En movimiento, siempre

La coreógrafa Viviana Iasparra dará jornadas de capacitación en Roca. Antes, habló con “Río Negro”.



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“Son como un ojo externo que acompaña dialogando con el intérprete”.

Eduardo Rouillet

Tras su visita de febrero, regresa a Roca la coreógrafa, bailarina, docente e investigadora Viviana Iasparra (48), para nuevas jornadas de capacitación destinadas a bailarines, coreógrafos, actores y artistas de clown. Directora artística de Espacio LEM en el porteño barrio de Palermo, se graduó en el Teatro San Martín y desde 1986, desarrolla y dicta clases del sistema de entrenamiento y técnica que lleva su nombre. Ha sido bailarina de compañías como El Descueve, Mariana Pattín o Roxana Grinstein. “Lo que más me interesa trabajar en el cuerpo, es descubrir o redescubrir todo lo que él incluye. La parte física y la persona… A un cuerpo sin personalidad, le falta algo. A eso apunta la tarea, a que cada uno pueda afianzarse en eso. Sin descuidar las herramientas técnicas, en cuanto ayudan a usar mejor el instrumento, a poder controlarlo, dirigirlo, ampliarlo y tener umbrales más amplios de sensibilidad. Que se pueda adaptar a diferentes propuestas. Comparando con un director de orquesta, la diferencia es que en mi rol hay mucho diálogo. La partitura no es fija, se va moldeando a través de la comunicación. Soy como un ojo externo que acompaña dialogando con el intérprete para que una propuesta pueda realizarse”. –Requiere una importante capacidad de captación tuya, de entrega por cada bailarín, y además un tiempo necesario para que se comprenda tu idea, tu mirada. –Sí, porque como te digo, no se trabaja con una obra previamente escrita. Se va escribiendo mientras se procesa. Se actúa con los interrogantes que genera el material mismo, que ya no es del intérprete ni del director. Hay un momento en que la obra empieza a sugerir, a pedir, a cuestionarme como directora sobre mis caprichos, sobre lo que quiero que ocurra pero no sucede y tal vez debe ser así… Ahí cobra mucha importancia lo que se gesta gracias al quehacer compartido. Viviana enseñó en la Escuela Mousiké de Inés Sanguinetti, en los centros culturales Rojas y Borges y en el Laboratorio de Experimentación de Artes Escénicas del Centro Cultural de la Cooperación. Actualmente es docente en la Carrera de Actuación y Dirección del Centro de Investigación Cinematográfica, y entrena en danza contemporánea en su estudio. Participa también como invitada en la Carrera de Artes UBA, cátedra Teoría General del Movimiento. Desde 1997 es directora y profesora del grupo La Otra Compañía Argentina de Baile. “Yo soy muy sensible al espacio y entonces lo a bordo de diferentes maneras. Hay ciertas puestas en las que el ámbito donde se va a realizar la producción, tiene su propia propuesta y se adapta a él. Te diría que el espacio interviene a la obra. Y hay otras, donde yo lo genero; trato de funcionar de modo que ese entorno no afecte la composición”, dice. –¿Qué pasa con los límites? –Soy bastante amiga de esa palabra. Dado también como vivimos. En esta actividad la limitación marca lo que es posible y no… Eso inmediatamente me genera mucho imaginario. Y cuando llego a algo que no está pudiendo hacerse, nunca trabajo con lo que falta. Sí con lo que hay. Lo que hoy no es posible, mañana se concreta. En el área de entrenamiento funciono con bailarines y con cualquier tipo de persona. Ahí sí no encuentro limitaciones. El movimiento genera más movimiento, físico, mental, imaginativo, de pensamiento. Me interesa muchísimo compartir con las personas y no sólo hacia una producción o hacia la danza. Yo tengo una visión particular sobre lo que es danzar. No debemos olvidar todo lo que químicamente se libera cuando nos movemos, de la sensación de bienestar, de vitalidad que se genera.


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