El refugio musical de Lucas Dávalos
El artista barilochense presenta su segundo disco que integran composiciones propias que fusionan folklore, rock y pop.
ESPECTÁCULOS
Por Teresita Méndez
teremendez@live.com.ar
El entusiasmo que Lucas Dávalos transmite al referirse al lugar privilegiado que ocupa la música en su vida es inocultable. Lo manifiesta al considerar que “es lo que me mantiene vivo, la música es el alimento de esta persona que ves. Es una necesidad interna, no puedo estar sin tocar, me seco como una planta. Ya no hay una vuelta atrás, me hice cargo de lo que soy”.
En contacto con el público desde los catorce años, cuando integraba Los Cuervos y ofrecía recitales en la Fiesta de las Promociones organizada por alumnos del Colegio Don Bosco, retornó a su ciudad natal tras doce años en Buenos Aires. Hasta allí partió para estudiar Comunicación Social, profesión que ejerce desde hace siete años en Invap.
Cada una de las sendas transitadas parece confluir en la actividad que lo motiva y que fructificara en los registros discográficos “Dame Cosas Buenas” (2012) y “El refugio interior” -grabado entre enero y octubre del año pasado en Estudio Creadores de esta ciudad- que será presentado este sábado a partir de las 22 en Estación Araucanía. Lo acompañarán Gabriel Pirato Mazza (percusión), Marcos Radicella (piano, rhodes y sintetizadores), Guillermo Andreani (guitarras) y Jimena Dávalos (coros).
Aquellos caminos remiten también a las raíces salteñas de la rama familiar paterna a donde el músico acude para abrevar en el folklore. Hijo de Arturo López Dávalos, doctor en Física que arribó aquí a los veinte años a instancias de su labor en el Instituto Balseiro, “toda esa tradición está. Intento recuperarla, remontar ese río arriba. En casa siempre escuchamos música, a Jaime, a Julia Elena, la zamba y la vidala estuvieron presentes”.
De su madre, Carola Graziosi, “aprendí mucho escuchándola cantar temas de The Beatles, Joan Baez, Neil Diamond. Tiene una voz muy dulce y un oído prodigioso. Todo eso está, esa mezcla es lo que soy. Para mí ser genuino es mostrarla, no puede ser de otra manera. Al contrario, sería impostado pretender ser absolutamente folklore o componer absolutamente desde el rock y el pop, que es un poco lo que hice en el primer disco”.
Con su hermana Jimena “vamos descubriendo lo que es la historia familiar, integrantes que quizá no son tan conocidos como Jaime Arturo que dejó prácticamente toda su obra sin editar. Ella está trabajando ahora en eso, de hecho está bastante avanzado”, anticipa. Otros hermanos son Néstor (responsable de una escuela de esquí), Rodrigo (arquitecto) e Ignacio (ingeniero en Petróleo).
“Me gusta cruzar mundos, es divertido, -evalúa-. Veo músicos que desde el folklore tienen una necesidad de introducirse en el rock y el pop, es absolutamente válido. Yo me pienso como el eslabón perdido. Uno tiene que blanquear, poner arriba de la mesa, no sólo sus pergaminos y credenciales sino también sus intenciones, hacia dónde va. Cuanto antes puedas definirlo, una identidad tímbrica de la voz, el sonido y por qué tal instrumento y otro no, mejor”.
En sus creaciones reconoce cierta similitud con la sociedad local, crisol de influencias que conforman una identidad propia. “Está bien que cada uno tenga un origen familiar y pueda ser tamizado por lo que nos brinda la naturaleza, que es un prodigio. Es lo que nos hace distintos. El hecho de haber nacido acá imprime un paradigma, una manera de vivir, de pensar y de actuar”.
Ejemplifica con su propia historia cuando refiere que su madre llegó de San Isidro con nueve años y su padre de Salta. “Por más que haya nacido acá, mi sangre no es de acá. Esa identidad está discutiéndose y forjándose todo el tiempo. Lejos de darnos inseguridad, hay que buscar el espejo, cuál es la alteridad, cuál es el otro. Claramente porteños no somos, porque tenemos otra manera de vincularnos con la naturaleza, otra filosofía de vida, con todo respeto somos distintos; ni de El Bolsón ni de Villa La Angostura. Con ese cotejar, uno va encontrando y dándose cuenta que somos diferentes. Interpretamos la vida de una manera distinta, hay una identidad. Somos esa riqueza, ese crisol, y está buenísimo”, considera.
En los años 80 su padre trabajó junto al padre Juvenal Currulef, rememora. “Un grupo de científicos realizaba tareas comunitarias. También ahí crecí. Tengo un recuerdo muy lindo del ´Curru´, él tenía mensajes muy contundentes, muy duros por momentos, pero siempre tratando de mostrar que Bariloche era todo: la gente del Centro Atómico que se acercaba a dar una mano, los hoteleros que aportaban, los comerciantes, o quienes pudieran ayudar. Bariloche somos todos.
Para mí es un ejemplo de algo hecho a pulmón y comunitariamente. Si pensamos como él, tenemos futuro, es lo que deseo”.
Tiempo de compartir
Veinte composiciones propias integran sus dos producciones. La primera, llegada “la hora de hacer algo en serio y ver qué pasa” tras “tanto tiempo de jugar con la música”. Asociado a la Unión de Músicos Independientes, resolvió editar profesional y legalmente como una forma de “marcar un camino”.
Aunque parezca que el arte está reñido con la publicidad, “no encuentro ningún dilema, estudié Comunicación Social, me dedico a eso. No entiendo cuál es el problema, si lo haces con amor, invertís tiempo y dinero, armás un grupo, lo hacés bien. Al contrario, por ahí sirve. La música salva vidas, la necesitamos.
“Mi profesora de canto, Graciela Novellino, me dice que lo que hago puede resultar bueno para motivar a los jóvenes, para que vean que la música es un camino, que más allá de que lo elijas o no como profesión, da muchas satisfacciones. Es bueno transmitir alegría. Y la retribución. Es un ida y vuelta infinito”.
Junto a su esposa Mara, dieron vida a Leopoldo (11 años) y Josefina (8), “pequeños sabios no contaminados por la inhibición. Dicen lo que sienten, ojalá uno pudiera mantener eso mucho más tiempo en la vida; ir con la verdad, bancarse la verdad…”.
El mundo está armado al revés, estima Lucas. “La racionalidad rige todo pero básicamente somos seres emocionales, emotivos, y cuando lo tapamos o negamos en algún momento explota. Desde ya que quiero vivir de la música pero ya conseguí algo importante: vivo para la música. Y de la música, porque es lo que me mantiene vivo”.
Además de ejercer “con pasión” su profesión, “me encanta propalar lo que hago. Es como la parábola del sembrador: la semilla caerá en el camino y la pisarán los forasteros, en la piedra, y alguna en tierra fértil. Y crecerá”.
DeBariloche
ESPECTÁCULOS
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora