En bancos de la región, angustia en ambos lados del mostrador

Redacción

Por Redacción

NEUQUEN/ROCA.-“Más que recordar tengo ganas de olvidar”. La frase de Jorge Rodríguez, el actual secretario general de la Asociación Bancaria, resume la sensación de la mayoría de los trabajadores bancarios que hoy todavía continúan en actividad. Pasaron 14 años de una de las peores crisis económicas de la Argentina y, a pesar del tiempo transcurrido, los recuerdos permanecen.

La crisis para los bancarios había comenzado diez años antes. En 1991, y en medio del proceso de redimensionamiento del sistema financiero, muchos de ellos habían quedado en la calle. Las nuevas tecnologías avanzaron en la modernización de las entidades crediticias y varios, repentinamente, se quedaron sin su fuente de ingreso.

Pero sin lugar a dudas que la crisis del 2001 resultó inolvidable. Es que muchos de los ahorristas que quedaron en el corralito creyeron que los verdaderos responsables de manejar sus fondos eran los empleados.

“Había un grado de violencia y agresividad inusitado”, recuerda el dirigente que agregó que a los pocos meses los tratamientos psicológicos de muchos trabajadores se hicieron algo habitual.

“Por ese tiempo el agotamiento era normal. Y no porque se trabajaba mucho (de hecho fue así) sino por lo que significaba estar atrás de un escritorio”, recordó. El problema no sólo estaba puertas adentro del banco. Para los trabajadores, llegar a su casa y encontrarse con su vecino o con su amigo, o bien con algún familiar que había quedado atrapado en el corralito, significaba también una demanda extra. “Todos tenían el mismo problema, hasta tus allegados. Imaginate la presión que significó para los empleados”, contó.

“No había posibilidad de relajarse”, recordó.

Antes de comenzar la crisis del ’91 había en el país unos 220.000 trabajadores bancarios y en el 2003 se contabilizaron 40.000. Recién ese año los representantes de la Bancaria lograron recuperar el proceso de paritarias.

“Para nosotros fue imprevisible, no teníamos señales de que esto pudiera ocurrir. Si hubieran existido quizás se habrían tomado precauciones, pero como trabajadores nos tomó totalmente por sorpresa”. Francisco Melo es secretario general de la Asociación Bancaria de Neuquén desde 1995 y no recuerda “situaciones tan traumáticas” como las que se vivieron en el 2001, cuando se instauró el “corralito” y estalló la crisis.

“Fue algo muy traumático para los trabajadores bancarios porque fueron quienes más sufrieron las consecuencias de este problema y las constantes agresiones, presiones del público que no podía retirar el dinero. No había una voz de mando de las entidades financieras que diera claridad a las cosas. Fue algo bastante grave”, recordó el dirigente.

Durante el tiempo que duró la medida, a los bancarios les tocó recibir la presión y, en muchas oportunidades, la agresión de usuarios que no entendían por qué no les era posible retirar los ahorros que habían depositado junto a su confianza. “Muchas veces el cliente cree que el empleado es quien tiene el manejo de todo y la responsabilidad de entregarle los fondos. En ese momento había una restricción total y eso ocasionó que mucha gente lo tomara como un problema del trabajador. Generó mucho susto, cuestiones desagradables en el ámbito de trabajo que no tenían nada que ver con la responsabilidad de los empleados”, señaló Melo. El titular del gremio sostuvo que la situación “desbordó a la generalidad de los trabajadores e incluso a los gerentes” y cuestionó que las autoridades de las sucursales no tuvieron capacidad de respuesta y todo recayó en los empleados de menor jerarquía. “Era una cuestión de situaciones desagradables para ambos lados del mostrador”, concluyó. (AR/AN)

Memorias del corralito


NEUQUEN/ROCA.-“Más que recordar tengo ganas de olvidar”. La frase de Jorge Rodríguez, el actual secretario general de la Asociación Bancaria, resume la sensación de la mayoría de los trabajadores bancarios que hoy todavía continúan en actividad. Pasaron 14 años de una de las peores crisis económicas de la Argentina y, a pesar del tiempo transcurrido, los recuerdos permanecen.

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