En cuatro años, el salario en dólares cayó a la mitad

Uno de los resultados más complejos de la gestión Macri, es el derrumbe del salario. Sucede tanto respecto a los precios internos, como en relación al dólar.



Ajustados. Los bolsillos medios del trabajador privado, golpeados por la crisis.

Fue allá por agosto de 2018. El Vice Jefe de Gabinete de la Nación, Mario Quintana, de visita en Wall Street en medio de una misión oficial, exponía ante una rueda de inversores. El hombre de extrema confianza de Mauricio Macri, intentaba explicar a los hombres de negocio presentes, que Argentina seguía siendo confiable, pese a que ya en ese momento el dólar se había devaluado un 70% en solo cuatro meses, a que el primer péstamos solicitado al FMI se había acabado, y a que el gobierno ya negociaba con el organismo un segundo tramo que finalmente sería anunciado en septiembre.
En su discurso, Quintana se valió de un dato negativo para transformar una situación adversa en un punto a favor, y convencer a los capitales ávidos de mercados emergentes, acerca de las bondades de colocar los fondos en el Río de la Plata. En ese marco, el ex funcionario pronunció una frase que describe a la perfección la visión real de aquel equipo de gestión económica, y también la del ex Presidente de la Nación, en relación a la economía nacional. “Hay mejoras en el frente fiscal que no se pueden anunciar porque nos perjudicaría en lo político, como por ejemplo la caída del salario real”, explicó.
La sentencia estaba estrechamente ligada al efecto de la devaluación sobre los salarios nominales en pesos. En otras palabras, la oferta a los inversores era: “gracias a la devaluación, los salarios en Argentina son baratos, es una buena oportunidad para invertir en el país”. La evaluación positiva de Quintana frente a la caída del poder adquisitivo, revelaba a vez, que la rebaja del salario real era en realidad un objetivo en sí mismo.
Con mirada retrospectiva, los datos oficiales al cierre del último mes de diciembre, confirman que tal fue uno de los resultados más significativos de la política económica aplicada en el periodo 2015-2019.

Versus inflación
Puede debatirse hasta el cansancio acerca de las causas de la inflación, y de cuál es la receta más adecuada para erradicarla definitivamente. Lo cierto es que en una economía en la que el nivel general de precios crece a una velocidad acelerada, el valor de las tenencias en moneda local se deterioran. Los salarios nominados en pesos, corren una verdadera carrera contra los precios. Mientras esa carrera se mantiebne pareja, la capacidad de compra de la remuneración al trabajo, se mantiene estable. Es decir, los salarios alcanzan para adquirir en promedio, la misma cantidad de bienes y servicios. Cuando en cambio los salarios pierden contra los precios, la canasta a la que puede acceder un trabajador, se reduce progresivamente.
La dinámica de la carrera, tiene además una particularidad que resulta determinante en el resultado: los precios avanzan de forma constante, cada día y cada mes. Los salarios lo hacen una o dos veces al año, y en el mejor de los casos tres o cuatro veces. Significa que el objetivo de la actualización de los salarios es al menos empatar momentáneamente la carrera.
El primer gráfico adjunto, muestra el avance anual de los salarios y de los precios entre 2007 y 2019. Los datos muestran dos etapas. Pese a la elevada inflación registrada entre 2007 y 2015, la carrera se mantuvo pareja en este lapso, con años en los que los salarios ganaron terreno (2007, 2008, 2011, 2012, 2015) y años en los que perdiron frente a los precios (2009, 2013, 2014). Desde 2016 en cambio, la nominalidad se disparó, y los salarios quedaron notoriamente rezagados.


Según el Ministerio de Trabajo de la Nación, al cierre de 2019 la remuneración promedio de los trabajadores privados registrados, era de $50.451, lo que significa un incremento del 50,8% respecto al cierre de 2018. En el mismo lapso, y en base al registro de la Dirección de Estadística y Censos de la Provincia de Neuquén, los precios crecieron un 61%. Signifíca que solo el último año tuvo lugar una pérdida real del 10%.
Si se considera de punta a punta el periodo 2016-2019, resulta que los precios avanzaron un 196,99%, mientras que los salarios promedio lo hicieron un 148,59%. El resultado es una pérdida real del 48,4% en solo cuatro años.
Por más esfuerzo productivo que pudieran hacer en su conjunto los agentes económicos, y por más optimismo que pudiera haber en relación a la reactivación para los próximos años, la pérdida real ya acontecida, es irrecuperable.
La situación se torna mucho más crítica para quienes perciben remuneraciones mínimas. Entre 2016 y 2019 el Salario Mínimo Vital y Móvil avanzó un 123,2%. Una pérdida del 73,7% frente al nivel general de precios.

Versus el dólar
Al comparar los salarios en pesos respecto a la evolución de la cotización de la divisa norteamericana, el contraste es mayúsculo. El segundo gráfico adjunto, muestra la evolución del salario promedio de la remuneración promedio de los trabajadores privados registrados, medida en dólares, entre 2007 y 2015, según la cotización oficial a diciembre de cada año.
Los datos revelan que el salario en dólares creció desde u$s 654 en 2007 hasta u$s 1.414 en 2012, se estancó en 2013 y 2014, y alcanzó un máximo de u$s 1.608 en 2015. En adelante, la remuneración promedio cayó hasta alcanzar los u$s 801 a fines de 2019.
Naturalmente, el atraso cambiario registrado entre 2007 y 2015, y utilizado por el gobierno como ancla de precios, contribuyó notablemente. No obstante, y siendo estrictos con los datos, es posible afirmar que durante la gestión Macri, el salario en dólares se redujo a la mitad.
Tal es el éxito que Quintana destacaba como una verdadera oportunidad ante los inversores. Tal es el escenario que Alberto Fernández se propone revertir.


La lluvia de inversiones nunca arribó. Ni antes, ni después. En el camino, el derrumbe del salario real, deprimió lo que aun hoy sigue siendo el motor de la demanda agregada en Argentina: el consumo.
El último informe de Indec referido a los agregados macroeconómicos, indica que el consumo representa el 65% del Producto Bruto Interno (PBI). El gasto público en cambio, y pese a la constante insistencia mediática respecto al peso del estado en la economía, representaba a fines de 2019, apenas el 14,9% del PBI.
Una altísimo proporción de cada peso extra que ingresa al bolsillo de un trabajador promedio, se consume. Esa proporción se conoce como ‘propensión marginal a consumir’ y es mucho más alta en los segmentos de ingresos bajos. Quienes perciben ingresos mínimos, consumen la totalidad de su salario.
La ecuación que manejan en la actual gestión, es que incrementar los ingresos de los que menos tienen, es en definitiva engrosar el consumo, dinamizar la demanda, y por lo tanto el producto. El razonamiento va en línea con el pedido de ‘solidaridad social’ lanzado por Fernández.
Se trata de un plan con ‘patas cortas’, señalarán desde la cátedra. En efecto, a los fines de reactivar, probablemente sirva solo en el corto plazo. No obstante, los planes ideados con la vista en el largo plazo, no generaron mejores resultados, y configuraron una situación de parálisis que lleva yá 21 meses, y que castigó principalmente al salario en pesos.

En números

50,2%
Lo que cayó el salario promedio del sector privado, medido en dólares, entre el año 2015 y el 2019.
u$s 801
El salario promedio del sector registrado medido en dólares en diciembre de 2019.

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