El turismo comienza a ver la luz al final del túnel en Bariloche

Estiman que el movimiento de turistas rondó el 60% durante el invierno. La falta de nieve en las semanas de las vacaciones fue clave para no alcanzar los niveles históricos de ocupación. Esperan afianzar la recuperación del sector el próximo verano.





El secretario de Turismo del municipio, Gastón Burlón, dijo que Bariloche trabajó este invierno en niveles cercanos al 60% de una temporada “normal”, sin crisis sanitaria. “En julio hubo un pico del 70/75%, y lo bueno es que después se extendió con ocupaciones altas en agosto y también en septiembre”, afirmó.

Dijo no obstante que ese flujo de visitantes “no alcanza” para consolidar un repunte definitivo del sector hotelero y los prestadores de servicios en general, que “acumularon casi un año sin trabajar y se endeudaron a niveles muy altos”.

El turismo en Bariloche había tenido un primer atisbo de recuperación en el último verano, cuando se produjo la esperada apertura post cuarentena. Luego sobrevino un nuevo cierre en abril y mayo, en coincidencia con la segunda ola de Covid-19. En esos meses la apuesta fuerte pasó a ser el invierno, y en especial las dos semanas de julio que coinciden con el receso escolar en Buenos Aires. Pero llegada esa fecha los pronósticos entraron en zona de riesgo por la falta de nieve.

La presidente de la Cámara de Turismo, Belén García Bertone, reconoció que “al principio pintaba durísimo”, pero las nevadas de mediado de agosto “le dieron aire a todo el sector”.

Señaló que al cabo de la temporada invernal “la foto es alentadora”, aunque “la situación todavía es crítica” para el sector en general, por el alto nivel de endeudamiento acumulado durante la crisis. “Muchos tienen créditos con bancos, otros deben alquileres, o deben facturas de agua y gas, y están con planes de pago”, detalló.

Ese panorama no cambia en unos pocos meses y los especialistas hablan de dos años como mínimo para la recuperación económica del complejo turístico. García Bertone dijo que hoy el horizonte es más claro porque parece garantizar “previsibilidad” a futuro.

La empresaria repasó la cronología del invierno que acaba de terminar y dijo que “se arrancó tarde, el 9 de julio, cuando otros años a fines de junio ya había movimiento. El primer traspié fue la falta de nieve y el final de julio fue crítico. En agosto llegó la nieve y repuntó un poco, pero no fue el mes completo y ese impulso se mantuvo en septiembre, con una ocupación en niveles buenos para la época”.

Dijo que la falta de precipitaciones perjudicó al cerro Catedral y otros centros de nieve, pero volcó a los turistas a conocer y consumir otros productos. Gracias a ese desplazamiento tuvieron buena demanda las excursiones lacustres, las propuestas de aventura y otras más propias del verano. “Por ejemplo hubo días que los circuitos de bici trabajaron a full, lo que no suele pasar en invierno”, dijo García Bertone.

Señaló también que la nueva realidad impuso nuevas preferencias por un turismo más personalizado, el contacto con la naturaleza y los viajes combinados con teletrabajo. Según la empresaria, en su hotel (y en otros) fue común en estas semanas ver pasajeros que prolongan su desayuno pegados a la notebook, porque “trabajan mientras vacacionan”. Ese hábito también empezó a redundar en estadías promedio más prolongadas.

El otro lado del río

La ministra de Turismo de Río Negro, Martha Vélez, aseguró que “el turismo va a levantarse y todo lo que viene es crecimiento, pero todavía el sector necesita ayuda, porque fueron muchos meses de facturar cero. Hay que entender lo que significó eso: hubo que remar mucho para llegar al otro lado del río”. Dijo que el objetivo central de las políticas desplegadas por Nación y provincia fue “sostener el empleo, y eso está logrado”.

Evaluó que la temporada invernal “fue muy buena” y también resaltó que se haya extendido hasta septiembre, sin caídas abruptas. “Lo que nos jugó una mala pasada fue la nieve, porque el público esquiador claramente no vino, pero sí los que vacacionan en julio, que pudieron realizar distintas actividades”, completó Vélez. Destacó el hecho de que Catedral cuente con “nieve técnica”, que sirve para iniciarse en el esquí, y ese también fue “un factor que aportó” para evitar cancelaciones y mayores perjuicios.

