El parque que dio un respiro

Ubicado en el corazón de la ciudad, el Central es el primer pulmón verde que tuvo la ciudad. En los 60 se trasladó la colonia ferroviaria hacia las “afueras de la ciudad” y en 1980 se inició su remodelación. Hoy es un ícono arquitectónico y ambiental.





Los senderos arbolados son característicos del sector. (FOTO: Florencia Salto)

Los senderos arbolados son característicos del sector. (FOTO: Florencia Salto)

El Parque Central es el primer gran pulmón verde que tiene la capital neuquina y es sin duda la obra que modificó la arquitectura urbanística del centro de la ciudad.


Durante 84 años la zona de las vías del tren, a lo largo de 10 cuadras estuvo atravesada por descampados, tierra, hierro y sectores abandonados con escombros y basura.


Pero la ciudad comenzaba a experimentar los embates de una población en crecimiento y de una infraestructura escasa en todas sus aristas como para contener las nuevas necesidad que surgían.


Fue así que el gobierno de la provincia en la década del 60 firmó un convenio con Ferrocarriles Argentinos para construir una nueva playa de maniobras, galpones y viviendas para el personal ferroviario para poder trasladar la colonia al barrio Valentina Sur.


Con esta primera decisión se logró resolver lo que durante años fue un problema: una ciudad partida al medio, incomunicada de norte a sur.

Dato

13
millones de dólares costó la construcción de la colonia ferroviaria en el barrio Valentina Sur.


Se abrieron varios cruces peatonales, por ejemplo el de calle La Pampa, donde solía haber un cerco de palos y alambre.

En la década del 80 se inició un proyecto de intervención para convertir al denominado Parque Central en un gran paseo público.
Los trabajos fueron encarados por la subsecretaría de Estado de Obras Públicas de la provincia.


Los espacios antes abandonados se convirtieron en plazas con juegos infantiles, cuadrados verdes con un tupido arbolado. Se construyeron caminos internos, veredas y los antiguos edificios del Ferrocarril Sud se transformaron en espacios de arte, abiertos a toda la comunidad.

El rediseño del Parque Central incluyó además la ampliación de calle San Martín y la refuncionalidad de la avenida Argentina-Olascoaga.
Así nacía en 1986 el primer pulmón verde de la capital. Esta función era vital en aquellos tiempos pensando que aún las bardas estaban desiertas y comprendían grandes extensiones de tierra.


En la década posterior se evidenció una marcada diferencia entre la zona oeste y este. Desde la avenida argentina hacia calle Tierra del Fuego, donde se emplazaba la vieja terminal de ómnibus, permanecían descampados oscuros que hacían muy inseguro el tránsito de peatones.


Con el traslado de la estación de colectivos a su nuevo edificio del oeste y con la construcción del Museo Nacional de Bellas Artes y el Cenotafio a los Héroes de Malvinas, una fuente de agua y senderos cementados con mobiliario urbano, se le imprimió a esas diez cuadras un fuerte rasgo de modernidad.


El Parque Central es sin duda un referente arquitectónico y ambiental de la capital neuquina.


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