“El tango ha estado siempre a mi lado”

El Cuarteto Morgado se presenta hoy a las 22 en el marco del Festival de Tango que se desarrolla en el Casino de Neuquén. El músico Esteban Morgado conversó con "Río Negro".



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Esteban, un admirador de los clásicos del tango y también de quienes fueron parte de su innovación.

BUENOS AIRES.- El Festival de Tango que se desarrolla desde hoy en Neuquén, tendrá un menú variado y atractivo.

Comienza hoy a las 20 con clínicas, seguirá con “academia de tango” para bailarines profesionales y de salón, dictada por Horacio Godoy con su pareja de baile.

Después, el plato fuerte, a las 22, se larga la milonga con el Cuarteto de Morgado, un tanguero con historia.

Esteban, desde siempre, escuchaba tangos en casa, su viejo los ponía en el viejo Winco. Así llegó a sus oídos la música de Astor Piazzolla. “Eso, a mi hermano (Claudio) y a mí, nos voló la cabeza cuando teníamos once y doce años, y empezamos a sacar los temas de oreja.”

-¿Partiendo de los arreglos vocales?

– Claro, para tocarlos él en el piano y yo en guitarra.”

-No había transcripciones.

– No había toda la información que tenemos hoy. Hace treinta años que doy clases y cuento con libros, para mis alumnos, de tango, folclore, jazz, música brasilera, rock, baladas. En esa época nada de esto había y debíamos sacar todo de oreja. De la misma manera que los temas de los Beatles. Gastábamos las púas del Winco… Mi viejo escuchaba tango de todas las épocas. Mamá se sentaba al piano y los cantaba, era fantástico verla haciendo eso. Había mucha música en casa; ella nos instaba a integrar o formar grupos en el colegio primario. Vivíamos en Villa Luro y en actos de la escuela tocábamos con un cuarteto, un quinteto de amiguitos del grado.

-En la secundaria aparecieron Los Beatles.

– Mi profesora de música me regaló Abbey Road cuando cumplí los trece. Yo entraba al Nacional Buenos Aires, un colegio universitario con una vida política muy intensa. Ingresé en el 71 y egresé en 1976. Una etapa de militancia, con compañeros desaparecidos, campamentos, fogones en el cole, movilizaciones; el golpe del fascista Pinochet (11 de setiembre del 73) y las marchas de los secundarios. Era cuando todos pensábamos, aún lo sigo pensando, que un cambio en el mundo es posible y yo acompañaba eso con la música. Tocando canciones de Violeta (Parra), César Isella, Quinteto Tiempo; y mucho más adelante, en plena dictadura de la (Nueva) Trova Cubana. La música acompañó el crecimiento y los bailes que se llamaban asaltos, los fogones de los campamentos, las guitarreadas en los veranos para conquistar a las compañeras.

-Pasó el tiempo y vuelve a aparecer el tango de los principios.

– Que estuvo durante toda la vida a mi lado, junto a la música latinoamericana, el folclore, el jazz, la clásica… He hecho de todo. Me gusta la música que llega al corazón, la que conmueve. Con el tango tuve la suerte de arrancar en proyectos como el de Adriana Varela, fui su guitarrista y arreglador; y a partir de allí, pude conocer a Litto Nebbia y con él tramamos otros proyectos, nada menos que con (Roberto) El Polaco Goyeneche, Antonio Agri, (Enrique) Cadícamo… Pesos pesadísimos, tipos grosos con los cuales pasaba una tarde charlando y era como haber ido diez años a la facultad.

Todos los que te nombré, sobre todo El Polaco, eran tipos de una humildad increíble. No había sanata en ellos, eran genuinos. Un día Cadícamo lo llama a Nebbia y le cuenta que tiene unos temas inéditos para que Roberto los cantara y los acompañe un guitarrista, un pianista. Y Litto me propone. Enrique le pidió que

fuera a su casa para aprendérmelos, para que se los pasara a Goyeneche. Hice eso. Cadícamo se sentaba al piano y me mostraba sus tangos! Tenía entonces noventa y dos años… Era un libro abierto, la historia viva y en directo. Me los cantaba, yo los escribía y se los llevaba al Polaco que a veces me decía, Pibe hoy no tengo ganas de aprender nada, vamos a escuchar música. Y se nos iba la tarde en eso. Eramos Roberto, Luisa su mujer- y yo. Me hizo oír el disco que más le gustaba de todos los que grabó, entre paréntesis ciento cuatro discos. Y me mostró uno que grabó con (Carlos) Franzetti para RCA en el ochenta y cinco; le habían prometido una orquesta como la de Frank Sinatra… Eran personas que habrían la boca y contaban unas historias que me sacudían el mate. Tipos geniales con una humildad pocas veces vista. A Roberto lo encontrabas colgado del alambrado en cancha de Platense..

-Ahora, vos contás esa historia, tocás esas obras.

– Sí, pretendo. Están a años luz de lo que puedo hacer. El Polaco, hoy es Gardel, para mí, tiene esa dimensión, particularmente por estas cosas que te digo, por lo que transmitió, nos pasó y tratamos de mostrarle a la gente. Sigo teniendo la fortuna de ser amigo de la familia, y el Bocha, uno de sus dos hijos, está cantando y le hago la gamba porque canta fenómeno; lo voy a apoyar en cuanto pueda. Imaginá a Cadícamo que compuso gran parte de los tangos que se cantan y se cantarán siempre. Ojalá uno de los míos, tenga semejante repercusión; sólo pensando en Los Mareados (sonríe), Garúa y siguen las firmas, Niebla del Riachuelo y pueden pasar horas nombrando obras eternas. Me enseñaron también que siendo quienes eran, no se la creían, no hacían alarde. Cadícamo murió a los noventa y nueve años en 1999 y Roberto en el 94, a los sesenta y ocho de una vida gastadísima, de tanto que vivió e hizo, por la cantidad de macanas que afectaron su salud. Esto vino por el lado del tango, de Nebbia, Adriana Varela y me marcó fuertemente. Hace mucho tiempo que estoy en eso, pero también en las clases y tocando toda clase de géneros. Y tengo el cuarteto con el que nos presentaremos en Neuquén, Walter Castro en bandoneón, el (Horacio) Mono Hurtado en el contrabajo, Quique Condomí y su violín, Héctor Pilatti como cantante, más el bailarín Horacio Godoy y una pareja de La Viruta, una milonga porteña con gente muy joven y talentosa.

-¿El resultado musical suena a Morgado?

– Yo pretendo. Ojalá, algún día, se pueda decir que así es. Es mi meta. De a poquito lo voy logrando… Sí sé que cuando tocamos con el cuartero, la pasamos muy bien, le ponemos pasión, toda la carne al asador.

Cada uno de mis compañeros son músicos alucinantes, re-dimensionan cada cosa que les escribo. Tocan mucho más de que pongo en las partituras y eso es buenísimo. Hacemos la música entre los cuatro, circula entre nosotros. Nos vamos pasando la pelota, usando una metáfora futbolera.

 

EDUARDO ROUILLET


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