El trovador que conquista las cumbres más altas subió al Lanín

Con su grupo de montañistas acaba de desafiar al imponente macizo de nieves eternas. Hace tres años padeció un infarto y decidió enfrentar las montañas para sanar. Lleva hechas más de una decena de cumbres de cerros y volcanes. Entre ellos, subió al Domuyo el año pasado y al Trómen en diciembre.



Subiendo al volcán Lanín con las nubes a los pies y el viento que amenaza. Gentileza

Subiendo al volcán Lanín con las nubes a los pies y el viento que amenaza. Gentileza

“Amanecía sobre el Volcán Lanín. El sol tocaba mí cara y como si estuviese flotando en la inmensidad, las nubes abajo. Agradezco a la vida estar precisamente ahí, entre tantos lugares posibles”, escribe el cantor Miguel Sprumont en sus redes sociales y comparte la foto sobre el gigante de Neuquén. Va afirmado sobre sus laderas, peleando contra el viento de 100 km por horas que juega a empujarlo.

El músico y docente llegó hace mucho tiempo desde San Antonio de Padua, provincia de Buenos Aires a vivir en Andacollo. Allí, se transformó en un “neuquino por convicción” y desde ese norte neuquino recorre pueblos con su música. Pero hace tres años sufrió un infarto y sintió que había que timonear de nuevo, como lo hizo cuando dejó la gran ciudad.

Lleva su música por los pueblos neuquinos

Para cambiar de vida miró a las montañas y ya lleva realizadas cumbres a los cerros Negro (2000 msnm), Caicayen (1807 msnm), Tilhué (2520 msnm), Wayle (3296 m), Palao (2813 msnm), Bayo (1782 msnm), Corona (2992 msnm), Mayal Mahuida (1548 msnm) y de los volcanes Tromen (4114 msnm) y Domuyo (4709 msnm). Hace días bajó del Lanín y no se detiene.

Forma parte de un grupo de montaña de Chos Malal que se llama Domuyo 4709. Con el montañista Raúl Rebolledo se preparan durante el año y luego eligen un desafío grande, que en este caso, fue el Lanín (3.776 msnm) .

Preparado para subir al Lanín

El mítico Lanín

Antes de salir preparó su equipo de montaña, carpa, camperas, grampones. Al llegar pasaron por el Parque Nacional Tromen. Hicieron el registro, chequearon que tengan todo el material necesario y caminaron.

“Desde lejos, todas las montañas parecen iguales. Como la gente, como la vida misma. Sin embargo nunca es igual, aunque se vuelva a trepar la misma cuesta. Mañana el camino será nuevo, Intentaremos llegar a la cumbre del mítico Lanín, emblemas si los hay”, decía Miguel en medio del desafío.

El viento los obligó a bajar antes de la cumbre

El Lanín no es la montaña más alta de la Patagonia, pero sí, una de las difíciles por ser bien empinada. Después de cruzar un bosque lindo, arrancaron el ascenso. Fueron 4 horas de subida hasta el campamento base donde pararon a dormir. No hubo canciones esa noche, al otro día había que arrancar antes del amanecer.

A las 4 de la mañana estaban levantados y volvieron a caminar “con el viento bien fuerte golpeando nuestro cuerpo, mirando donde hacer cada paso, con cuidado de no caer, con una ladera muy inclinada y, sin embargo, con esa felicidad en el corazón de saber que estábamos en el lugar exacto en que queríamos estar”, dice Miguel.

Lo importante para él, es llegar en grupo.

Fueron dos días con las nubes a sus pies, llegaron a los 3.300 metros y quedaron a 500 de la cumbre porque a esa altura del camino, el gigante le mandó a decir al viento, que ya no podían seguir.

Después de 6 o 7 horas de subida vieron que era muy peligroso y decidieron volver. “Son sensaciones encontradas. Estás en un lugar en el que pocos llegan y no hay foto ni filmación que pueda reflejar lo que viviste. Las nubes corren a tus pies”, dice y sin pena agrega: “no quiso en esta oportunidad la Madre Tierra que pudiésemos llegar a su cima. El viento llegaba en ráfagas sorpresivas, y parecía que, de repente, te empujaba”.

Sostiene que es importante el trabajo en equipo y que en su grupo la idea es llegar todos juntos. "A diferencia de otros deportes, en el montañismo no se compite con otros, si no con uno mismo. La idea es llegar, no llegar primero que nadie, siempre que las condiciones lo permitan”, explica Miguel.

El entrenamiento se lleva a cabo todo el año.

Un hombre, muchas facetas

Miguel sostienen que es músico, docente, amante del norte neuquino y montañista. Puede haber un orden de prioridades para eso, o no, pero todo lo que hace tiene pasión. Como subir las cumbres, esa actividad que surgió con un susto.

“Lo que me pasó con el infarto lo cuento para que cualquiera pueda ver que somos capaces de más. A veces decís no es para mí, no tengo tiempo. Yo veía la gente que corría carreras como algo ajeno a lo que yo podía. Pero cuando estaba mejor sentí que era un aviso y me decidí a arrancar. Todo nos puede pasar y podemos hacer algo para estar bien”, confiesa.

El año pasado conquistaron la cumbre del Domuyo.

Empezó a caminar a la vuelta de la plaza, luego a correr y el año pasado tocó el techo de la Patagonia cuando subió el Domuyo. En diciembre se montó sobre la cumbre del Trómen y el Lanín es el broche de oro de la temporada.

“Estar en la montaña son dos o tres días en un ambiente totalmente diferente. Desconectado de todo lo que te rodea y en lugares que te imaginás que hace millones de años estaban completamente igual. Es conectarse con la naturaleza, en un lugar donde ella decide. Es una marca que no se va, pase lo que pase”, sostiene.

Hito de la cima del Tromen con la nieve esculpida por el viento.

Esas experiencias se meten en su vida, en sus canciones. “La metáfora dice que la vida es como subir una montaña y es un lugar común, pero escribo y siento esa conexión con la naturaleza. Es la sensación de respirar todo el aire y que la vida se carga de energía, la montaña atraviesa todo”.

Ahora acaba de llegar a su casa. Va a la escuela a trabajar y a la vuelta trabaja en el video clip de uno de sus temas. Anda por el suelo firme de festejo, jurando que desde arriba, te das cuenta de lo pequeños que sos. Como dice su canción Montañeros “cada cumbre me dice que el triunfo es volver a casa”.

Escuchá el tema que le escribió a la montaña

Para subir al Lanín, datos a tener en cuenta

- El volcán Lanín, es uno de los macizos andinos más atractivos y desafiantes de la Argentina.

- Su altura es de 3776 msnm y su desnivel 2600 mts.

- La temporada de ascensos más recomendable es de Octubre a Abril, pero se puede hacer todo el año.

- Dificultad: ALTA.

- Demanda preparación física previa.

- Cada año, un promedio de 3.400 montañistas se registran para llegar a la cima.

- El trayecto dura dos días, y el segundo es muy intenso con 15 o 16 horas de caminata.


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