Enredos

En el sapagismo dicen que las movidas de Pereyra costaron “meses de franela” para que Nación les aprobara las letras.



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HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

Semana difícil. Con tantos acontecimientos se hace ardua la búsqueda de un hilo conductor de lo verdaderamente importante. Hubo un paro nacional que tuvo en Neuquén bastante más impacto que en el resto del país a excepción de la capital federal. La Provincia logró colocar bonos por 100 millones de dólares a una tasa dizque razonable. Hubo un fuerte cortocircuito entre la Provincia y el municipio capitalino por los bonos que este último quiere emitir. El asunto dejó expuesto, a su vez, un fogonazo interno entre el presidente del bloque del MPN, José Russo, y algunos diputados que responderían al ministro Coco. Hubo un paro sorpresivo del gremio petrolero que tuvo consecuencias para la provincia y el país, económicas y políticas. Hubo muchas cosas más, pero nos detenemos en dos que tienen peso en sí mismas por sus consecuencias: la crisis del bloque del MPN y los nubarrones en la relación del gobierno provincial con Quiroga, y las andanzas del petrolero Guillermo Pereyra, que lleva a mal traer a dos de sus antiguos aliados, Jorge Sapag y Cristina Fernández. Después de la tormenta desatada entre el gobierno provincial y el municipal por la tragedia en el supermercado, no son pocos los que pensaron que el freno aplicado por un sector del bloque del MPN a la autorización para que Quiroga emita bonos por 200 millones de pesos, para obras y pago de deudas, era una devolución de gentilezas por las sobreactuadas y descomedidas acusaciones de este último contra el sapagismo en torno al tremendo episodio del derrumbe del supermercado. Pero no. Pudo saberse que el emepenismo no empuja, por lo menos hasta el momento, un juicio político contra el intendente. Y que, también por ahora, Quiroga cree que eso es así. Pero entonces, ¿a qué se debió que un grupo de legisladores le frenara esta semana al jefe comunal su pedido de autorización para endeudarse? ¿Y por qué el bloque oficialista apareció dividido al respecto? Dicho en otros términos: ¿Sapag busca desestabilizar a Quiroga? ¿El gobernador conduce con unidad de mando o en sus filas tiene irregulares patrullas perdidas? En el quiroguismo aseguran que había un compromiso previo, de Sapag y de “Pino” Russo, de que los bonos serían aprobados. Pero enseguida advierten que detrás de la mala pasada de que fueron objeto está el ministro de energía Guillermo Coco y la puja indisimulada entre éste y el municipio por la concesión del servicio de agua y saneamiento al EPAS. Desde la vereda sapagista las cosas se ven de otro modo: “Pechi quiere que le aprobemos un endeudamiento por 200 millones para obras de saneamiento pero en el presupuesto municipal el capítulo del rubro, que es reclamado por nuestros concejales, no existe”, rezongó un sapagista de paladar negro. Respecto de Russo, el de paladar con pedigrí dijo que “tiene todo el respaldo como titular del bloque, pero tendría que haber escuchado antes a todos. No obstante –aclaró– hubo un poco de teléfono descompuesto”. Y confió que “el problema es el EPAS”, que en medio de la puja entablada por este tema entre el municipio y el ente provincial, Quiroga actúa como un moscardón que irrita a la tropa propia. En ese tren de confesiones dijo que, horas antes del episodio de los bonos, el municipio le aplicó otra multa al EPAS y que “ésa fue la gota que colmó el vaso”. Quiroga –concluyó– está buscando mugre”. Con todo, la sangre no llegará al río. De uno y otro lado coinciden en que las obras reclamadas serían incluidas en el presupuesto comunal y el martes la ley de los bonos será aprobada. Lo de Pereyra, en cambio, tiene final abierto. Veamos. Algunos piensan –van quedando pocos– que el petrolero actúa por cuenta y orden del gobernador; que se la pone difícil al gobierno nacional para que Sapag negocie mejor. En el sapagismo, por el contrario, aseguran que las movidas de Pereyra les costaron “meses de franela” para que les aprobaran las letras del Tesoro. En realidad, el posicionamiento de “El Caballo” con Moyano fue toda una definición política que dejó desairados a Sapag y al gobierno nacional. En el sapagismo dicen que fue De Vido quien puso al petrolero en el directorio de YPF, pero en el kirchnerismo la patinada se la facturan a Sapag. Pero no es sólo eso, todo indica que Pereyra va por más. Sucede que el hombre, consciente de que su fortaleza es lo gremial, no está conforme con el acuerdo salarial de este año, que patea para el 2013 una porción de la mejoras, y el miércoles sacó otro conejo de la galera: paralizó de nuevo la producción para exigir una bonificación por zona del 85%, una verdadera fortuna que pone a parir a las petroleras y, entre ellas, a YPF, de la que “El Caballo” es… miembro del directorio… Esta virulencia (está anunciado un nuevo paro para la semana que viene) también impacta sobre la Provincia, en las regalías, en las perspectivas de nuevas inversiones y en los pozos, que con cada huelga pierden millones de dólares. No por nada el día del paro Sapag denunció que con jugadas como ésa la Provincia “pierde cinco millones de pesos por día” y pidió cordura: “No siempre se puede decir que sí”, advirtió. No es el único problema que el petrolero plantea a su antiguo aliado. “Si los muchachos me piden que sea candidato a senador, seré candidato”, aclaró hace poco. Y todos saben que los muchachos pueden pedir lo que sea. ¿Qué quiere Pereyra? O mejor dicho: ¿qué más quiere Pereyra? Por lo pronto, y esto aparece como un nuevo frente de tormenta para Sapag, si decide ser candidato a senador en el MPN habrá una interna con al menos tres aspirantes: el del sapagismo (que por ahora se desconoce), el de Sobisch (que es Sobisch, claro) y el del MPN ‘moyanista’. Será imperdible. Pero además puede que todo eso no alcance, mañana Pereyra puede querer ser candidato a gobernador, por el MPN o por el partido ‘moyanista’, ¿por qué no?


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