El gran bonete

Por Redacción

Fútbol | Superclásico

A la hora de buscar responsables sobre lo ocurrido en cancha de Boca el pasado 14 de Mayo, el final de la historia parece no apartarse de los lamentables capítulos anteriores.

Pocas páginas de los anales del fútbol argentino entremezclan lo moral y lo jurídico como éstas.

En el terreno de lo ético hubiera sido esperable que la dirigencia xeneize pidiera, a pocas horas del suceso, una sincera disculpa pública.

Así mismo, desde el punto de vista legal, debió compensar económicamente a tantos espectadores -aún de manera parcial- por el despojo y mal trato del que fueron objeto.

Tal sería la respuesta adecuada de una institución seria -de cualquier ámbito- que defiende el producto que ofrece a sus consumidores.

Si bien las bondades de un partido tienen mucho de azaroso, no hay contraprestación posible cuando uno de los contratantes incumple parcialmente su parte.

Dentro del marco del contrato de espectáculo público deportivo, el espectador se aviene a pagar su entrada y sujetar su conducta, mientras que el organizador debe asegurar el evento y la integridad física de los espectadores.

Hay en estos últimos deberes una obligación de resultado, fundada en los factores de atribución objetivos: deber de seguridad y riesgo provecho.

Por ello aunque parezca reprochable desde el punto de vista ético, no resulta descabellado que un numeroso grupo de hinchas haya demandado al club de la ribera como víctimas del fiasco que significó la interrupción repentina del encuentro y su exasperante espera ulterior.

Si el fútbol no fuera una industria sensible, tal sería el temperamento a adoptar para comenzar a revertir el destrato al que un ser humano se ve comúnmente sometido cada vez que concurre a un estadio. Persona que a su vez cuenta con derechos de raigambre constitucional como consumidor, conforme el Art. 42 de nuestra Carta Magna.

Valiéndose del costado emotivo, la dirigencia boquense no ha vacilado a la hora de echar mano a un discurso zigzagueante. Así Daniel Angelici, luego de declarar que acataría el fallo de la Conmebol, no sólo lo apeló, sino que recurrió a todos sus contactos políticos para morigerar la condena.

También a medida que se fue identificando a los culpables del hecho y su vinculación con la facción opositora, el relato fue mutando del apoyo a la hinchada al inicio de acciones penales por asociación ilícita contra los 14 autores materiales, más daños y perjuicios por 120 millones de pesos.

Tal incuestionable decisión flaquea sólo en cuanto intenta presentar al club como víctima de un grupo de inadaptados, que misteriosamente se encontraban a centímetros de la manga por la que se introdujo el gas nocivo.

Ahora bien, ¿no fue la dirigencia de Boca la que contuvo durante años a tan lamentables energúmenos como Adrián Napolitano (”El panadero”), Federico Blanco (con antecedentes violentos en idéntico escenario), Gustavo “El mono” Florentín, quien además es dirigente de la institución, o Diego Blas Biglia? ¿No fue Boca, como organizador, quien permitió que estas personas ingresaran a la cancha y no supo impedir que se perpetrara el ataque? ¿No fueron estos mismos barrabravas quienes acompañaron al equipo por distintos lugares del mundo?

El “yo no fui” ensayado por la comisión directiva resulta pueril, cuando no una torpe subestimación a la inteligencia colectiva. “Yo no fui”, que también es invocado por los abogados de los acusados, algunos de los cuales, aún con los videos a la vista, niegan la participación de sus defendidos en la agresión.

La calificación de “bisagra” con la que el presidente auriazul ha ponderado el hecho admite demasiadas dudas en tanto y en cuanto no exista una clara autocrítica acompañada por una decisión política presidencial que decida exterminar el arsenal de negocios ilícitos manejados por los barrabravas.

Otro que se ha prestado al juego del gran bonete es el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, quien en sus habituales cátedras callejeras ha invocado la nula responsabilidad estatal en el hecho por entender que se trata de una obligación de medios que la fuerza policial cumplimentó acabadamente.

Si bien es cierto que el criterio seguido en el caso “Mosca” (CSJN 6-3-07) indica que “Sería irrazonable que el Estado sea obligado a que ningún habitante sufra daños de ningún tipo, porque ello requeriría una previsión extrema que sería no solo insoportablemente costosa para la comunidad, sino que haría que se lesionaran severamente las libertades de los mismos ciudadanos a proteger”; no menos verdadero es que el hecho ocurrió en un lugar muy sensible, en un operativo al cuidado de más de mil agentes y que en la resolución del caso “Barrionuevo Leonardo A. c/ Club Atlético Excursionistas y otros s/ Daños y perjuicios” (11-12-09) la Cámara Nacional Sala A condenó al Estado Nacional por la negligencia exhibida por la fuerza policial a su cargo.

El simpatizante medio quiere ver ganar a su equipo y compartir un sentimiento en común con sus afectos y pares. Cuando tal norte se trastoca y unos pocos pretenden ganar la escena, a veces en connivencia con la misma dirigencia, el mensaje condenatorio de este colectivo pensante se debe hacer sentir.

No es tolerable vivir a expensas de grupos violentos que fagocitan las instituciones deportivas que dicen defender.

Viene a cuento el cierre de un programa especial sobre barrabravas del Canal Plus de Madrid, cuando su perplejo conductor previo a los títulos concluyó: “No he conocido un solo barrabrava argentino que conozca la alineación completa de su equipo”.

Marcelo Antonio Angriman

Abogado. Profesor nacional de Educación Física.

marceloangriman@ciudad.com.ar.

Marcelo Antonio Angriman