El terraplanismo brasileño





Pascale Trouillaud*


Hoy en ese país hay más de 11 millones de personas, más del 7% de la población, que cree firmemente que la Tierra es plana. Los efectos del discurso anticientífico y antiintelectual que gana terreno.


Lo único seguro es que voy a morir y que la Tierra es plana”, asegura Ricardo en su restaurante de San Pablo, con mesas y sillas azules “como el cielo”, donde se reúnen los “terraplanistas”.

Este sexagenario no quiere revelar su nombre completo. Prefiere comenzar con una risa forzada como explicación. “¡Jaja!... Esta risa es la primera reacción de la gente cuando les dices que crees que la Tierra es plana”.

“Causó muchas polémicas y presiones. Porque es la verdad” y “eso despierta a la gente”, explica.

Aquellos que están convencidos de que la Tierra es plana tienden a vivir en las sombras, algo perseguidos, casi paranoicos. Se comunican en grupos cerrados de Whatsapp, en Facebook y especialmente en Youtube, donde sus canales son seguidos por decenas de miles de personas.

En este mundillo digital, el “terraplanista” puede compartir libremente su creencia, divulgar sus experiencias en física o en óptica: la Tierra es estacionaria y plana. Está escrito en el Génesis.

“Nuestro movimiento ha crecido mucho desde 2016/2017. Hoy en Brasil hay más de 11 millones de personas que ya han entendido que la Tierra es plana”, exclama Anderson Neves.

Para los “terraplanistas”, si la Tierra estuviera en movimiento, su rotación, que llega a 1.700 km/h en el Ecuador, haría que todo saliera volando

Esa cifra, que representa el 7% de los brasileños, procede del respetado instituto de encuestas Datafolha. En la comunidad de “terraplanistas” sus miembros son principalmente hombres, a menudo creyentes, católicos o evangélicos, y relativamente poco escolarizados.

El movimiento tiene el trasfondo conspirador de esta era “posverdad” donde emerge sin complejos, particularmente desde los centros de poder en Brasilia, un discurso antiintelectual, anticientífico y escéptico del cambio climático.

Anderson Neves muestra un panfleto contra los tres grandes “mistificadores” que fueron Newton, Darwin y Copérnico.

Junto a él, un modelo de una Tierra plana como un disco, coronado por una cúpula transparente que cubre el Sol y la Luna, de igual tamaño.

“Cuando miramos al horizonte, vamos a una montaña y tomamos fotos, vemos que [la Tierra] siempre es plana y nunca se curva como afirman los libros científicos”, agrega Neves, con un nivel de burbuja en la mano.

Para los “terraplanistas”, si la Tierra estuviera en movimiento, su rotación, que llega a 1.700 km/h en el Ecuador, haría que todo saliera volando. Si fuera esférica, veríamos su curvatura desde un avión. Para percibir la curvatura habría que estar a, aproximadamente, el doble de altura de un vuelo comercial, a 20.000 metros”, dice Roberto Costa, astrónomo de la Universidad de San Pablo. “Desde Galileo, a principios del siglo XVII, sabemos con certeza que la Tierra no es plana, pero los griegos ya lo sabían hace más de 2.000 años”, añade.

“Lo que más nos sorprende, a los astrónomos, son las debilidades de los argumentos de los ‘terraplanistas’”. El péndulo de Foucault, la salida del Sol o de la Luna “son pruebas irrefutables de la rotación de la Tierra”, concluye.

Para los científicos, “el terraplanismo es una cuestión más de sociología y psicología que de astronomía”, dice.

La teoría de que la Tierra es plana se ha infiltrado en las esferas del poder en Brasilia.

El influyente gurú del presidente Jair Bolsonaro, Olavo de Carvalho, un exastrólogo exiliado en Estados Unidos, tuiteó: “No conseguí nada que refute” los videos “que muestran que las superficies acuáticas son planas”.

Afonso de Vasconcelos, también exiliado en Estados Unidos, es un caso único de doctor en Geofísica de la prestigiosa Universidad de San Pablo que cree en una Tierra plana. Su canal de Youtube “Ciencia de Verdade” tiene 345.000 suscriptores.

También en Youtube tiene éxito Siddhartha Chaibub, uno de los organizadores de la convención que reunió a varios centenares de “terraplanistas” brasileños, la primera de este tipo, en noviembre de 2019 en San Pablo.

Los “terraplanistas” son numerosos en Estados Unidos y están dispuestos a llegar lejos. El fin de semana pasado, un norteamericano de 64 años murió al estallar un cohete que había fabricado en su jardín con la intención de elevarse a 1.500 metros sobre el nivel del mar “para demostrar que la Tierra no es redonda”.

* Periodista de AFP


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