El modelo se agota

Por Redacción

Si bien en los círculos kirchneristas más fanatizados dista de haber perdido su atractivo la idea de que para la Argentina sería mejor “vivir con lo nuestro”, independizándose no sólo comercialmente sino también intelectualmente del resto de un planeta envidioso que, además de no entenderla, nunca deja de conspirar en su contra, parecería que algunos miembros del gobierno han llegado a la conclusión de que convendría que el país intentara reconciliarse con la llamada comunidad internacional. El giro subrepticio así supuesto, que ha motivado cierto entusiasmo entre aquellos inversores que tienen los ojos puestos en el mediano plazo, o sea en los cambios radicales que a su juicio se verá obligado a impulsar el próximo gobierno que se supone se destacará por su pragmatismo, se debe al temor de que al país le aguarde una etapa sumamente difícil a menos que pronto se modifique el rumbo fijado por los decididos a “profundizar el modelo”. Para que fuera posible la autarquía soñada, la ciudadanía tendría que resignarse a un nivel de vida espartano propio de una sociedad preindustrial que no necesitara ni energía ni los insumos sin los cuales las fábricas no podrían continuar funcionando. Según un informe reciente, este año el costo de importar autopartes llegará a 9.500 millones de dólares, mientras que el déficit energético se ubicará muy por encima de los 10.000 millones. También está arrojando un déficit fuerte el turismo: merced al cepo cambiario y la brecha creciente entre el dólar oficial y el blue, para los que están en condiciones de hacerlo es más barato vacacionar en el exterior que en el país. Así, pues, un gobierno que aspiraba a reducir la dependencia del país de un mundo que, según la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se caía en pedazos porque quienes lo gobernaban se resistían a prestar atención a sus consejos, se las ha arreglado para que sea aún más dependiente que antes. Además de verse constreñido a importar cantidades cada vez mayores de energía e insumos imprescindibles porque de lo contrario la industria se paralizaría, lo que tendría consecuencias nefastas para millones de trabajadores, y procurar frenar el drenaje de divisas que ha adquirido dimensiones alarmantes, amenazando con dejar vacías las bóvedas del Banco Central, tiene que preocuparse por los eventuales fallos de tribunales en Estados Unidos y Europa, donde los juristas no se sienten del todo impresionados por los argumentos esgrimidos por los representantes del gobierno para reivindicar lo que llaman “desendeudamiento”. Desde el punto de vista de quienes no comulgan con la fe kirchnerista, tarde o temprano será necesario llegar a un arreglo con los acreedores, lo que, según se prevé, significaría que la deuda total se acercara a 240.000 millones de dólares, un monto superior, en términos de su relación con el producto bruto nacional, al registrado en vísperas del default de diciembre del 2001 que supuestamente sirvió para solucionar el problema. La situación nada promisoria en que se halla la economía es el resultado de los esfuerzos de un grupo de personas comprometidas con una ideología confeccionada por polemistas e historiadores revisionistas por aplicarla en circunstancias muy distintas de las imperantes en el siglo XIX. En la década de los setenta por la que tantos kirchneristas sienten nostalgia, ya era penosamente anacrónico suponer que corregir los presuntos errores cometidos por los sucesores de Juan Manuel de Rosas ayudaría a poner el país en el camino del desarrollo sustentable. En la actualidad creerlo es absurdo, pero así y todo Cristina y sus simpatizantes más fervorosos a menudo brindan la impresión de estar más interesados en armar un “modelo” que, suponen, sería más apropiado para la Argentina de hace más de un siglo y medio que para el país que les tocó gobernar. Gracias al “viento de cola” procedente del Extremo Oriente de los años últimos, pudieron aferrarse a dicho “modelo”, negándose por principio a tratar de sacar provecho de las oportunidades posibilitadas por la globalización para que el país se reinsertara en el orden internacional, pero, desgraciadamente para las muchísimas personas que tendrán que pagar los costos de la extravagante aventura kirchnerista, no les será dado seguir haciéndolo por mucho tiempo más.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 15 de noviembre de 2013


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