El valor público

Por Redacción

Más allá de cuál sea el justo valor de nuestra realidad educativa, nuestros alumnos, maestros y el resto de los trabajadores del rubro están mal promocionados. Quizá a nadie se le ocurrió mejorar la imagen en términos publicitarios, incluso un paso por delante de los avances concretos. Veamos a qué me refiero, después de todo, la “buena fama” abre puertas: Si consideramos los últimos datos de la consultora Hugo Haime & Asociados, la educación ocupa el puesto Nº 8 en el top ten de problemas más apremiantes de Argentina. Ésta fue votada por un 14%, la pobreza por un 12% y las jubilaciones por un 3%. Por encima están la inseguridad (47%), corrupción e inflación (25%) y desocupación (22%). Por otro lado, los sondeos de Management & Fit ubican a la educación en el puesto Nº 6 con un 16,9% de los encuestados. Sin embargo, lejos están la inseguridad (80,9%), inflación (62,9%) y desempleo (52,0%). Está claro que son todos problemas relacionados. No obstante, si no hay conciencia colectiva sobre la importancia crucial de la educación, se dificultan las mejoras. Entonces, si coincidimos en que “la realidad” está influenciada por los medios, se tratará de qué queremos resaltar a través de ellos. Está claro que ningún político en funciones se perderá de difundir a cuatro vientos sus obras concluidas y logros concretados. Así sucedió con cada refacción o edificio escolar nuevo, maquinaria de última generación adquirida, etcétera, en el período de gobierno de nuestra presidenta. Sin olvidar la publicidad de los valores “subjetivos” o “modelos ideales” o de “formas de pensamiento” que suelen presentarse como “verdades”. Incluso, el marketing y la propaganda encuentran un contrapunto o vinculación indirecta en hechos simples, repetitivos y de enorme impacto. Por ejemplo, cuando un padre se levanta, lleva a su hijo a la escuela y se topa con un “hoy no” (no hay clases: hay paro, no hay agua, etc.), se produce una caída de los valores de la educación pública. Se trata, de algún modo, de una publicidad negativa, que no es dirigida (a veces) y que no vende, sino todo lo contrario. El ausentismo de los profesores y los alumnos son dos fenómenos vox populi que han creado la divulgación necesaria para el nacimiento de un supernicho de mercado: la escuela privada (no ya sólo la de elite o diferenciada, o alguna de índole religiosa). Otro ejemplo se da mucho en el diálogo argentino, en las simples conversaciones: “Pulula la sospecha que, en términos de adquisición de conocimiento, las escuelas públicas están fallando”. Pero termina siendo una sospecha, porque algunos de nosotros mismos no tenemos memoria de haber aprendido mucho. O porque no queremos admitir que no sabemos bien a dónde enviamos a nuestros hijos todos los días. O íntimamente creemos que son “otros alumnos” los afectados, son “otras” las escuelas con problemas. De una u otra forma, algo está pasando. Otro punto coyuntural de publicidad negativa es “el bajo salario de los docentes”. Ningún sistema educativo puede mejorar si no hay un pago superlativo en los salarios docentes, acorde a exigencias. Y de esto hay pruebas en todo el mundo. La propaganda negativa dice: “Si los maestros cobran poco, la enseñanza no puede ser buena”. Y para ponerle la cereza a la torta, hoy están de moda los resultados de la prueba PISA, una pésima propaganda para toda Latinoamérica, que ronda en rededor del puesto Nº 55 de un total de 65. Somos algo así como los alumnos “subdesarrollados”, los “regulares”. En palabras simples: las notas más bajas de la clase. Por tanto, esperamos con ansias los resultados de PISA de este año, que se publicarán en 2016. Semanas atrás me topé con un anuncio de página completa en la revista “Hola”. Todo en adecuados colores y hoja satinada decía: “Inscripción Ciclo Lectivo del año 2016, 1º etapa”. Y luego un texto más pequeño especificando: “Inscripción del 5 al 16 de octubre para jardín de infantes, 1º grado primaria y 1º año secundaria”. Se daba la dirección dentro de la página buenosaires.gob.ar y los auspicios de Buenos Aires Ciudad y “BA en todo estás vos”. Si bien es una información de fechas importantes, antes que nada es un aviso propagandístico: “Vengan, nuestra educación los espera”, etc. Y lo que es importante: se realza el valor de lo publicitado. Las posibilidades son interminables. Como el caso de la propaganda del Programa Nacional de Formación Permanente (PNFP), un servicio gratuito de capacitación para docentes; o de la Asignación Universal, etcétera. En esta época estamos en tiempo de inicio de inscripciones y no se ve publicidad por ningún lado. Lo citado arriba corresponde a la ciudad de Buenos Aires. Me atrevo a decir que, en su gran mayoría, el resto del país no promueve la educación pública. Parece ser que enviamos a nuestros hijos a escuelas públicas por tres únicas razones: 1) creemos en la educación pública, 2) no creemos pero “somos patria”, aunque no sabemos bien qué significa (digamos que la tradición “tira”), y 3) no nos “da el cuero” para pagar una escuela privada de nuestro gusto (todavía). Es obvio que el Estado debe iniciar y mantener un branding en favor de la educación pública, y así recordarse a sí mismo cada punto de avance. La educación es un valor que nadie puede cuestionar y de alta estima para todos. Es curioso que casi ningún gobierno de turno se dedique a promocionarla. Acción que puede atraer votos inamovibles como beneficio agregado, pues el branding funciona a nivel inconsciente. De hecho, Macri hoy y antes Telerman vienen usando el recurso. Si consideramos un mensaje publicitario como: “Seamos tolerantes con el día sin clases, nuestros queridos docentes luchan por su dignidad y dan el ejemplo a sus entrañables alumnos”, quizá nuestra valoración sobre la educación pública sería otra. Cuanto menos, el ejemplo ilustra el punto. Hoy, más que nunca, los medios “impondrán fuerte influencia” sobre cuál es el valor y la interpretación de cada hecho social. Los gobernantes y dirigentes tienen las herramientas para difundir lo que crean adecuado respecto a la educación pública. No olvidemos que “la verdad” es creada y es convencional. Nos guste o no, la verdad se impone. Por tanto la acción es simple: mejorar la imagen de nuestra educación pública en términos publicitarios, incluso un paso por delante de los avances concretos. El ABC de la intención política. (*) Licenciado en Letras

sergio povedano (*)