El relato confesional erótico de una roquense
Una joven que colecciona historias sexuales.
Leticia Pogoriles
“Casi todo es autobiográfico. Después le agregué matices, detalles y ampliaciones”, dice Yazlle.
La joven escritora rionegrina Ángeles Yazlle García sale a la vidriera nacional con “Lastima”, su primera novela basada en un relato confesional de erotismo lánguido e histeria compulsiva atravesados por el dolor de las heridas que deja el sexo cuando se convierte en una herramienta de poder. La protagonista, única voz de “Lastima”, es una joven y sensual inmigrante que colecciona historias sexuales como si fueran parte de su atuendo. No le importa el sexo en sí –de hecho en el libro no hay escenas estridentes– sino que lo que ella busca es poseer una pequeña cuota de poder, que la dejará, en pocas oportunidades, vacía, sola y errante. “El sexo es una herramienta. A ella le dan ese poder y juega; siente que es con lo único que puede ejercer cierto tipo de autoridad y mantener el control, pero ese poder se lo otorgan por lo que provoca en los demás, ellos se lo dan”, cuenta Yazlle García desde General Roca, su lugar de residencia durante la mitad del año. El personaje central, que no tiene nombre, trabaja en una vinería de cierto lugar turístico irreal –una mezcla entre un pueblo del caribe mexicano y playas patagónicas–, tiene un leal grupo de amigos, coquetea estratégicamente con hombres y mujeres; baila todas las noches, se viste para matar, come a lo bestia y es fría como un azulejo de cocina, pero sobre todo, dirá su autora, “es mala”. Así van a apareciendo las historias con sus amantes, tramas superficiales, sórdidas, amargas y despojadas. “Es un ambiente de chicos y chicas inmigrantes que trabajan y que el mundo gira alrededor de la sexualidad, el trabajo y el poder que da la noche; al mismo tiempo ella es consciente de todo, conoce bien al resto y mantiene cierto tipo de inocencia”, explica la escritora. Pero, ¿cómo surge este relato, que aparece en medio de una marea de libros comerciales de corte erótico seudoporno? Yazlle García, que escribió la novela luego de vivir una año en México, es categórica: “Esto fue lo primero que me salió, no me puse a pensar en el género, ni en lo erótico, fue una escupida de lo que me había pasado. Es confesional”. La autora (Río Negro, 1985) que se define como un “bombón asesino”, según la solapa del libro editado por Interzona, dice: “Casi todo es autobiográfico, después le agregué matices, detalles y ampliaciones, pero es una novela que parte de mi experiencia”. Sus vivencias, nacidas al calor mexicano, reflejan a una chica ambigua e histérica que provoca y escribe así: “Me gustan los hombres, y me gustó alguna que otra mujer, las personas no me gustan (…) me corrijo: sólo me gustan algunas personas”. El amor en este libro aparece como un sentimiento secundario y casi innecesario porque justamente en allí donde “no hay poder, no lo hay en una relación en serio que se mantiene también por otras cosas, pero en una ficticia sí. En una relación muchas veces el compromiso se licúa por miedo”, sostiene la autora. La declaración del inicio de la novela es también contundente: “Tuve un novio, un novio y una amante. Galo y Lili. A los dos los quise pero sólo a Galo lo lastimé, todas las noches. Yo lo sabía, lo hacía a propósito. Fue divertido, pero al final lloré mucho”, escribe y aclara que esta chica “tiene un miedo extremo a sentirse lastimada, por eso lastima”, y lo hace a lo largo de cien páginas. Ésta es, de acuerdo a Elsa Drucaroff que la presenta en la contratapa, la historia “de cualquier mujer de periferia que sobrevive en algún primer mundo como inmigrante sola y marginal, en una sociedad donde el sexo es el modo de ejercer poder de las que no tienen poder. Y de llenar vacío. Y de herir hiriéndose”. En una lectura superficial de “Lastima”, dice su autora, la chica parecería “una putita”, pero justamente la intención es quebrar ese estereotipo, para algunos ya demodé. “Ella muestra sus relaciones, hace lo quiere, no se juzga, tiene libertad sobre su sexualidad, sin prejuicios. La idea es romper con la moral sobre la sexualidad de las mujeres”, concluye la rionegrina. (Télam)
Leticia Pogoriles
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