“El terremoto de

Cuando en enero del 44 un terremoto desplomó San Juan y mató a cerca de 10.000 personas Juan Perón comenzó a cincelar su camino al poder.

Redacción

Por Redacción

entrevista: Mark Healey, historiador, autor de “El peronismo entre las ruinas”

carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

–Usted aborda el terremoto de San Juan, la reconstrucción y el rol de Perón en todo ese proceso desde una perspectiva, en lo que hace a la política, muy atípica para cómo nos llegó en general a los argentinos ese proceso…

–¿Por qué?

–Un caso: Eva. En su relato Eva siempre va por los laterales, cuando va. Sin embargo, para el relato tradicional es la centralidad de lo que siguió al terremoto. No sé, un punto de vista.

–Sucede que con el terremoto descubrí que a partir de la organización del Estado nacional que se opera desde 1880 las provincias desaparecen del relato que forja la historia nacional a partir de ese proceso. Digo en el prólogo que generalmente los historiadores estaban de acuerdo con Sarmiento en cuanto a que conocer la dinámica que había tenido la historia del interior del país en el siglo XIX era fundamental para asumir cómo había sido la dinámica de la historia del país en formación. Pero, más allá de eso, no había mucho interés por parte de los historiadores en seguir la historia del interior en el siglo XX.

–Pero ¿cómo se relaciona esto con el peronismo?

–En que hasta yo diría las últimas dos décadas siempre fue estudiado desde lo que yo defino como la “perspectiva del centro”, Buenos Aires, el Gran Buenos Aires. Pero no hubo dedicación a investigar cómo surgió el peronismo en el interior del país, a pesar de la fuerza electoral que éste tuvo en línea con Perón. La historia asumió este peronismo como una consecuencia menor de lo sucedido el 17 de octubre del 45. También lo reflexionó como espacio por el cual se filtraban los conservadores.

–En Córdoba sucedió eso…

–Y en otras provincias también, pero es lo puntual. Lo concreto en relación con el peronismo del interior se demoró en investigarlo. Pero que quede claro que mi libro trata sí del peronismo pero en relación con el terremoto y la reconstrucción de San Juan.

–Usted acepta la reflexión del famoso semiólogo mexicano Cinna Lomnitz en cuanto a que los “terremotos no son desastres por sí mismos sino que son las estructuras las que los hacen tales”. Hablamos de estructuras físicas. ¿Qué entra en crisis en San Juan en este campo?

–Yo adhiero a la concepción central de Lomnitz: incorporar la responsabilidad del humano en lo sucedido, algo que, como él señala, generalmente suele quedar excluido al analizarse un desastre natural. O sea, hay que buscar en las estructuras sociales y en las relaciones de poder las razones de los alcances que tienen estos desastres. Para el caso de San Juan, ambas estructuras se forjaban en tradicionalidad, en ejercicio muy jerárquico en sus prácticas, en los términos de incidir sobre el conjunto. Un apego –así lo defino en el libro– que se extendía a la construcción.

–¿Adobe y adobe?

–Y esa tradición fue la que dejó a miles de personas desprotegidas. El grueso de aquel San Juan era de adobe pesado, mortal, de estilo español, lo cual implicó que al momento del terremoto no pudieran sostener los techos, lo mismo que las fachadas, en general y por influencia de la inmigración, construidas al estilo italiano: altas, más que el resto de la construcción que les seguía, poco ligadas a ella. Mucha gente murió bajo esas fachadas al querer salir de sus casas cuando comenzó el terremoto. Era la arquitectura propia del auge vitivinícola… una arquitectura que era metáfora de la sociedad que es puesta bajo cuestión con el terremoto. Yo avanzo sobre este tema en el libro, pero la historia del abobe sanjuanino merece seguir investigándose.

–¿Desde dónde?

