forman parte de esos nuevos retos. Y si la OMC pretende superar su parálisis, deberá adaptar sus reglas y procedimientos a esa nueva realidad. No sólo eso, como ocurre durante y después de toda guerra, deberá articular acuerdos que cubran los intereses diversos de sus 164 miembros. Un periplo difícil de sortear. Pero no imposible.
La necesidad de reformar la OMC, y convertirla en una institución dinámica y vital que fortalezca la cooperación comercial internacional, está ahora instalada en la agenda de prioridades de la Cumbre de Líderes del G-20 que se hará en noviembre en Buenos Aires. Un nuevo desembarco. Una nueva esperanza.
*Diplomático
Ministros y estrategas de la economía mundial, en medio del fuego cruzado de aranceles que amenazan con erosionar la confianza y la recuperación global, llegaron dispuestos a salvar al organismo.
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- Ministros y estrategas de la economía mundial, en medio del fuego cruzado de aranceles que amenazan con erosionar la confianza y la recuperación global, llegaron dispuestos a salvar al organismo.