El regreso necesario de Irène Némirovsky

Buena parte de su obra reeditada se vende por estos días en la zona.

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar

Irène Némirovsky es un fantasma persistente que aparece y desaparece de los estantes de las librerías comerciales. Desde la fotografía en la solapa de sus libros hasta sus ojos profundos, como perdidos en el horizonte, seducen al lector. Uno descubre la tentación de hablarle al retrato para invitarla un café cuando la verdad es que los invitados somos nosotros. Invitados a su historia. Por esas cosas un poco caprichosas que tiene el negocio editorial, una parte significativa de la obra de Némirovsky se consigue por estos días en distintas librerías de la zona. Su vida estuvo marcada por la tragedia. Fue criada en el seno de una familia judía rica de origen ucraniano que se marchó a Francia fugándose de la Revolución Rusa. La joven permaneció siempre al lado de una institutriz pero apartada de sus padres con los que mantenía una relación compleja y distante. Aunque vivió entre lujos, su infancia fue un proceso solitario y triste. Como a veces ocurre en este tipo de ambientes despojados de amor familiar, la chica se inclinó por las letras. Estudió en la Sorbona y se fue adentrando en la chispeante intelectualidad francesa de entreguerras. Tímida y todavía insegura, Némirovsky envió su primer libro, “David Golder” a una editorial, sin su nombre ni remitente. El editor debió solicitar públicamente que la escritora se revele. La obra resultó un éxito inmediato. Parecía un milagro que una joven fuera capaz de dominar de tal manera las técnicas narrativas de la novelística y que, además, poseyera una insólita capacidad para navegar en las aguas oscuras de la psicología humana. Aquél fue el punto de partida de sus años más gloriosos dedicados a la escritura y a integrar una élite que se movía entre las modas de la época, las lecturas y las costumbres más exquisitas que podía ofrecer la sociedad francesa de aquellos años. Sin embargo, el horror esperaba a Némirovsky, como a otros tantos otros millones de personas a fines de los 30, cuando Aldolf Hitler llegó al poder e inició su feroz reinado. La luminosa intelectual fue apresada por los nazis y murió en el campo de concentración polaco de Auschwitz, un 17 de agosto de 1942. Tenía apenas 39 años. Adentrarse en los libros de Némirovsky tiene el sabor de una aventura natural, salvaje. La inocencia, la dulzura y la aberración se entremezclan con proverbial inteligencia en sus argumentos. En sus novelas siempre, o casi siempre, hay una madre frágil, vanidosa y perversa, un padre trabajador y ausente y una niña, una hija que a medida que es testigo del fracaso matrimonial y del enriquecimiento y debacle de las empresas familiares se va convirtiendo en un monstruo hermoso o en una víctima olvidada por sus mayores. Cada libro de Némirovsky es verdaderamente una película. Un cuadro que se expande sobre un muro blanco con la sabiduría de un pintor que ha probado todas las combinaciones posibles una y otra vez a lo largo de miles de años. Némirovsky expone el alma de los hombres. Primero establece el retrato, el mapa de una familia sólo en apariencia establecida para después hacerlo volar en millones de pedazos. No por repetidas, las figuras que dominan la escena de sus obras, se agotan. Al contrario, en cada título Némirovsky conserva la habilidad de quitarles una capa más de piel, de iluminarlas de nuevas formas hasta hacer de la coincidencia una oportunidad de reinventar el comportamiento obsesivo de sus personajes. Golder es un empresario muy inteligente pero acosado por una hija que vive para el placer y una mujer atormentada (y que no deja de atormentarlo) por estar perdiendo sus años de lozanía como marca la ley de la existencia. Golder va más allá de sus fuerzas, detrás de sueños que sólo alguien de su estatura, de su gigantesca ambición puede concebir. En “Jezebel”, el deseo de una madre por permanecer inmaculada como un dios la lleva a cometer un acto desquiciado. En “El baile”, una adolescente se revela contra la autoridad de una progenitora de quien recibe las migajas de su afecto. La venganza de la niña será de una crueldad a la medida de la enfermedad de su progenitora. Una y otra vez Némirovsky deja salir a los demonios de la caja hermética de donde deberían quedar contenidos. Una y otra vez cuenta las alternativas de un mundo siniestro y glamoroso que no es otra cosa que su propio mundo. En los estantes los lectores encontrarán también por estos días el conmovedor “El vino de la soledad” y el último de sus libros, “Suite Francesa”, una obra que su captura y muerte le impidieron terminar. Durante años sus dos hijas mantuvieron en secreto el manuscrito hasta ser publicado en el 2004.


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