El país potencial

Por Redacción

Cientos de datos nos indican que, más allá de valijas repletas con dólares y autos importados bajo franquicias improcedentes, existe otro país que es posible. Lo quieren forjar numerosos argentinos que prefieren la propuesta antes que la queja; y de hecho, desde muy variados sectores se advierten sólidos avances, que siempre convergen en una misma idea-fuerza: la Argentina es un país con grandes necesidades, pero también de enormes oportunidades.

Desafortunadamente, no siempre esta fuerte voluntad de hacer es percibida desde el gobierno de turno, que no debiera retacear apoyo a sus silenciosos protagonistas. Por las tantas mezquindades que albergan los políticos, se gasta demasiado tiempo en descalificar a quienes no garantizan apoyo o consenso (de hecho, hoy cada tribuna disponible es utilizada para fogonear o atacar la estrategia de moda: esa transversalidad que, a su paso, construye y destruye a un mismo tiempo). ¿No sería ideal que tanta energía fuera gastada en favorecer a quienes tienen abundantes ganas de crear y producir? Por cierto, no es usual que esto último ocurra y, en cambio, fluyen como manantiales los arreglos políticos circunstanciales, engrosando la red de clientelismo y beneficios corporativos que envuelve todo el país y que incluye el soporte económico a frecuentes protagonistas de violentos actos callejeros. Por ese equivocado andarivel se canaliza, en efecto, buena parte de las acciones gubernamentales, con lo que lamentablemente no hacemos más que seguir atrasándonos respecto a otros países.

¿Por qué decimos que hay otra Argentina posible? Porque alejados de las polémicas y de las negociaciones encubiertas, hay quienes se encargan de recordarnos el enorme valor que tiene nuestro capital humano y, concretamente, lo hacen a través de avances técnicos que produce su trabajo diario. Así, cada nueva «Exposición Innovar» de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación es una inmejorable oportunidad para comprobar que no son pocos los que ven el presente y el futuro con otra concepción. En efecto, allí pueden apreciarse año tras año las sustanciales mejoras que se han alcanzado en materia de maquinarias agrícolas. Por ejemplo, las cosechadoras «prime» de naranjas que se fabrican en Venado Tuerto, cuya característica principal consiste en desplazase «abrazando» los árboles por sus costados; son manejadas de una manera extremadamente simple: a través de dos «joysticks», y el operador puede ver mediante cámaras filmadoras cómo se va desarrollando la recolección. Tienen correas vibradoras que sacuden suavemente los naranjos, provocando el desprendimiento de la fruta, que cae en los contenedores de la propia máquina lista para ser higienizada y empacada. Una vez que se concluye con una hilera, se pasa a la siguiente; y así todo el trabajo se efectúa en forma muy veloz. Uno podría temer por los cosecheros que quedarán sin trabajo; pero éste no es el caso: dado su elevado valor (490.000 dólares), dicho equipo está directamente pensado para ser vendido al exterior. Su fabricante trasladó una de estas cosechadoras al ingenio Ledesma (Jujuy) para exhibirla en funcionamiento, y en menos de una hora la vendió a empresarios de Florida, Estados Unidos (país éste que es primerísima potencia en tecnología agropecuaria). ¿Por qué tanto éxito? Porque cuesta apenas la mitad de lo que habría que gastar para fabricarla allá. Además, desde el 2006 esa misma empresa (de capitales 100% argentinos) está llevando a Florida a los mayores citricultores de Brasil (líder mundial en este renglón) para mostrarles cómo opera in situ. Entretanto, ha terminado ya su primera cosechadora de olivos.

Por su parte, aprovechando la asistencia económica de los planes «Prodernea» y «Prodernoa» de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, agricultores de Colonia Aurora (Misiones) lograron la clasificación técnica de «producto primicia» para los ananás que plantan bajo cubierta. Y «Maíces Andinos» (Catamarca) pudo desarrollar un corte varietal que le permitió concretar sus dos primeras exportaciones anuales a Italia, sorteando la dura competencia de las cuencas graneras de los Balcanes y Francia. Todo ello se llevó a cabo en base al «Programa de Apoyo a Jóvenes Emprendedores».

Además, la Fundación «Vida Silvestre» ha financiado a un conjunto de técnicos argentinos, quienes demostraron que la crisis energética se puede saltear en base a un fuerte espíritu de cohesión social. Al respecto, está certificado por la Organización Mundial de la Salud que, dentro del campo energético global, el sector eléctrico es el principal emisor de gases de «efecto invernadero». En referencia a eso, los mencionados técnicos proyectaron un escenario de suministro eléctrico para un período de 15 años, en el que esos gases pueden reducirse de manera sustancial en base a una demanda moderada de fluido. Además, calcularon la disminución adicional que se obtendría con un ahorro masivo en el consumo de combustibles. En suma, probaron que, sin grandes inversiones en campañas de información pública, la ecuación cierra de otro modo: la contribución de los usuarios puede ser tan decisiva para la eficiencia energética como la construcción de centrales termoeléctricas. El estudio es sumamente minucioso y fundamentado, por lo que vinieron expertos de Brasil y Francia para interiorizarse del mismo.

¿No es posible, entonces, un país distinto? ¿Nos decidiremos a prestar atención en serio a estos innovadores en vez de financiar a punteros y guardaespaldas? ¿Tanto cuesta prever exenciones fiscales y créditos baratos para ellos? ¿Nos daremos cuenta alguna vez de que la sustancia elemental del crecimiento económico consiste en una sólida base educativa y en la tecnología aplicada a producir? ¿Nos hemos detenido a pensar cuánto contribuirá todo esto a mejorar la calidad de vida de mucha gente que hoy está confinada bajo los apremios de la pobreza estructural?

HUGO JOSÉ MONASTERIO (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Director del Centro de Estudios Regionales de Universidad FASTA


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