“En Rumania no hay trabajo ni comida”
Testimonios
Desde el sábado, el modesto gimnasio Henry Wallon en París dejó de ser un centro de deportes para convertirse en alojamiento de más de una treintena de rumanos que permanecen hacinados a la espera de ser deportados. El humor de los refugiados no es el mejor, prefieren evitar a la prensa porque “hay demasiadas cámaras y nos filman como si fuéramos animales de un zoológico”, aseguró Angelo, uno de los pocos en hablar correcto francés. Las diferentes familias de la Transilvania rumana ocupan con sus catres la mitad de la cancha de básquet del gimnasio del suroeste parisino. Un rincón fue transformado en cocina con hornallas eléctricas, un microondas y una maquina de café, mientras las madres lavan en la zona de los vestuarios y los hombres se enfrentan en partidos de fútbol-tenis. A pesar de la persecución en Francia, los gitanos no quieren regresar a Rumania. “En Ruma-nia no hay trabajo ni comida. Aquí no nos tratan tan mal y es más fácil tener comida. Recuperamos fierros o cosas que la gente tira y los vendemos, no robamos”, aseguro Daniel, de 31 años. Gary Stefan, de 27 y quien vive en Francia desde hace mas de una década, confió que “el gobierno nos ofrece 300 euros a cada adulto y 100 euros por cada niño para repatriarnos, es irrisorio. Con eso no puedo mantener a mi familia. Por eso, ni bien junte un poco mas de dinero regresaremos”.