El movimiento obrero en su laberinto

Redacción

Por Redacción

MIGUEL ÁNGEL DÍAZ (*)

El movimiento obrero argentino protagonizó una compleja, larga y apasionante historia de luchas que derivó siempre en un incuestionable fortalecimiento de la democracia. No obstante, pocas veces estuvo exento de tensiones y divisiones internas. El panorama de fragmentación actual que presenta el mundo sindical en la Argentina se corresponde con la falta de unidad y de consenso en los objetivos que se persiguen y las metodologías para lograrlos. Durante la última dictadura, a la CGT “dialoguista” de Jorge Triaca se le opuso la CGT Brasil, más combativa y que supo resistirse con huelgas y marchas a la represión de la clase trabajadora durante el gobierno de facto. Con la vuelta a la democracia la CGT única y unificada bajo la sólida conducción de Saúl Ubaldini pasó a convertirse en uno de los principales actores de la política argentina. La división del movimiento obrero volvió a producirse durante la presidencia de Carlos Menem, gobierno que encontró a la CGT dividida en varias facciones y, por otro lado, a la CTA. Hacia 1994 nacía el MTA, movimiento de resistencia contra las políticas neoliberales del menemismo encabezado por Hugo Moyano y del que formamos parte el grupo de compañeros que hoy integramos la Udocba. Durante los años de signo kirchnerista la división del movimiento obrero se hizo más profunda, registrándose en la actualidad cinco representaciones sindicales a modo de “centrales obreras”, cada una con su perfil particular y diferenciadas, entre otras cosas, por su cercanía o lejanía del gobierno central. La falta de objetivos comunes anteriormente mencionada, la carencia de liderazgo y la política partidaria, que tiñe el accionar de los actores en cuestión sin un paradigma político que los unifique, son todos factores que conspiran contra la unidad del movimiento obrero. Los sindicatos, que han sido históricamente la base de sustento de los gobiernos peronistas, deben batallar además en estas épocas contra los embates de una administración central que descuida sus intereses y sus históricas luchas y que intenta debilitarlos con señales de preferencia a determinados sectores en desmedro de otros. La capacidad estratégica de las organizaciones sindicales por ahora se refleja en la “unidad de acción” con la que las distintas expresiones gremiales desarrollan actividades en pos de determinadas metas coyunturales. Fortalecer y propiciar esta incipiente unidad que se logró bajo las consignas del paro del 10 de este mes será una asignatura pendiente y un compromiso para quienes formamos parte de esta iniciativa. Para ello será necesaria una voluntad férrea, para ponerse al servicio de la gente, deponer intereses personales y unificar objetivos. Sólo así se podrá salir de este laberinto y recuperar al movimiento obrero como la mejor herramienta de lucha de la clase trabajadora. (*) Secretario de Políticas Educativas de la CGT Azopardo y secretario general de Udocba


MIGUEL ÁNGEL DÍAZ (*)

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