El loro y la locomotora




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Divertidos, inconscientes, irresponsables, pero muy alegres. Así serían los participantes de distintas reuniones y festejos en todo el país y también en otros lugares del mundo. Parece que desafiaran la ex cuarentena, las disposiciones de los gobiernos y ya no los consejos, sino los desesperados reclamos de los trabajadores de la salud.

En realidad están desafiando a la peste.
Una y otra vez ellos mismos, sus familiares, sus amigos terminan como el loro que -dicen- enfrentó a la locomotora. ¡Qué fantástica esta fiesta! Cuando se los descubre y se los identifica, se los imputa penalmente, proceso que se suspende “a prueba” mediante alguna contribución social y alguna tarea en favor de la comunidad.


A muchos eso no les gusta, porque en su ignorancia creen en el derecho represivo como prevención de algo. Es un error como tantos, resultado del desconocimiento. Pero en materia penal es lo correcto, además de ser legal.
Lo que no contemplan estos procesos es la cuestión patrimonial. El Estado, es decir nosotros, además de arriesgar la salud de sus trabajadores, invierte cuantiosas sumas en las consecuencias de estos desmadres.


Estos “valientes” desafiadores del virus, además de las condiciones de la suspensión de juicio a prueba, deberían ser demandados civilmente por el Estado, que bien puede estimar el costo de los operativos y tratamientos que debe realizar en consecuencia. Desde el precio de los hisopados, las horas hombre y de disposición y uso de vehículos para intervenir en las fiestitas, hasta los tratamientos y controles consecuentes, con todos los anexos que correspondan.


Sobre todo, la sociedad vería que se recupera, aunque sea en parte, lo que se gasta en la imprudencia estúpida del loro.


Julián A. Álvarez
DNI 7.574.027


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