–Mire, que en la cantidad de material que acumulé durante años quedó de lado, me contaban que entre el adobe la gente colocaba papelitos con relatos, trabajitos… saberes populares y posiblemente no ajenos a cierta hechicería, incrustados en la pared: dejar testimonio del paso por la historia. Tras el terremoto, en los proyectos de reconstrucción, de trasladar o no la ciudad, etcétera, etcétera, emerge el cemento como protagonista de modernidad.

–El debate sobre qué hacer con San Juan tiene en el poder militar gobernante un acto decisivo. Usted señala en su libro que ellos ven el terremoto como una oportunidad para “refundar la Nación” desde lo material, lo espiritual-patriótico y varios etcéteras. ¿Es así?

–Sí. Los militares, en tanto en el manejo del Estado desde junio del 43, tienen claro que es la hora de actuar. Es su rol y su oportunidad para trascender. Por supuesto que envuelven todo esto en retórica nacionalista y católica. Los muertos son situados en términos de entrega a la patria ante los pecados del liberalismo. Es más, el interventor en San Juan, Uriburu, sostiene claramente en los días posteriores al drama que los sanjuaninos expiaron “por sí los vicios propios y del país entero”, San Juan “purificada” por el dolor. Pero es cierto, a fuerza del hecho abren un debate intenso sobre el qué hacer. Necesitan saberes que no tienen; vía el Ministerio de Obras Públicas consultan incluso las ideas más modernistas para el tiempo en materia urbanista.

–Creo que el debate de ideas sobre qué hacer en San Juan es uno de los tramos que más lo entusiasmaron a la hora de escribir. ¿Es así?

–No, no, me alentó todo el tema. Sucede que el debate fue muy interesante, especialmente en lo que hace a relocalizar o no la ciudad.

–¿Fue una discusión tan fundacional del peronismo, como usted lo insinúa o señala?

–En parte sí, porque calaba Juan Perón, que adhería el proyecto más extremo o radical. Perdió. Pero para una ponderación apropiada, esclarecedora de todo este tema, hay que reflexionar también sobre el estado emocional, anímico, la sociedad sanjuanina que había dejado el terremoto. Una economía devastada donde el 42% de los salarios provenía de la vitivinicultura. Insisto: un terremoto abre de todo, máxime siguiendo la teoría de Lomnitz de la que hablamos.

–¿Qué es Perón en todo este proceso?

–Con el terremoto gana un protagonismo incisivo. Es coronel, maneja la Secretaría de Trabajo y desde ahí forja la famosa colecta nacional a favor de San Juan. Él es la Nación en materia de rol, de propuestas. Desde el poder militar es la figura intelectualmente más activa en relación con cómo manejar lo sucedido en San Juan. En el interior, en los meses de abril y mayo pierde el control del manejo de la colecta, pero ya había dejado su impronta de hacedor entre millones de argentinos y el protagonismo. A la larga termina ganando, porque llega a vicepresidente.

–¿Cree que tras San Juan pone su mira la Rosada?

–Sí, incluso por el sesgo que les inyecta a sus discursos, algo que de todas maneras venía insinuando desde finales del 43. En discursos, uno de ellos por cadena nacional, hay un par que orilla el tema. Tras el terremoto, su palabra se centra en San Juan en tanto posibilidad de todo lo que se puede hacer desde la decisión, lo organizativo.

–Pero busca a los pobres, fundamentalmente. Lo digo por esa reflexión que tiene en relación con la disposición de gente pobre de donar o irse a trabajar en la reconstrucción: “Los pobres no han faltado, como nunca faltan”…

–Él busca a todos. Su mente activa le decía que para seguir necesitaba de todos. Perón es una combinación de ideas desprejuiciadas con convicciones propias que va regulando: eso es Perón. Desde ese estilo, de la mano del terremoto de San Juan puso en jaque al adobe y la política.

–¿Quién termina la reconstrucción de San Juan?

–La Libertadora. En el medio pasó de todo. A valores de aquel tiempo, fue la segunda obra pública del país. La primera fue el complejo Ezeiza.


entrevista: Mark Healey, historiador, autor de “El peronismo entre las ruinas”

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