En su nueva novela, Cynthia Wila explora las complejas relaciones de una hija con su padre y su madre

La autora abandona la novela histórica para sumergirse en un profundo viaje existencial en primera persona de una mujer que decide reencontrarse con su padre moribundo. Entrevista con Río Negro.





María recibe una llamada inesperada: su anciano padre –con el que comparte una historia densa de amor, odio, secretos y silencios– está internado en un hospital de Miami.   

Tras veinte años de distancia autoimpuesta, María decide viajar para estar presente en lo que quizá sean los últimos días de ese hombre que tanto quiso y padeció, y también para acompañar a su madre, víctima silenciosa del carácter poderoso y terrible de su marido.   

¿Por qué María decide romper aquella distancia autoimpuesta que, lo sabremos después, era sólo física? ¿Por qué, tras veinte años, decide tomar ese avión que la lleve a Miami, y a ese hombre que supo ser, es, su padre? Porque, sabe María, que explorar su pasado será indispensable para despejar el camino de una vida en la que su felicidad sea posible. 

Con “Papá querido” (Emecé), así, con comillas, a escritora Cynthia Wila se desmarca de la novela histórica, género que abrazó para sus primeras tres novelas para adentrarse en este, su cuarto trabajo, en la vida de una mujer en tanto hija de un padre que tanto amó, pero que también padeció, y en la otra mujer, su madre, víctima silenciosa del carácter poderoso y terrible de su marido, el papá (ya no) querido (o sí) de María. 

Autora de “Pasiones en guerra” (2006), “El cuerpo prohibido” (2016) y “Eva y Juan” (2019), Wila, también abogada y psicoanalista, se entrevistó con Río Negro para hablar de su flamante novela, de por qué cambió de género y qué la motivó a trabajar, desde lo literario, sobre la relación entre una hija y su padre. 

“Venía escribiendo en otros géneros como la novela histórica y tenía ganas de cambiar un poco, escribir una novela en primera persona relacionada con asuntos existenciales con los que los lectores puedan identificarse a partir de los personajes y con cosas que nos pasan o podrían pasarnos en nuestras vidas”, explicó Wila. 

Acerca de la trama, reveló que “empezó a crearse en mi cabeza esta trama de la relación de una hija con sus padres, con su papá muy adorado y muy dolido porque fue un papá que dolió mucho en una parte de su vida, y, por supuesto, también la relación con la madre como para que se pudiera vislumbrar cómo se tejen las relaciones más primarias de amor y de dolor”. 

En cuanto a la elaboración de los personajes, quienes, aclaró Wila, son producto de su imaginación y que no hay cuestiones autobiográficas en ellos, “es una transformación que nos pasa a todos, impresiones que tenemos de nuestras padres y madres en la infancia no serán las mismas que en la adolescencia, momento en el que se produce una rebelión contra lo impuesto, sobre todo contra lo impuesto por nuestros padres. El adolescente se revela contra los mandatos, contra el orden establecido y está muy bien que así suceda. Se trata de poner en cuestionamiento y de interpelar lo previamente normado”. 

¿Y en la adultez? “En la adultez sucede que ni tanto ni tan poco, ¿no? Ni nos creamos el cuento completo de la idealización que nos mostraban nuestros papás, o que nosotros teníamos de ellos cuando éramos chicos, ni tampoco nos revelemos contra todo lo que ellos nos han dejado” . 

Es en ese sentido que Wila construyó los personajes de esta novela, “en el sentido más fiel a las emociones de nosotros como hijos y a las de nuestros padres que van delineado y perfilando de acuerdo al crecimiento con sus hijos”, destacó la autora a la vez que advirtió: “Los padres también crecen, para bien y para mal. A veces dejan impresiones muy amorosas y a veces muy traumáticas”. 

Escrita en primera persona, “Papá querido” tiene una voz, dice Wila, que se relaciona con las cuestiones no dichas, con el dolor del silencio y también con la posibilidad, o no, y este sería el interrogante, del perdón; del perdón con respecto a cuestiones más fuertes y más dolorosas que han pasado por una vida. 

“Papá querido” está escrito entre comillas en la tapa misma del libro, como si se tratara de una dedicatoria, pero también como si se tratará de un doble sentido. Y en ese sentido las comillas le otorgan una carga de filosa ironía a ese “papá querido”. “Fue una decisión para transmitir algo” asumió Wila. “Un papá querido y cuestionado a la vez, un papá querido y no querido que es la contradicción que atraviesa a la protagonista durante toda la novela. Es la ambivalencia efectiva más fuerte que siente con relación a su padre, un padre al que adoró y al que en un momento detestó; y al que hoy en día adora y a la vez detesta. En muchos momentos de la novela aparece la frase papá querido entre comillas con lo cual simboliza la contradicción en la cabeza de la protagonista. Por eso quise que también fuera así en la tapa”. 

Sobre por qué María, la protagonista de la novela, decide interrumpir la distancia impuesta por ella misma, Wila explicó: “Hay un vínculo que nos ata de por vida a nuestros padres, pero es una atadura más psíquica y emocional que física, como sucede con la protagonista, que decide no ver más a su papá. Sin embargo, la atadura psíquica y emocional sigue amarrándolas a las vivencias que ha tenido con él. Y siempre la llegada de la muerte irrumpe con una fuerza mucho más amoroso y mucho más destructiva a la vez». 

La novela histórica como género suele ser atrapante para el lector, pero también para los escritores: estos suelen quedar atrapados en ese tipo de género. Encasillados allí, como autores de género, de ese género. Algo de esto hubo en la decisión de Wila de salirse de allí. “Fue una situación a tener en cuenta porque las lectoras y lectores ya sabían que yo escribía novelas históricas y hubo un riesgo que me costó tomar porque la comodidad siempre es enemiga del deseo y yo tenía deseos de escribir una novela más existencial». 


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