Escenas de la vida conyugal

Jesse y Celine vuelven para cerrar la trilogía más exitosa del cine romántico.

Redacción

Por Redacción

antes de la medianoche

Se conocieron en 1995, en un tren que se detuvo en Viena y que a Jesse y Celine les cambió el recorrido y la vida. “Antes del amanecer”, 18 años atrás, nos llevó por las calles de esa ciudad europea junto a esta pareja de esgrimistas verbales, capaces de enamorarnos sobre todo con diálogos inteligentes. Quedaron en encontrarse seis meses después, en el mismo lugar. Pero nosotros, los espectadores, tuvimos que esperar nueve años para enterarnos de que ellos (Ethan Hawke y Julie Delpi, por si alguien se atreve a no conocerlos) no se habían encontrado. Que ella no fue a la cita; que él se amargó y terminó casado con una norteamericana para embarcarse en un matrimonio frustrante y aburrido. Eso lo supimos en “Antes del atardecer”, en una larga caminata por un maravilloso París soleado, nueve años atrás. Él había ido a presentar su libro. Ella lo fue a ver. Y los diálogos, esta vez atravesados por los treinta y pico que tenían y las heridas por no haberse visto, nos llevaron hasta el departamento de ella, donde Celine le canta una canción de Nina Simone y todos suponemos que él pierde el avión y no regresa a su matrimonio. ¿Pero fue así? Hubo que esperar nueve años más para que el trío formado por Hawke, Delpi y el director Richard Linklater se atrevieran a mostrarnos el espejo más realista de esta historia de amor. ¿Sigue siendo romántico el amor cuando irrumpen el matrimonio y la familia? La maestría de esta saga que todos hemos sabido esperar pacientemente durante 18 años es que no hay engaños. El tiempo, ese tiempo del “antes” de cada título, es tiempo real. Los actores son los mismos y vemos en ellos las marcas del paso del tiempo. Han pasado reales 18 años para nosotros, para ellos y para los temas que abordan: los problemas, los diálogos y el amor han sufrido ese mismo paso del tiempo. La inocencia de Viena quedó atrás; la decepción ante el curso de la vida se esfumó en París. Aquí y ahora, en Grecia, de vacaciones, a estos dos amantes reales y humanos los golpea la cotidianidad y, en lo dicho, en esos diálogos que son la marca registrada de este filme habrá más acción que en una película de ese género. Porque las palabras, en esta tercera parte, serán dolorosas, punzantes, reales. Facturas viejas que se mueven como espadas en la lengua de estos dos personajes que hace 18 creyeron tener el mundo rendido ante el romanticismo. Ahora es el turno de enfrentar esas cosas que se guardan y que fermentan en el interior de estos amantes, sazonadas por el rencor. Es el tiempo del amor a los 40. Y para nosotros, los pacientes espectadores, es hora de ver si el amor –al menos según Delpi, Hawke y Linklater, que escriben el guión a seis manos– es capaz no sólo de curar las inevitables viejas heridas, sino y sobre todo de levantarse en medio del temporal para hacer que esa vida real y rutinaria sea sólo el telón de fondo y no lo esencial.


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