“Electoralmente, la oligarquía no fue competitiva”
–Se viene una nueva edición de “El orden conservador”… –Sí, sí, es un libro que me dio muchas satisfacciones. –¿El 80 pudo construir un sistema político más participativo de lo que construyó? –Ése es un tema muy interesante y yo he tratado vía mis publicaciones de introducir como mínimo un estilete en la cuestión. Reflexiono el tema desde dos aspectos. Uno hace a una república en la que son muy pocos los que definen el trámite político decisivo, el que hace a tener el poder, que está controlado por una elite. La otra reflexión hace a que esa elite puede ser competitiva o no competitiva. –¿Inglaterra antes del surgimiento del laborismo? –Un caso, sí; competían y alternaban conservadores y liberales que, con sus diferencias, estaban dentro de una misma frontera político-ideológica. Entre ellos se define a lo largo del siglo XIX el trámite político. Ahora, Juan Bautista Alberdi en su libro último, “La República Argentina consolidada”, libro al que apelo en “La república conservadora”, muestra claramente que dentro de la frontera de visión política restringida de la elite –la oligarquía– no había cultura de competencia. O sea que siempre una facción de esa oligarquía terminaba imponiéndose a la otra, ya por la fuerza, ya por el fraude. También es cierto que hay nueva bibliografía, el libro de Paula Alonso por caso, que tiene nuevas miradas sobre el tema; sostiene que sí, que existía competencia, especialmente en las provincias. –¿Y entonces? –Pero nunca entre 1880 y 1916 hubo competencia por el nivel presidencial en términos de estar abierta la posibilidad de que un partido desplazara a otro en el máximo poder institucional, aun cuando el voto fuera restringido. –¿En qué nos marca hoy esta ausencia de competencia? –No en términos de señalar que ése es el problema que condiciona el funcionamiento del sistema político argentino. Pero no es menos cierto que tiene que ver con herencias de percepciones que se mantienen hoy en la política y que dañan la posibilidad de visiones más amplias, de ver en términos más amplios el funcionamiento del sistema político. La competencia, la alternancia en el poder. Lo cierto es que llegamos al sufragio universal masculino en 1912 con la ley Sáenz Peña sin tener cultura de competencia, ley que sí implicó un avance institucional muy importante. –¿El respaldo que da el conservadurismo a la ley expresa seguridad de poder manejar el escenario político que abrirá? –Expresa, fundamentalmente, la incapacidad de competencia que tenían entre sí las fuerzas conservadoras. –¿Incapacidad para asumir qué? –La construcción de un único partido conservador moderno para competir con el radicalismo. –¿Los movió el temor a exponerse sin artilugios a la contienda electoral? –No sé si temor. Pero hay un dato interesante: nunca más desde el surgimiento de la ley en 1912 y el primer gobierno nacional que llega a la presidencia de la Nación vía esa ley, Yrigoyen en el 16, los conservadores ganaron una elección nacional. Volvieron al poder a través del fraude, golpe de Estado o siendo parte de coaliciones de derecha, como fue el caso de Menem. –Pero en el 46 también recibió respaldo del conservadurismo… –El peronismo siempre divide aguas… Y eso sucede con el conservadurismo popular de la Provincia de Buenos Aires de la tradición de Manuel Fresco, apoyan a Perón y Cámpora, entre otros.