El semillero musical que crece en todo el mundo

“Río Negro” habló con su mentor en la gira por Japón y Corea.

Redacción

Por Redacción

“El milagro venezolano” llaman a este método, que se replica en Italia, Alemania, España, Canadá, Japón, Corea, Estados Unidos y Argentina.

Por el Sistema, que ganó el Príncipe Asturias de las Artes, ya pasaron tres millones de chicos. Ésta es su presentación en el Tokyo Metropolitan Art Space, en su reciente gira.

TOKIO/SEÚL.– Podría decirse que así como Argentina y Brasil son prolíficos semilleros del fútbol europeo, Venezuela fabrica los talentos de la música clásica. Sin embargo, en el país caribeño sucede aún mucho más: violines, flautas o trompetas son armas para que miles de jóvenes salgan de la pobreza y de las peligrosas calles.

El Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela se fundó en 1975, cuando el país sólo tenía la sinfónica de Caracas. “El 70 por ciento de los músicos eran extranjeros. Ahí comenzó a gestarse el sueño de tener al menos una gran agrupación venezolana de nacimiento”, dijo a “Río Negro” José Antonio Abreu, mentor y cerebro del exitoso programa en el que se forman 400.000 niños y jóvenes, en su mayoría pobres. “Por lo menos el 88 por ciento provienen de poblaciones de muy bajos recursos”, dijo el director ejecutivo de El Sistema, Eduardo Méndez, en otra charla con “Río Negro” en Seúl, durante la reciente gira de la Sinfónica Juvenil de Caracas (SJC) por Japón y Corea del Sur. La meta es “incorporar 100.000 jóvenes en cada uno de los próximos seis años hasta llegar al millón de muchachos activos”. A su vez, detalló que desde los inicios ya pasaron “casi 3 millones de personas” por el proyecto, al que definió como “un semillero de ideas que se traducen en la acción social a través de la música”.

El Sistema, que entre tantos reconocimientos obtuvo el Príncipe de Asturias de las Artes, cuenta con más de 300 orquestas, entre las que se destacan la Simón Bolívar, la SJC, la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño y la Nacional Infantil. Desde hace rato que las giras alrededor del mundo se multiplican. En 2011, por ejemplo, la Simón Bolívar recorrió Latinoamérica para celebrar el bicentenario de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Colombia. En julio pasado, algo más de 1.000 niños y jóvenes –de distintas formaciones– despertaron ovaciones y una gran admiración en el Festival de Salzburgo, en Austria. En el Mundial de fútbol de Brasil 2014 se presentará la Infantil, junto al tenor Plácido Domingo –gran admirador–, bajo la dirección de Gustavo Dudamel.

También hace rato que músicos consagrados alaban “el milagro venezolano”, cuyo método es aprendido y replicado por Italia, Alemania, España, Canadá, Japón, Corea y Estados Unidos, además de varios países sudamericanos como la Argentina y el Brasil. “El mundo debería usar a Venezuela como ejemplo”, para el célebre director italiano Claudio Abbado. “No hay trabajo tan importante para el futuro de la música clásica como lo que está pasando en Venezuela”, afirmó el británico Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín.

Música como arte

El programa se desarrolla en Venezuela a través de 285 núcleos –centros de enseñanza– en su mayoría ubicados en las poblaciones más populares. El trámite de ingreso es sencillo y la formación es gratuita. Desde los dos años y medio los niños ya se familiarizan con los instrumentos y ensayan la Quinta Sinfonía de Beethoven. El método poco tiene que ver con los tradicionales conservatorios europeos, donde primero aprenden a leer un pentagrama y dos años después comienzan a tocar. “La organización es simple. Es cuestión de tener al profesor que sepa dar clase a ese nivel y los instrumentos”, le explicó a “Río Negro” Frank Di Polo, también fundador de El Sistema.

Además de educación musical, se les brinda asistencia social y médica. “Hay una baja deserción escolar de nuestros miembros porque les exigimos integrarse a la escuela. La formación es integral”, dijo Méndez. Decenas de los talentos (ver recuadro “Los hijos de…”) siguen su carrera en el exterior, mientras que la mayoría de los que pasan por este programa luego son empleados como maestros.

Críticos, músicos y políticos se rinden de manera unánime ante El Sistema por la calidad de su producción musical y por su función social. Sin embargo, aunque aisladas, hay voces que lo cuestionan porque consideran que interpretar a Beethoven o Tchaikovsky es “rendir culto al eurocentrismo” y –se quejan– eso le quita apoyo a la cultura popular y a los compositores locales. “En los núcleos promovemos la música venezolana. La que mal llaman ‘eurocentrista’ no es más que una música universal, académica per se y que da la técnica”, respondió Méndez, que remarcó el proyecto Alma Llanera, a través del cual los jóvenes pueden estudiar los instrumentos tradicionales de su cultura como cuatro, guitarra, bandola, mandolina, arpa criolla, bandola cordillerana, maracas y bajo popular.

Abreu, hábil político y ajeno a las polémicas, logró robustecer El Sistema mientras fueron pasando los gobiernos (ver “El mentor discreto”) de la mano de un mensaje contundente: “Las orquestas tienen en sí mismas su razón de ser y de perpetuarse. La música, después de la religión, es la expresión más elevada del espíritu. Es un arte de una capacidad inmensa para expresar el alma, sembrando valores positivos relacionados con la armonía, la concordia, el amor”.

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com


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