Vélez exploró en las motivaciones de los visitantes y coincidió en que “había mucha necesidad de salir”. Sostuvo que se necesita esa clase de impulsos para sortear el impacto de la pandemia, que todavía no está superado. Falta por ejemplo recuperar otros segmentos que siempre resultaron clave en invierno como el turismo de Brasil y los viajes de egresados.

“La gente está muy atenta a los beneficios, las promociones, el programa Previaje es un gran estímulo y el verano promete mucho”, afirmó la ministra.

García Bertone también destacó que Río Negro y Bariloche lideren a nivel nacional las reservas con Previaje, incluso por encima de Buenos Aires.

El público que llegó en invierno fue en buena medida de alto poder de compra porque se trata de los argentinos que no pudieron viajar al exterior, según opinión de los especialista.

García Bertone agregó que se hizo sentir “la falta del turismo social, ese que viaja en ómnibus” y que nutre la hotelería de 1 a 3 estrellas. Aunque advirtió que hubo algunos cambios de tendencia como la buena demanda para cabañas y bungalows, “para los hoteles de 4 y 5 estrellas no fue tan bueno como el verano” y también mucha gente “se animó más a consumir hoteles céntricos”, que no era habitual en invierno.

Números alentadores

Las cifras definitivas de la temporada todavía no están disponibles, pero Burlón dijo que rondaron un 60% de lo habitual para la época en un invierno de la pre pandemia, con el dato estimulante de que “se mantiene buena ocupación en septiembre”. Para Vélez, el resultado “superó las expectativas”.

Según el secretario municipal de Turismo, un indicador elocuente fue “la ocupación plena en la base del cerro Catedral”, donde en el pico de la temporada “no hubo una cama libre”.

Indicó que en todo Bariloche la capacidad supera las 31.000 camas pero no todos los establecimientos estuvieron abiertos. Calculó que la oferta durante el invierno fue de unas 28.000 plazas.

Según Burlón, la demanda fue sostenida “y ayudó mucho la política de las compañías aéras: cuando se agotaban los vuelos agregaban de inmediato”.

García Bertone coincidió en que esa conectividad aérea es decisiva para Bariloche. Señaló que el aeropuerto local está consolidado como el de mayor movimiento en todo el interior del país, por encima de Córdoba y Mendoza. Aunque advirtió que todavía no hay tantas frecuencias como en la prepandemia. “Se siente la ausencia de Latam , y Aerolíneas recuperó un 80% de los vuelos que tenía hasta el verano 2020”, señaló.

Catedral, capítulo aparte

El cerro Catedral es el principal atractivo invernal de la ciudad y la oferta estrella del “producto nieve”. Pero esta vez le costó redondear una temporada aceptable, porque la falta de nieve desbarató los planes.

El gerente de la empresa Capsa, Manuel Pérez Diez, dijo que tuvieron un 50% de la facturación esperable en un invierno a pleno, con turismo extranjero y sin amenaza covid, lo que significó para Catedral un segundo invierno de trabajo “a pérdida”.

Señaló que la falta de nieve resultó determinante. Y contra esa fatalidad no hay mucho por hacer. En julio, cuando se produce el pico de turistas por las vacaciones en el principal centro emisor, el cerro trabajó a medias, con muchas pistas cerradas y solo algunos sectores abastecidos con cañones de nieve.

La poca nieve natural que se mantenía en las pistas altas debió ser trasladada en operativos diarios, muchas veces a pala, para mantenerla en las pocos corredores esquiables que estuvieron disponibles.

“Fue un año muy demandante, de mucho trabajo para garantizar la operatividad”, dijo Pérez Diez. Además de la colaboración prestada por los operarios del cerro, instructores y prestadores de servicios para mover nieve desde donde se acumulaba con el viento hacia otros sectores que quedaban pelados. se adaptaron cajas volcadoras en las máquinas pisa nieve, a fin de lograr mayor eficiencia en esa tarea.

Según el gerente de Capsa “hacía muchos años” que no había un déficit de nieve tan marcado. De hecho en 2020, con bajísima demanda por el cierre turístico, el cerro tuvo nieve en abundancia para esquiar desde la cumbre hasta la base durante toda la temporada.

Este invierno la nevada abundante que mejoró los ánimos llegó recién el 16 de agosto. Desde entonces la operatividad de la montaña se amplió, pero la ecuación económica ya estaba dañada sin remedio, explicó Pérez Diez, porque eran semanas de tarifas rebajadas, propias de “temporada media”, mientras que cuando rigieron las tarifas de “tempora alta” la nieve no acompañó.


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